"Cazanazis": a 60 años de su operación más famosa

"Cazanazis": a 60 años de su operación más famosa

El 11 de mayo de 1960, un comando de inteligencia israelí capturó a Adolf Eichmann, uno de los asesinos más feroces de la Segunda Guerra Mundial. El caso todavía echa luz sobre asuntos del presente.

Facundo García

Facundo García

Los miembros del comando israelí fingieron que se les había roto el auto, y lo ubicaron cerca de la casa en la que vivía Adolf Eichmann. Por supuesto, nadie en la zona sospechaba quién era en realidad ese vecino ordenado y rutinario, que desde hacía una década vivía en Argentina y se había afincado como uno más entre los inmigrantes de San Fernando (Prov. de Buenos Aires).

Era la tarde del 11 de mayo de 1960. Los israelíes sabían que el tipo -que ahora se hacía llamar Ricardo Klement- llegaba todos los días a la misma hora, puntilloso como un reloj. Se bajaba del colectivo y caminaba hasta su casa con puntualidad cronométrica. Sabían, también, que detrás de esa cara de nada se escondía uno de los principales organizadores del holocausto nazi

El hombrecito que venía en ese colectivo había sido uno de los principales responsables de la "Solución Final", que terminó con la vida de millones de judíos y gitanos durante la Segunda Guerra Mundial. Había organizado con meticulosidad y eficiencia el traslado de comunidades enteras hacia los campos de exterminio.

Eichmann en su juventud.

Como siempre, Eichmann se bajó del micro y rumbeó para su casa, que quedaba en la calle Garibaldi. Pasó cerca del auto que parecía roto. 

—Señor, un momentito— le dijo uno de los hombres que estaba cerca del vehículo.

Eichmann se detuvo y en ese momento los agentes lo metieron de prepo en el auto. Ahí se inició otra etapa de la llamada "Operación Garibaldi", que consistió en trasladar a Eichmann desde la Argentina -adonde había llegado diez años antes- y llevarlo a Israel para que se lo juzgara por sus crímenes.

Finalmente pudieron sacarlo del país en secreto y por avión, previa utilización de drogas que dejaron al prisionero embotado. Cuando el gobierno argentino se enteró de lo ocurrido, se desató una tormenta diplomática entre la administración de Arturo Frondizi y la de David Ben Gurión.

El juicio

Los detalles del caso son muchos y han sido relatados en varios films, entre ellos Operación Final (Chris Weitz, 2018). Sin embargo tan fascinante como la trama inicial es el juicio posterior, que terminó con el acusado condenado a la horca.

"Yo solo hacía mi trabajo"

Durante el proceso, Eichmann no solo mantuvo la calma, sino que alegó que "él no había tenido capacidad de decisión" a la hora de planificar y ordenar el traslado de millones de personas a los campos de exterminio. El ex nazi argumentó que como empleado del Estado Alemán, no había tenido opción, ya que recibía órdenes y "solo hacía su trabajo".

La filósofa judía alemana Hannah Arendt quiso ser testigo del proceso: al notar que el acusado no se parecía en nada al villano total que construían los medios y las películas cuando abordaban el nazismo, escribió Eichmann en Jerusalén: un informe sobre la banalidad del mal. En la obra, la pensadora sostiene que lo atroz de Eichmann es que había concretado crímenes casi inexpresables con la sola excusa de que "no tenía opción" y "eran solo órdenes".

Hanna Arendt

El acusado murió en la horca en 1962. Y la advertencia de Arendt, en tanto, sigue resonando: ¿cuántas personas "comunes" cometen crímenes diariamente solo porque creen que "el sistema es así" y por tanto "no hay opción?

 

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