Innovación educativa

La escuela técnica donde los alumnos aprenden en espacios poco convencionales y realizan proyectos de primer nivel

La Escuela Técnica Roberto Rocca, de Campana, no se parece en nada a las escuelas a las que estamos acostumbrados. En ella no hay aulas ni pupitres, sino espacios diseñados y equipados con muebles y estructuras de todo tipo, donde los alumnos aprenden durante ocho horas diarias.

Ángeles Reig
Ángeles Reig sábado, 13 de mayo de 2023 · 11:02 hs
La escuela técnica donde los alumnos aprenden en espacios poco convencionales y realizan proyectos de primer nivel
Los espacios acompañan un proyecto educativo innovador Foto: Escuela Técnica Roberto Rocca

“La primera vez que vi la escuela, no lo podía creer”, es una frase que repiten los alumnos de la Escuela Técnica Roberto Rocca más de una vez a lo largo de la visita guiada por el establecimiento.

Ciertamente, es la sensación que la mayoría de sus visitantes tienen al momento de ingresar al enorme predio, con un edificio tan imponente como poco convencional. Es que esta secundaria técnica ubicada en Campana, fue fundada por Tenaris, una empresa del Grupo Techint y no se parece en nada a las escuelas a las que estamos acostumbrados. En ella no hay aulas ni pupitres, sino espacios diseñados y equipados con muebles y estructuras de todo tipo, donde los alumnos aprenden durante ocho horas diarias.

“En la Escuela Técnica Roberto Rocca, buscamos crear una comunidad educativa dinámica en constante aprendizaje, en la que cada estudiante descubra su potencial y desarrolle habilidades y capacidades que le permitan llevar adelante su proyecto personal de vida”, comenta a MDZ Mariana Albarracín, la vicedirectora.

Lo cierto es que sus palabras cobran vida a medida que uno recorre el lugar guiado por los propios alumnos. Adolescentes que cuentan entusiasmados los proyectos en los que están trabajando, que van desde una app para reservar los espacios de la escuela o un sistema para calcular el ángulo exacto de los movimientos de los nadadores profesionales, hasta un cohete.

Foto: Escuela Técnica Roberto Rocca

Pero las cosas no siempre fueron así. En sus orígenes, la escuela tenía el formato habitual, de pasillos y aulas cerradas, hasta que esta distribución de los ambientes comenzó a ser un obstáculo para el proyecto pedagógico. Los alumnos de séptimo año vivieron la transformación que comenzó en 2018. “Al principio no nos gustó nada, llegamos a hacer protestas en la puerta de dirección”, cuentan, “pero ahora no volveríamos ni locos al modelo anterior.”

Clases en espacios abiertos con gradas y boxes como en un bar, mesas con formas poco convencionales y más de un pizarrón, son algunas de las escenas que pueden verse durante las horas de trabajo. A ellas se suman grupitos de alumnos dispersos en la gran variedad de espacios que la escuela ofrece y que se adaptan a las distintas necesidades: casitas insonorizadas, salas de reuniones, espacios con sillones, mesadas metálicas que pueden escribirse, espacios al aire libre, son algunas de las opciones que tienen los alumnos para desarrollar sus tareas durante los tiempos de trabajo autónomo, en los que avanzan sobre sus propios proyectos sin que haya ningún docente a cargo de ellos.

Foto: Escuela Técnica Roberto Rocca

Pero también nos encontramos con grandes grupos, de unos 70 alumnos, trabajando en un enorme espacio con paredes rebatibles y con cuatro profesores de distintas materias a la vez: es el momento de las VIAS (visión integral de aprendizajes), que representan un enorme cambio de paradigma para los profesores, que ahora deben planificar en conjunto, saliendo de la zona de confort de estar encerrados solos en el aula con sus alumnos. Para algunos docentes este modelo supone un gran desafío que la escuela acompaña con respaldo y capacitaciones. En cambio, otros lo eligen porque lo ven como un modelo superador.

De acuerdo con el director, Ludovico Grillo, el modelo de la Escuela Técnica Roberto Rocca, “rompe la concepción de que todos los alumnos aprenden lo mismo y que lo aprenden al mismo tiempo. Nosotros aceptamos que en cada materia se elijan los conceptos prioritarios, que son muchos menos de los que se piensan originariamente, y que el profesor debe enseñarlos, ya sea de manera teórica o buscando formas prácticas. Después, a partir de los proyectos que surgen en la escuela, los alumnos empiezan a aprender cosas. Los proyectos obviamente apuntan a ciertos contenidos, pero a veces van por otro camino. Así los alumnos se llevan una cantidad de conocimientos enorme pero que los van aprendiendo en distintos momentos, cuando sus proyectos los tocan. El saldo final es muchos más aprendizajes profundos que en la escuela clásica, aunque sí es verdad que no sabemos en qué fecha aprendieron cada uno de sus contenidos”.

Tomás, por ejemplo, estaba en cuarto año cuando decidió fabricar su propio cohete, pero para hacerlo, necesitaba aprender temas de análisis matemático, termodinámica y materiales que desconocía.  Por eso aprovechó las horas de trabajo autónomo para participar de las clases de termodinámica que corresponden a quinto año. El proyecto ya pasó las primeras pruebas en espacios controlados, pero ahora trabaja en mejorar el diseño.

En el centro de la propuesta está la autonomía de los alumnos que se fundamenta en tres elementos: el trabajo colaborativo, el pensamiento crítico y la responsabilidad. En este contexto, el aprendizaje basado en proyectos es el modelo para adquirir conocimientos y tiene una doble direccionalidad, por un lado, las propuestas que traen los profesores y por el otro los proyectos que acercan los propios alumnos y que deben cumplir con dos requisitos: buscar soluciones a problemas reales de la vida cotidiana y ser sometidos a la crítica de los propios pares.

Foto: Escuela Técnica Roberto Rocca

Todos los años más de 400 alumnos de sexto grado de las escuelas de la zona, se inscriben en el Programa de Integración que dura 3 meses y ofrece un fortalecimiento en Matemática y Prácticas del Lenguaje. Sólo 72 podrán acceder a las vacantes a primer año. El proceso de selección no tiene que ver con las altas calificaciones sino con los perfiles de los estudiantes, evaluando el potencial, el interés por la educación técnica y el compromiso con el estudio.

Es una política de la escuela que entre el 30 y el 40% de los alumnos provenga de sectores socioeconómicos más desfavorecidos. Además, la totalidad de los estudiantes cuenta con un porcentaje de beca que oscila entre el 50 y el 100%, otorgada en base a la situación de cada familia.

La última remodelación del edificio, se llevó a cabo en 2022 y fue supervisada por el Estudio Rosan Bosch, de Países Bajos, que cuenta con una extensa trayectoria en proyectos arquitectónicos disruptivos en el ámbito educativo.

Sin embargo, para el equipo directivo, la verdadera innovación no está en la cuestión edilicia, aunque reconocen que es un buen complemento. “La innovación educativa”, explica Grillo, “es en realidad una vuelta a las raíces, donde el alumno disfruta aprender, donde la curiosidad y las ganas de saber son el motor por el cual los alumnos aprenden y el docente lo que hace es alimentar esa curiosidad, dar motivación. Todo eso genera un buen espíritu en la escuela, porque cuando alguien aprende, está contento y cuando todos están aprendiendo, se genera un ambiente muy positivo y sobre ese ambiente se sigue construyendo.”

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