Mercado del arte: el valor de la escultura

Mercado del arte: el valor de la escultura

Créase o no: originales que son múltiples y valen millones.

Carlos María Pinasco

Carlos María Pinasco

La nota referida al récord de “El Pensador” de August Rodin trajo una serie de consultas referidas a la originalidad de esculturas de las que existen numerosas copias, y el valor de las mismas.

“El Pensador” de August Rodin.

A diferencia de las tallas directas (en mármol u otros materiales) en el caso del bronce, el creador modela un material maleable (arcilla por ejemplo) para lograr una obra que luego, a fin de que perdure en el tiempo, se lleva al bronce. Este proceso es artesanal y complejo, con distintas variantes de la que la “fundición a la cera perdida” es la más perfecta. Este proceso es muy oneroso pero como contrapartida tiene la ventaja de permitir obtener más de un “original” de la obra. Convencionalmente hoy se acepta como originales todos los ejemplares (casts) elaborados a partir de un mismo molde dentro de una tirada de hasta doce.

No siempre fue así: Alexis Rudier, el fundidor de Rodin, hizo en vida de éste 17 copias de “El Pensador” en el tamaño original. Más tarde su hijo (Eugène Rudier) quien hereda la fundición y los derechos de reproducción que Rodin le había cedido al padre, hace 17 bronces más de la misma escultura. En 1954 el Museo Rodin se convierte en derecho-habiente de las obras del maestro y ordena fundir seis Pensadores más, completando los cuarenta que convencionalmente se consideran originales.

En 1982, a los 75 años de la muerte del artista su obra pasó a ser de “dominio público”. Esto significa que desaparece el impedimento legal a que se hagan copias, (que ya se hacían clandestinamente) y proliferan Pensadores en bronce, yeso o resina, de todos los tamaños. Obviamente valen muy poco.

De la cuarentena de originales a que nos referíamos antes, la mayoría se exhiben en museos de prestigio, y solo una decena de estos bronces siguen en manos privadas, lo que explica el entusiasmo del mercado secundario cada vez que uno de ellos sale a subasta. Entre 2010 y 2022, se remataron cinco ejemplares de El Pensador. En 2013 Sotheby's martilla uno en Nueva York en algo más de 15 millones de dólares. Es de la serie de los 17 fundidos en vida del artista. El que vendió recientemente Christie's en París, que comentamos la semana pasada, en alrededor de 11 millones (el segundo plus-valor para la obra) es de la segunda tirada, esto es un casting póstumo, lo que justificaría que se pagara algo menos que el anterior.

Ya contamos que Rodin había “agrandado” su obra de los 71 centímetros originales al metro noventa, a pedido de la Comuna de París, para ser emplazado en la explanada del Panteón. Hizo luego dos casts más, una de ellas para la ciudad de Buenos Aires. De la versión grande no hay registro que se hubiesen hecho más ejemplares y nunca ninguno salió a la venta. O sea: nuestro Pensador vale mucho más no solo por ser mucho más grande sino por que es un “original” de sólo tres.

Otra obra cumbre de la escultura occidental: “La pequeña bailarina de 14 años” de Edgard Degas (1834-1917) tiene también una historia inflacionaria. Modelada en cera en 1881 el artista la presentó, sin demasiado éxito, en la VI exposición de los impresionistas. Tanto el tutú como el moño de la niña eran de algodón. Solo después de muerto el artista, sus herederos encomiendan a otro fundidor famoso de la época (Hébrard) llevar al bronce la obra en una tirada de (se estima) 27 ejemplares. En los últimos 20 años, salieron a remate ocho de ellos. El récord se fijó en mayo pasado en algo más de 40 millones. Otro ejemplar se había vendido en 22 millones en Londres en 2015.

“La Pequeña bailarina de 14 años” de Edgard Degas

Para ir a un caso más cercano, enfoquemos el escultor más valorizado del arte universal. Alberto Giacometti (1901-1966) es claramente el escultor más caro del mercado de subastas con tres obras que obtuvieron resultados de más de 100 millones de dólares. El récord fue en 2015 cuando su "L'Homme au doigt" (1947) cambió de mano por algo más de 126 millones de dólares marcando también el valor más alto de la historia para una escultura. Este esbelto bronce de dos metros de altura existe en seis copias fundidas todas por Rudier. Una de ellas se encuentra en la Tate Gallery de Londres y otra en el MoMA de Nueva York. El récord lleva el número 6/6.

“El hombre del dedo” de Alberto Giacometti

Para concluir diremos entonces que, más allá de consideraciones semánticas, en el caso de esculturas en bronce, el mercado acepta como originales los casts que reúnan ciertas características:

  • En primer lugar deben ser legítimos, esto es fundidos por el propio artista o quien detente los derechos de autor (por herencia o cesión).
  • Deben ser limitados en el número: Vimos que esta convención se ha modificado a lo largo del tiempo, pero está claro, que a más larga una tirada, menor es el valor de cada ejemplar. Pese a que, paradójicamente la multiplicación de una obra facilita su difusión y el renombre del artista. Tradicionalmente las distintas fundiciones estampaban su sello identificando el taller de procedencia. Desde que en el SXIX empezó la tendencia a acotar las tiradas, también se inició la costumbre de numerar cada pieza y consignar el largo de la misma.
  • Finalmente, la calidad de la fundición, la pátina, y el estado de conservación pesan a la hora de bajar el martillo, como también lo hace el pedigree y antecedentes del cast que sube a la tarima.

*Carlos María Pinasco es consultor de arte.

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