Pensamos que íbamos a llevarles algo y nos trajimos todo

Pensamos que íbamos a llevarles algo y nos trajimos todo

Cuentan que si querés poner de buen humor a Dios, debés contarle tus planes. Con esa postura, el periodista Diego Muñiz, comparte su experiencia de un viaje solidario con amigos.

Diego J. Muñiz

Los caminos de Dios son misteriosos. También paradójicos. Hay distancias que nos acercan, necesidades que nos confortan y desprendimientos que nos enriquecen. Ayudar sirve y todo lo que uno da, vuelve multiplicado. Siempre pensé que misioneros era para chicos, que ya estaba grande para eso, que los amigos eran los de toda la vida y que predicar la palabra de Dios era para los curas.

¿Cuánto tiempo se precisa para saber cada vez menos? se preguntaba José Larralde en el tema Estatua de Carne y si Ernesto Sábato se declaró ignorante no me pesa decir que viví equivocado. Pero no es eso lo que importa sino lo que vivimos en la Misión La Concordia. Un grupo de amigos cuarentones y cincuentones formado en distintos retiros espirituales que empezó hace cinco años a colaborar en un comedor de Cáritas para gente en situación de calle y que después se sintió llamado a hacer algo más.

Gentileza Diego Muñiz

Entonces Concordia surgió de las páginas de los diarios con el triste privilegió de encabezar el ranking de las ciudades con más pobreza del país y allí fuimos, acompañados de la misma orden de hermanas josefinas que atiende el comedor Madre Camila. 

El coronavirus retrasó nuestros planes pero no impidió que, dos veces, en noviembre de 2021 y mayo de 2022, La misión se hiciera realidad y una veintena de amigos fuera desde Buenos Aires se uniera a una docena de otros misioneros que nos esperaba en Entre Ríos. No podemos callar lo que hemos visto y oído.

Las necesidades son enormes, el hambre golpea, el narcotráfico acecha y la inseguridad se enseñorea en las villas junto a la violencia familiar. Sin embargo, allí descubrimos que lo que la gente necesita no es ropa, ni comida, ni dinero. Nuestros hermanos de Concordia, y seguramente los más pobres de todo el país, lo que más necesitan es que los escuchen, que los tengan en cuenta, que los incluyan, que les lleven la palabra de Dios, pero con amor, con compasión; sin mandatos ni dedo acusador.

Gentileza Diego Muñiz

Vivimos rodeados de chicos hambrientos de afecto y de atención, pero al mismo tiempo llenos de un cariño inmenso que nos entregaron a cada paso. Descubrimos a Cristo en el otro y conocimos gente extraordinaria, curas gigantescos, almas generosas,    gente que no tiene nada y da todo.

Que hace que los chicos tengan un plato de comida en los barrios más humildes, que jueguen al fútbol, vayan a la escuela y se alejen de la droga. Gente que a pesar de sus penurias regala una sonrisa, que es cercana, que es amable, que es agradable a los ojos de Dios, que da gusto conocer. Que es como deberíamos ser.

* Diego J. Muñiz es periodista y director de Asuntos Institucionales de la UCA

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