"Tenemos que lograr que los alumnos piquen el anzuelo educativo"

"Tenemos que lograr que los alumnos piquen el anzuelo educativo"

Desde la filosofía, pero con los pies en la tierra, José Antonio Marina cuestiona la educación. Lanza su primera piedra contra la idea de que ya no es necesario aprender porque todo está en Internet.

Agustín Porres

Agustín Porres

Es un filósofo práctico. De esos que bajan a la tierra las preguntas que a veces muchos de los de su especie preferimos mantener la abstracción. Por suerte para la educación, el español José Antonio Marina se ha metido con ella, y dispara contra la idea de “para qué lo voy a aprender si lo puedo encontrar en Internet” y destaca la importancia de formar a los estudiantes en carácter y virtudes.

-¿Tiene sentido formar ciudadanos que dominen la técnica pero que no hayan desarrollado la justicia y la honestidad?

-La educación tiene tres objetivos: el primero es desarrollar todas las capacidades de nuestros alumnos y alumnas o de los profesionales. En segundo lugar, tiene que formar buenos ciudadanos. Y, en tercer término, debe preparar para el mundo del trabajo. Si falta alguna de esas pautas, la educación queda coja. De manera que tener buenos profesionales que sean malas personas es un peligro social. 

-¿Se puede establecer una relación entre las virtudes o el rendimiento académico de los estudiantes?

-En muchas regiones hemos despilfarrado una tradición maravillosa que viene de los griegos, que es precisamente el campo de las virtudes, y nos hemos centrado en el campo de los valores, que es muy abstracto. Cuando educamos en valores, estamos educando en conceptos. Una persona puede ser un profundísimo conocedor de los valores y ser una mala persona. Respondiendo a tu pregunta, sí, las virtudes son absolutamente fundamentales también para el rendimiento académico. Cuando un alumno aprende a ser responsable toma las riendas de su propia vida y es mejor estudiante.  Al final, el rendimiento de ese alumno, cuando está preocupado por lo que le rodea, preocupado por su comportamiento cívico, por valores morales, va a ser mejor estudiante también. 

-¿Cuáles son los aspectos innegociables que deberían aprender los estudiantes en la escuela de hoy?

-Lo que tenemos que explicar a nuestros alumnos es que ellos nacen con su inteligencia pero, si quieren tener talento, tienen que desarrollarla. Y la función de la escuela es desarrollar el talento de nuestros alumnos. Entran con su inteligencia y salen con su talento si sabemos hacerlo bien. Y eso es una preparación fantástica para la vida.

Cuando educamos en valores, estamos educando en conceptos. Una persona puede ser un profundísimo conocedor de los valores y ser una mala persona

-Todos estamos de acuerdo que la honestidad es importante. ¿Por qué entonces, desde la investigación y en el campo educativo en general, no le asignamos un espacio a la formación del carácter?

-Uno de mis maestros, Robert Steinberg, se preguntaba: ¿Por qué si somos tan inteligentes, hacemos tantas estupideces? Efectivamente, si no nos ocupamos de la formación del carácter, estamos haciendo una gigantesca estupidez. La formación del carácter es la formación de los hábitos. Esa es la definición que daba Aristóteles del carácter: es la personalidad aprendida. Nosotros nacemos con una personalidad heredada que es la que diseñan nuestros genes sobre esos genes que son muy flexibles y vamos construyendo la personalidad aprendida, que es el conjunto de hábitos que somos capaces de adquirir. Ese es el carácter. Y son hábitos intelectuales, morales, creativos, de convivencia. La pregunta que debemos hacernos los docentes la siguiente. ¿A qué tipo de persona confiaría yo mi futuro? Esa es la persona que tenemos que educar. ¿Confiaría mi futuro a una persona deshonesta, a una persona violenta, a una persona mentirosa, a una persona vaga, a una persona injusta?  Necesitamos que esas personas sean de fiar. Y para ser de fiar deben tener una estructura ética y moral fuerte.

-¿Cómo podemos formar en honestidad a nuestros alumnos?

-Tenemos muchos caminos. Creo que muchas veces, cuando hablamos de honestidad o de moral, es como una especie de adorno suave. Pienso que hay que hablar dramáticamente porque nosotros tenemos dos formas de vida: o vivimos en la ley de la selva y entonces el pez grande se come al chico, o intentamos vivir en un orden ético en el que se nos respete a todos nuestra dignidad y nuestros derechos. Hay que elegir, o en uno o en otro no podemos estar saltando de una orilla a otra del río. 

-¿Cuáles son para vos las ventajas y o los riesgos y las ventajas que tiene la tecnología en la educación de hoy?

-Cuando apareció el libro se discutía si era bueno leerlos o si era una tecnología peligrosa porque si tú confías que la información está en un libro, no vas a intentar aprenderla de memoria. Ahora a nadie se le ocurre pensar que el libro es un peligro. ¿Por qué razón? Porque hemos aprendido a manejarlo. Pero lo que tenemos que hacer, y no estamos haciendo, es aprender a manejar bien las enormes posibilidades que las nuevas tecnologías nos ofrecen. En España y en otros sitios he escuchado esto: ¿para qué voy a aprender algo si lo puedo encontrar en un banco de datos? Eso es un disparate porque necesitamos comprender las cosas, incluso lo que aparece en una pantalla de ordenador. Esa es la llave. Y si no lo desarrollamos, tendremos toda la información pero no comprenderemos nada. Y eso sí es importante porque lo que estamos ahora dilucidando no es quién va a manejar la información sino quién va a tomar las decisiones con esa información. Y los seres humanos tomamos decisiones no sólo con información, sino también apelando a valores afectivos, morales y jurídicos. 

La pregunta que debemos hacernos los docentes la siguiente. ¿A qué tipo de persona confiaría yo mi futuro? Esa es la persona que tenemos que educar.

-Pensando en la escuela de hoy. ¿Cómo hacemos que la escuela tenga sentido, para que la escuela atraiga a los estudiantes y no los expulse?

-Cuando un niño entra a la escuela quiere aprender, pero sale deseando aprobar. Ahí es donde expulsamos a los niños: cuando los hacemos perder su capacidad de aprender. Y eso tenemos que hacerlo de dos maneras. En primer lugar, sabiendo graduar lo que tienen que aprender de manera que estén enlazando con sus intereses. En segundo lugar, explicárselo de manera que se den cuenta de que están aprendiendo. Los profesores tenemos muchos medios y procedimientos para mantener a los niños dentro de la pasión del aprendizaje. En los hechos, nosotros los profesores sólo enseñamos algo cuando alguien está aprendiendo. Si no estamos haciendo otra cosa: estamos explicando, presentando, exponiendo, pero no estamos enseñando nuestra profesión. Nosotros tenemos que ser realmente expertos en que aprendan y eso tiene muchos trucos. Tenemos que lograr que los alumnos piquen el anzuelo educativo. Que sigan queriendo aprender.

-¿Por qué es tan difícil generar cambios en el sistema educativo, porque esos cambios llegan a la escuela?

-Nuestras sociedades no son conscientes de que lo que llamamos el “efecto escuela”, es decir aquel porcentaje que vincula a la escuela con el éxito o el fracaso educativo, no llega al 40%.  El otro 60% de influencia viene por otros caminos. El más potente es la procedencia socioeconómica de los alumnos. Por lo tanto, un buen sistema educativo tiene que actuar también en el entorno y en las familias. Yo creo que en todos los países deberíamos tener una especie de gran consenso educativo sobre ciertas cosas, sobre el presupuesto que se va a dedicar a educación una nación desarrollada, que no puede tener una escuela suficiente buena si dedica educación menos del 5% de su PBI y no forma bien a sus profesores. La formación de los profesores es muy compleja, es cara y no se está cuidando. En tercer lugar, hay que formar a los equipos directivos de los centros. Un equipo directivo es capaz de mejorar o de destrozar un centro educativo en muy poco tiempo por lo que su formación es absolutamente definitiva. Sabemos lo que pasa: hace falta una enorme energía política y social para conseguirlo y debemos pensar que se lo debemos a nuestros chicos, sino vamos a condenarlos a la marginación.

-¿Qué es lo más innovador que viste en educación?

-Es posible que sean dos cosas: uno que empezásemos a darnos cuenta de la importancia que tenía cuidar la efectividad dentro de la escuela y otra es la posibilidad de poder introducir la educación por proyectos dentro de la escuela.

-¿Quién fue para vos tu mejor docente?

-Creo que fue el director del colegio donde yo hice la secundaria porque logró organizar un colegio muy especial. Se regía con una gran disciplina y a la vez, celebraba cualquier acto de creatividad. La tarea de cualquier gran profesor es ayudar a crecer al alumno, a que él se dé cuenta de las posibilidades que tiene. Muchas veces lo que hacemos en la escuela, es que se den cuenta de las imposibilidades que tiene.  Es decir, los niños los niños tienen que salir de la escuela sabiendo de lo que son capaces. Y para lograr eso el gran maestro tiene que ser capaz de despertar en el alumno su deseo, tiene que tiene que lograr que el estudiante muerda el anzuelo educativo.

-¿Qué lugar le tenemos que dar qué lugar ocupa la creatividad y la innovación en la educación?

-Creatividad no es darle un papel al estudiante y que haga un monigote. No, la creatividad es buscar buenas y eficientes soluciones a los problemas de la vida. Pegada a esa idea, la palabra innovar ha quedado absolutamente vacía de contenido. Mucha gente habla de innovar, pero no sería sensato, por ejemplo, innovar en la tabla de multiplicar. No se trata de innovar por que sí, se trata de buscar mejores soluciones. Es la búsqueda de lo mejor no de lo nuevo.

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