Cristina Fernández de Kirchner pierde poder y avanza la rebelión de los movimientos sociales

Cristina Fernández de Kirchner pierde poder y avanza la rebelión de los movimientos sociales

Con una figura presidencial que se desdibuja día a día y la aparente -o evidente- pérdida de poder de la vicepresidenta, los movimientos sociales enfrentan una encrucijada terrible para su propio debate interno: cuidar la gobernabilidad sin dejar de protestar.

Pedro Paulin

Pedro Paulin

En términos metafísicos, el balance es el objetivo de un punto entre dos fuerzas opuestas para lograr centralidad sin desequilibrio. Menudo objetivo tienen los movimientos sociales para este 2022. Apelan a sumar adhesiones y cortar más calles y marcar más agenda pero sin que el Gobierno colapse antes de diciembre. El mes de diciembre tiene su triste connotación histórica en la multicausal caída de Fernando De la Rúa, pero ahora tanto la CGT como los movimientos sociales en su mayoría coinciden en que podría ser el tiro de gracia para un desgobierno que buscó en su peor enemigo reciente, Sergio Massa, la posibilidad de evitar el adelantamiento de las elecciones presidenciales. 

El despoder de Cristina Fernández de Kirchner es total. Su ministro de Justicia, Martín Soria, no sólo sale a chicanear por redes sociales, sino que juzga y editorializa como militante dando por terminada su función de empleado público. Cristina no tiene la injerencia que pensó que tenía en la justicia ni en la economía, el mundo obrero no le responde como quisiera, el sistema de medios no es lo que era en años de populismo con dinero y la persona que contrató para que se encargue de sus conflictos legales, es ahora un jefe de Estado sin poder ni ganas de ejercerlo.

Alberto Fernández ya dijo que se iba si la presión sobre su persona aumentaba y sus ojeras y furcios incontables denotan un agotamiento más cercano al descanso que a la resurrección. Cristina sabe que perdió la calle y que el peronismo, eso que nunca logró querer pero que le dio poder y la mantuvo diez años sin condenas firmes, no la quiere como candidata el año que viene ni eligiendo sucesores. Las sucesivas desastrosas elecciones la dejaron fuera de carrera antes de calzarse. Sí podrá lograr cuatro años más de fueros para su hijo, pero no podrá bosquejar la próxima boleta presidencial ni por asomo.

Así entonces, el desastre económico -que sólo niega el cada día más pequeño y dogmático kirchnerismo- hipertrofió el poder de un sistema de bases en los movimientos sociales que lograron darle cobijo a millones de personas que dejaron de trabajar, perdieron las llamadas changas y encontraron la posibilidad en los comedores de paliar el hambre.

El Polo Obrero, el MST, el MRT, son distintas expresiones callejeras históricas que han logrado hacerse de un lugar, una centralidad hasta ahora desconocida. Saben que tienen su espada de Damocles y que no se puede tirar más de la soga porque la democracia nacional, frágil y en caída libre, no soportaría saqueos, enfrentamientos, represión y muertos como en otros momentos. Juegan al equilibrio sabiendo que pueden posicionarse y ser los culpables de todo con igual chance. Los vasos comunicantes con el Gobierno no existen, esta semana quisieron conversar con Sergio Massa, no lo lograron y se fueron del ministerio tras un exitoso acampe de más de 20 horas en Plaza de Mayo. No será el último del mes. 

El Movimiento Evita de Fernando "Chino" Navarro, devenido en la versión morena y sin gracia de Marcel Marceau, no opina, casi no emite sonido si de crisis económica se habla. Se refugia en su inexistente rol de secretario de estado y sigue sin explicar el traspaso de más de dos mil millones de pesos a su ámbito de trabajo. MDZ lo contactó reiteradas veces y no contestó, raro en un dirigente que invita a variopintos periodistas a almorzar en exclusivos lugares sin permitir que nadie que no sea él pague la cuenta.

Como todos los actores kirchneristas, interpreta Navarro el duro papel de desoír los reclamos sociales, sentir que la injusticia no es tan injusta y pedir clemencia internamente a sabiendas de que su falta de representación de los militantes de su espacio la pagará en oro las próximas elecciones, cuando las bases, los de abajo, los que no ven sus ingresos llegar a mitad de mes, escuchen al kirchnerismo, una vez más, que apuesten por ellos para vivir mejor.

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