Nos gobierna el caos: el acampe de Plaza de Mayo en primera persona

Nos gobierna el caos: el acampe de Plaza de Mayo en primera persona

Miles de personas durmieron en Plaza de Mayo. No es el primer acampe del año pero sí el primero en el que los manifestantes eligen dormir delante de la Casa Rosada, exponiendo sus necesidades ante el Gobierno y sin perjudicar -tanto- a los ciudadanos que circulan por la 9 de Julio.

Pedro Paulin

Pedro Paulin

"La gente se está muriendo de hambre, no da para más”, me dice Gabriela, cansada de haber pasado la noche en Plaza de Mayo. Hace un día que está en la plaza. Es docente, estudió artes, vivió con su mamá y dos hermanas en el pobre y gigante San Justo matancero y ahora da clases y milita en el Polo Obrero hace diez años. Para poder estudiar tenía que trabajar mucho y tomar el tren sin pagar boleto, no alcanzaba para todo. Anoche se comió un guiso de arroz en la Plaza y esperó estoica que alguna solución de las muchas que esperan, llegue.

Los movimientos sociales esperan dejar de ser la contención social para evitar que todo “vuele por los aires”, como le dijo a MDZ Eduardo Belliboni, referente del Polo Obrero. Los más de quince mil que acamparon o pasaron por Plaza de Mayo saben que los meses que vienen van a ser peores y pretenden evitar que los salarios bajos o los planes caigan por debajo de la inflación, el peor enemigo de los que menos tienen. 

El humo de las fogatas decoran la imagen matinal, MDZ recorre el acampe y los aromas del café se mezclan con el olor de la madera quemada. La mugre que empieza a ser barrida por mujeres con pecheras políticas se replica. Algún tenaz intenta pasar por diagonal norte de cara a la Plaza mientras los controladores del tránsito lo desvían, todos tocan bocina, la ciudad sigue caótica y no son las 10. Hace un día que el caos gobierna.

“No fue una mala noche, pensé que no iba a poder dormir por el frío”, dice Cristian con la piel ajada, los ojos recién despiertos y una cicatriz en el cachete por un juego entre hermanos que terminó mal cuando era chico. “Varela siempre fue pobre, mi abuelo era pobre, no cambia más la historia”, reconoce sobre el presente y futuro de Florencio Varela, municipio rural empobrecido hasta los niveles africanos de pobreza y desnutrición, gobernada por el peronismo desde el 30 de diciembre de 1989 hasta hoy.

Trabajó en la construcción hasta la pandemia, ahora hace changas, vende empanadas con su mujer, cobra un plan y colabora con un comedor en su barrio que le permite asegurarse la comida suya y de sus cinco hijos. 

La plaza comenzó a liberarse a media mañana. Los mismos manifestantes barrían los espacios que habían ocupado. 

“La masividad de la movilización fue una respuesta contundente a la campaña reaccionaria contra las organizaciones sociales de Sergio Massa, Cristina Fernández de Kirchner, Horacio Rodríguez Larreta y todos los políticos del sistema”, dijo a este medio Gabriel Solano, legislador del PO-Frente de Izquierda que no percibe su sueldo como legislador entero y sigue participando de las protestas. Y agregó: “Este acampe también mostró un camino de cómo enfrentar el ajuste cuando la CGT prepara una marcha de apoyo al gobierno”, sostuvo en sintonía con Eduardo Belliboni.

Lo cierto es que tanto Belliboni como los militantes saben que el cuatrimestre final del año va a ser muy duro, que las soluciones que ofrezca el gobierno serán insuficientes y que serán ellos entonces el tabique sostenedor de la paz social. “Nos recibió un tipo que nos dijo que Massa está muy preocupado... Lo bien que hace en estar preocupado, porque esto se va a poner feo”, dijo el líder del PO a este medio. La CGT marchará -“A favor del Gobierno. Algo nunca visto”, como definió Belliboni- la semana que viene, el 17, y también lo harán los movimientos sociales en Plaza de Mayo.

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