“Don Gareca”, de quedar sin trabajo a convertirse en una leyenda cosiendo pelotas de fútbol

“Don Gareca”, de quedar sin trabajo a convertirse en una leyenda cosiendo pelotas de fútbol

Hace 30 años cerró la fábrica de mocasines en la cual trabajaba. Pero nada detuvo a Armando Feliciano Roble, aprovechó todo lo aprendido para encarar un nuevo oficio que lo llevaría a ser reconocido por todos los mendocinos.

Maximiliano Ríos y Felicitas Oyhenart

Armando Feliciano Robles es de esos mendocinos que se han convertido en leyenda. ¿Quién no conoce al hombre todos los días, haga frío o calor, llueva o caiga granizo, se encuentra en las intersecciones de calle San Martín y Paso, de Luján, arreglando pelotas de fútbol?

“Don Gareca”, como lo conocen sus amigos, ya es parte del paisaje de Carrodilla. Él desde hace casi 30 años pintó en una chapa un cartel anunciando que arreglaba pelotas y se instaló en la vieja y emblemática estación YPF.

Conocerlo a Armando en persona, observarlo cómo trabaja con sus agujas hace que se detenga el tiempo, que uno se olvide de la vorágine del mundo en el que vivimos, donde reina la cultura del descarte.

Tiempos en los cuales todo lleva a “consumir y tirar” y a querer comprar todo ya, aunque probablemente sea innecesario adquirir algo nuevo. Para Armando no existe la frase “se rompe, se tira”, él se dedica con profundo esmero a cada reparación. Cada pelota que llega a sus manos debe quedar lista para seguir rodando en una cancha de fútbol o en algún campito de barrio.

Hace 30 Don Gareca se instaló en la vieja estación YPF. Foto: Maximiliano Rios/MDZ

Es un hombre comprometido, responsable y un verdadero artesano. Sus manos curtidas de años de labor y horas a la intemperie lo delatan.

Pero “Don Gareca” no siempre se dedicó a coser pelotas. Antes dedicó bastante tiempo a una fábrica de zapatos que cerró sus puertas, y lo llevó a quedarse sin trabajo, pero nada lo detuvo. “Cuando cerró la fábrica donde trabajaba, allí me encargaba de hacer mocasines, aproveché a reparar pelotas. Esto que hago es el mismo trabajo que hacía con el zapato mocasín, en el cual se usan dos agujas”, comparte Armando a MDZ.

Don Gareca es oriundo de Carrodilla, Luján de Cuyo. Foto: Maximiliano Rios/MDZ

Poco a poco le fue “agarrando la mano”, el oficio le comenzó a gustar y es así que se convirtió en su trabajo hace casi tres décadas. 

“Comencé en Carrodilla, porque yo vivía pegado a la bomba de nafta. Puse el cartel y ya todos sabían que yo estaba acá y traían sus pelotas para que se las arregle”, recuerda.

Robles se convirtió en una especie de guardián de la vieja estación YPF. “Desde Vialidad me pidieron que me quedara acá y cuidara la fachada de esta bomba de nafta para que no la usurparan”, asegura el hombre.

Sin embargo, por motivo del centenario de YPF y con el objetivo de poner en valor esta vieja estación de combustible levantada a finales de la década de 1930 por Rufino Ortega, se colocó alrededor de toda la fachada una imponente estructura  metálica. Es por eso que muchos de los que antes veían a “Don Gareca” con su cesto de pelotas y sus herramientas desplegadas en el piso frente al viejo edificio, ahora ya no lo encuentran allí.

Desde el Municipio de Luján de Cuyo se encargaron de construir un pequeño espacio donde el artesano puede guardar sus elementos de trabajo y las pelotas que los clientes le llevan para reparar. Ahora tiene su pequeño taller, aunque prefiere seguir trabajando al aire libre.

Don Gareca es conocido por muchos mendocinos. Foto: Maximiliano Rios/MDZ

Así, pasan los años, en el mundo cada vez hay más consumismo y las cosas se descartan más fácilmente. Sin embargo, Armando sigue siendo fiel a su labor y quienes lo conocen siguen eligiendo su trabajo. “Gracias a Dios tengo mucho trabajo, no me puedo quejar. A la gente le gusta lo que uno hace, incluso muchos recalcan que cuando lo llevan a otro lugar no lo arreglan bien o lo dejan flojo de hilos”, afirma con cierto orgullo el hombre.

La técnica se ha perfeccionado con el correr de los años y “Don Gareca” sabe que eso es una joya que no se puede perder, sino que debe transmitirse a otras generaciones. “Yo quiero que mi hijo Juan lo aprenda, este es un trabajo limpio que uno se encariña. Además, con esto le va a agarrar el gustito a la plata”, comenta con un brillo en su mirada.

Armando Feliciano Robles, mejor conocido como “Don Gareca”, es una verdadera leyenda mendocina. Él es ejemplo de dedicación, de trabajo y sacrificio, es que no hubo un día que no esperara ansioso a sus clientes, para unir esos paneles con esmero y detalle.

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?