Los Jesuitas y su labor educativa en Mendoza

Los Jesuitas y su labor educativa en Mendoza

En tiempos en que la educación se encuentra fuertemente cuestionada, es interesante rescatar la labor de los jesuitas en todo el país, y puntualmente en Mendoza.

Pablo Escribano y Ámali Mashad

En estos tiempos la educación se encuentra en tela de juicio. Enfrenta un sinfín de cuestionamientos, entre métodos antiguos y otros modernos que han demostrado en el tiempo no ser lo suficientemente idóneos para alcanzar las metas de la comprensión lecto-escritora. La educación se encuentra sumida en un vacío conceptual que desafía constantemente a docentes e investigadores.

Pensando en eso, y rescatando el lugar y el valor que la historia da a este mismo cuestionamiento, se hace necesario rescatar la labor en el curso del tiempo que han tenido diferentes actores en lo referente a la educación en el país y puntualmente en nuestra provincia. Al respecto, destacaremos en esta oportunidad de entre la labor de las diferentes órdenes religiosas que actuaron en la Mendoza colonial, puntualmente la de la Compañía de Jesús.

Los Jesuitas y la educación en la Mendoza colonial

Las primeras órdenes religiosas se establecieron en Mendoza entre fines del siglo XVI y principios del siglo XVII y su principal función fue la catequización y la evangelización del indio, sin descuidar su educación europeizante. Los Jesuitas puntualmente, en relación a la educación, se distinguieron por aprender el idioma aborigen en sus dos variantes locales (el milcayac y el allentiac) como estrategia para ganarse la confianza de los aborígenes locales: los huarpes.

Volviendo a la historia propiamente de los Jesuitas, se establecieron en Mendoza en 1608 y desde allí se extendieron a las actuales provincias de San Juan y San Luis, y en territorio mendocino se extendieron hasta el valle del Rio Diamante, en el sur de la provincia. Esta amplia labor educativa y cultural llegó a su fin con la expulsión de la orden en 1767 de todos los territorios pertenecientes a la corona española. Al momento de la expulsión, se constituyó una Junta de Temporalidades para administrar los bienes y propiedades dejados por los Jesuitas y las mismas pasaron, posteriormente, a manos de los franciscanos, por eso es que a la antigua iglesia de los Jesuitas, hoy se la denomina Ruinas de San Francisco, ubicadas en la actual calle Ituzaingó de la ciudad de Mendoza.

Entre la labor educativa más destacada de la Compañía se encuentra la fundación de una escuela de primeras letras en 1609, sobre un terreno donado por Doña Inés de Carbajal, perteneciente a una destacada familia local. Apenas un año después de haber llegado a Mendoza, la escuela ya contaba con su primer maestro, el hermano Fabián Martínez. La misma hacia 1616 fue elevada a la categoría de Colegio de la “Inmaculada Concepción” incorporando cursos de segunda enseñanza, incluyendo tanto a niños como a adolescentes y al decir del Padre Guillermo Furlong, dicha enseñanza era gratuita.

Con su labor educativa, los Jesuitas se constituyeron, durante el tiempo que la ejercieron, en formadores tanto de españoles como de aborígenes que luego se desempeñarían en puestos destacados de la sociedad mendocina, siendo su tarea meritoria y prolífica. Y, finalizando este artículo, nos parece importante destacar las palabras del padre Furlong al afirmar que al ser expulsada la Compañía de Jesús de la Provincia de Chile “se perdieron para la provincia de Cuyo expertos maestros de la niñez y la juventud, que se habían desvelado durante siglo y medio por la educación de varias generaciones".

*Pablo Andrés Escribano y María Ámali Mashad son profesores de historia, egresados de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo.

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