Motivar o likear a nuestros hijos: qué es mejor para su autoestima

Motivar o likear a nuestros hijos: qué es mejor para su autoestima

En esta era donde los likes, reacciones y reseñas abundan por todos lados, nos puede parecer que nuestros hijos no necesitan tanto de nuestra motivación. Sin embargo, como decía el reconocido psicólogo Rudolf Dreikurs, “los niños requieren de tanta motivación como las plantas de agua”.

Lic. Magdalena Clariá y Mercedes Gontán

Juan es fanático del fútbol. Desde que tiene uso de razón, le apasiona ver los partidos por la tele, ir a la cancha, pero sobre todo jugar en su club que lo vio crecer en tamaño y en habilidades futbolísticas. Sus papás y sus hermanos lo suelen acompañar a los partidos del campeonato, donde es costumbre que se luzca con varios goles. “Vamos crack”, “Dale genio”, “Sos el mejor”, “Que golazo metiste”, “Estamos tan orgullosos de vos”. Estas eran solo algunas de las frases que vitoreaban sus padres desde la tribuna. Siempre que terminaba un partido, él se acercaba a saludarlos y hacerles la tradicional pregunta: ¿cómo estuve hoy? “Bárbaro”, “Fantástico”, como siempre, solía ser la respuesta de sus padres, sus fans número 1. Y él seguía camino feliz hacia el vestuario.

De repente, sus padres empezaron a notar una expresión extraña en su cara, al recibir estos comentarios. Un día durante la comida familiar, decidieron preguntarle qué le pasaba. Se sorprendieron muchísimo con su respuesta: “Ustedes no me felicitan tanto como antes, ya no me dicen genio o crack, sólo que estuve muy bien, siento que no alcanzan los goles que meta”. Cuando sus padres reflexionaron sobre esto, les costó ver qué pasaba. Reconocieron que, a lo mejor, como él estaba un poco más grande, no exageraban tanto en los elogios, porque creían que le iba a dar vergüenza, pero claro, no se daban cuenta que él los seguía esperando, acostumbrado a recibirlos.

En la simpleza de esta historia, nos aparece la oportunidad para reflexionar sobre dos acciones que generalmente se confunden, o creen sinónimos: elogiar y motivar.

En nuestro día a día, muchas veces como padres, decimos o hacemos cosas sin pensar, sin tomar consciencia del impacto que tienen en nuestros hijos. Y acá no se trata de mirar hacia atrás y culpabilizarnos por lo dicho o hecho, sino de aprender y enfocarnos en el presente para construir el futuro. Cuando elogiamos o premiamos a un niño, ponemos la mirada en el resultado de su accionar, y se genera en ellos una profunda dependencia del juicio externo. “Lo hice bien si los demás lo dicen, necesito escuchar su puntaje”.

Mismo en la televisión abundan los realitys y concursos donde los participantes son evaluados por sus performances en canto, cocina, baile, etc. Y el jurado pone una puntuación a su accionar. El problema es cuando en la vida real, acostumbramos a nuestros hijos a depender de ese cartelito de nuestro puntaje. Y poco a poco, van confundiendo su verdadero valor, con la perfección de lo que hacen. “Soy bueno solo si los demás lo dicen”.

La autoestima se construye en cada persona, y cada cimiento tiene un gran valor e importancia. Como padres somos testigos privilegiados de este proceso interno, y también grandes colaboradores en esta aventura. Pero la autoestima no se hereda, ni se regala, no podemos dársela a nuestros hijos, tienen que formarla ellos mismos, si o sí. Nuestro gran desafío es poder transmitirles que son amados y aceptados por lo que son, y no por lo que hacen. Que realmente valoramos su esfuerzo, más allá del resultado. Que depositamos nuestra confianza en ellos y que los queremos incondicionalmente pase lo que pase.

Sabemos que a veces es complejo comprender esta diferencia, por eso les compartimos algunos ejemplos:

  • ELOGIO: "Estoy muy orgullosa de vos" / MOTIVACIÓN: "Debes estar muy orgulloso de vos mismo"
  • ELOGIO: "Te sacaste 10, te voy a dar un premio" / MOTIVACIÓN: "Trabajaste duro, sí que te merecés ese 10"
  • ELOGIO: "Vamos, si vos sos un genio" / MOTIVACIÓN: "Confío en que vos podés hacerlo"
  • ELOGIO: Sos muy bueno, guardaste tus juguetes" / MOTIVACIÓN: "Veo que acomodaste juguetes, ¡lo lograste!"
  • ELOGIO: "Me siento feliz porque lavaste los platos" / MOTIVACIÓN: "Gracias por lavar los platos"

Seguramente nos estemos preguntando, qué tanto tienen de malo las frases de la primera columna. Como padres, más de una vez hemos recurrido a ellas o similares, y no lo vemos tan mal. Después de todo, son cosas lindas las que les decimos a nuestros hijos. No debe ser para tanto.

Volviendo a la frase de Rudolf Dreikurs que mencionamos al comienzo, la clave acá está en comprender que la motivación es para los niños como el agua para las plantas. Siguiendo la analogía, debería ser su alimentación primordial. Imaginémoslo así: las motivaciones son esos nutrientes que necesitan los chicos para desarrollarse, en el menú serían como los vegetales, las frutas, la carne, hidratos, vitaminas, etc. Mientras que los elogios serían como esas golosinas, o comida no tan saludable, que disfrutamos de vez en cuando. ¿Podría acaso un niño vivir a caramelos y snacks? Lo mismo ocurre con los elogios y motivaciones.

Hasta el momento, nos hemos referido a niños que “hacen las cosas bien”. Imaginemos ahora que nuestros pequeños, cometen algún error. (Que como siempre decimos, es una maravillosa oportunidad para aprender). En este caso, ¿podríamos impartirle un elogio o quedaría completamente descolgado o fuera de lugar? Sin embargo, perfectamente en estas ocasiones podemos motivarlos, haciendo foco en su esfuerzo y aprendizaje durante el proceso, transmitiéndoles ganas de seguir creciendo. Y es justamente en estos momentos en los que es bueno que estemos cerca, cuando más necesitan esa motivación.

La construcción de la autoestima es uno de los pilares en la formación de nuestros niños. Vale la pena que como padres, nos animemos a reflexionar sobre nuestras intervenciones, recordando que la motivación deja en ellos una enorme huella, les enseña a creer en sí mismos y en sus capacidades para hacer bien las cosas. Es una oportunidad que tenemos para demostrarles nuestro amor incondicional, y recordarles lo valiosos que son, y que cada uno de ellos es único e irrepetible.

* Magdalena Clariá es licenciada en psicología y Mercedes Gontán es abogada, mediadora y orientadora familiar. Juntas hacen Apuntes de siembra.

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