La vida después del cáncer

La vida después del cáncer

Tres historias de superación, tres ejemplos de resiliencia. Su experiencia con el cáncer los llevó a transitar caminos que no hubiesen imaginado antes de su diagnóstico.

Felicitas Oyhenart

Felicitas Oyhenart

Mdztrip@mdzol.com

Cada uno de ellos tiene su propia historia con el cáncer, pero todos coinciden en algo: superar la enfermedad los marcó y convirtió en lo que hoy son y en lo que hacen cada día de sus vidas.

Tres historias de superación, tres historias de fuerza de voluntad y tres ejemplos de resiliencia.

Antonella, Augusto y Piqui superaron el cáncer y su experiencia los llevó a acompañar a otras personas.

Antonella del Carmen Condorí (27) durante muchos años fue voluntaria en el Hospital Pediátrico Humberto Notti y posteriormente se sumó al equipo de Fundavita, en el área social, para acompañar a personas diagnosticadas con cáncer. Pero antes tuvo que ser protagonista de una historia que la llevó a elegir ese camino.

 

Tenía 12 años cuando le diagnosticaron leucemia aguda. Cuando los médicos le informaron lo que sucedía no se explicaban cómo podía mantenerse en pie, la enfermedad estaba muy avanzada y prácticamente no tenía plaquetas. “Es un milagro que esté parada”, le dijeron los médicos que la vieron en el Hospital Humberto Notti en Mendoza.

“El viernes me hicieron la punción y al miércoles siguiente tenía mi primera quimio, ahí comenzaba mi tormento”, recuerda Antonella. Pasó 9 meses muy duros, en los cuales por momentos sintió que no iba a poder salir adelante; pero el apoyo incondicional de su madre le daban la fuerza para seguir.

Antonella Condorí
Antonella fue diagnosticada a los 12 años de leucemia aguda.

En todos esos meses conoció a muchas personas que se convirtieron en su segunda familia, todos los médicos que la trataron, los enfermeros y voluntarios que la veían en el hospital, lugar que se convirtió en su “segunda casa”.

“Recibí tanta contención por parte ellos cuando estuve en tratamiento que en esos momentos sentí que quería hacer lo mismo. Aquello que me hicieron sentir a mi quise devolverlo a otros niños que lo necesitan”.

Antonella Condorí
Antonella es voluntaria de Fundavita, colabora con el área social.

Antonella además de tener que atravesar el difícil momento de los tratamientos e internaciones, tuvo que lidiar con las limitaciones que se presentaban por su situación económica, cuando comenzó con las quimios precisó acondicionar su habitación en su domicilio para poder vivir allí. “Tuvimos que recurrir a realizar rifas, bingos e inclusive participé como una de las soñadoras en ShowMatch, en Bailando por un Sueño, para poder construir un lugar donde yo pudiese vivir sin complicaciones”. Pese a la ilusión de participar en el programa de televisión conducido por Marcelo Tinelli, su sueño no fue el ganador y toda la familia tuvo que recurrir a la solidaridad para poder recaudar fondos. Nuevamente la compañía de su familia estuvo presente para darle ese empujón que ella necesitaba.

Antonella Condorí
Antonella junto al médico hematólogo Guillermo Arbesú, quien formó parte del equipo que la trató. Un "segundo padre" para ella.

Antonella era muy chica cuando fue diagnosticada, pero cada situación que vivió fue un aprendizaje para ella. “Disfruto del día a día, muchas veces nos preocupamos por cosas que no valen la pena y no disfrutamos de la familia que es lo más importante que tenemos. Con todo lo que me pasó descubrí eso”, responde la joven al consultarle cómo es la vida después del cáncer.

María Estela Romero (47), más conocida como Piqui, desde hace más de 20 años acompaña con entusiasmo a las personas que se acercan a Fundavita. “A raíz de la enfermedad de mi hijo me quedé colaborando en la Fundación”, cuenta Piqui. Cuando su hijo tenía 3 años le diagnosticaron hepatoblastoma, un tipo de cáncer muy poco frecuente que se origina en el hígado y que suele afectar a los niños menores de 3 años. 

A pesar de los tratamientos el pequeño falleció, pero algo en ella la llevo a decidir continuar acompañando de cerca a otras familias y niños en todo el proceso de la enfermedad.

 

“El sueño de mi hijo era conocer a Los Nocheros, un día antes de entrar a cirugía pudo estar con ellos, yo vi su cara y cómo entró con una sonrisa al quirófano y todo eso me llevó a que decidiera ayudar a los chicos y a los adultos que llegan a la Fundación”, comparte con emoción la mujer.

“Me llena de satisfacción poder hacer más liviana la enfermedad de esas personas y poder ayudarlos. En cada uno de ellos veo reflejada la sonrisa de mi hijo. Ellos se sienten muy vulnerables a todo y encapsulados en lo que pueden o no pueden hacer, llevarles una alegría con un paseo, una sorpresa, eso es algo inmenso”, asegura Piqui.

Piqui
Piqui junto a voluntarias de Fundavita

Pero la vida tenía otra difícil prueba para Estela, mientras trabajaba como voluntaria en Fundavita y luego del fallecimiento de su hijo, es diagnosticada con cáncer de mama. “Fue un nódulo que se palpó, recurrí al ginecólogo y luego al médico cirujano. Al mes me diagnosticaron que era maligno y comencé a tratarlo con oncólogos”.

Era ella la que debía pasar por quimioterapia y radioterapia, Piqui siempre tuvo una gran voluntad que la llevó a iniciar el tratamiento con muchas ganas y a llevar la enfermedad con una actitud positiva. “Cuando me diagnosticaron me puse la meta que yo lo iba a vencer, tenía a mi hija chica y por ella tenía que salir adelante”, asegura.

Piqui
Piqui junto a su hija en el inicio de su tratamiento.

Ahora, tras 1 año y medio de tratamiento, Piqui superó la enfermedad y afirma que su vida después del cáncer “es vivir el minuto como si fuera el último de tu vida. Si tengo ganas de algo lo hago, es más yo comencé a vivir así desde el momento que me dijeron que tenía cáncer de mama”.

Piqui
Piqui decidió inscribirse en clases de baile para pasar más tiempo con su hija profesora de danza.

Augusto Alonso (27) es de esas personas que con solo verlas te contagian entusiasmo. Es licenciado en Comercio Internacional, amante de los deportes, un gran orador motivacional, junto a un amigo crearon Motivados y brindan charlas, y a través de Fundavita acompaña a niños diagnosticados con cáncer que deben pasar por una amputación.

Su experiencia lo llevó a transitar este camino. A los 10 años le diagnosticaron un osteosarcoma en su pierna derecha, debajo de la rodilla, el cual fue provocado por un golpe. Al principio sus padres pensaron que era solo el dolor producto del golpe; sin embargo, la molestia era persistente por ello consultaron en el Hospital Notti, donde le hicieron una radiografía en la cual encontraron un tumor y en la biopsia se detectó que era maligno. 

Por ello, Augusto tuvo que comenzar con el tratamiento de quimioterapia y posteriormente tuvieron que amputar su pierna. Recibió 6 sesiones de quimio, las cuales se retrasaron por algunas complicaciones e imprevistos que surgieron en el transcurso del tratamiento, el cual duró siete meses aproximadamente. 

Augusto
Augusto tenía 10 años cuando fue diagnosticado con osteosarcoma en su pierna derecha.

Augusto era muy niño cuando le diagnosticaron cáncer, todo lo vivido fue nuevo para él. “Tuve que experimentar sentimientos desde cero e intentar ver que todo lo que pasaba era algo normal o un juego”, comparte el joven y añade: “en una de las sesiones de quimio sentí que había tocado fondo y eso fue el puntapié inicial para comenzar a encarar las situaciones cotidianas de otra manera. Pensé: listo, si yo no voy a poder cambiar esto, ahora tengo que ver cómo voy a hacer todo con una pierna”.

Augusto
Augusto es un apasionado de los deportes .

Pese a su gran fuerza de voluntad y a recibir el apoyo de toda su familia y amigos, Augusto pasó por momentos difíciles, incomprensibles para un niño o adolescente. “Sentí frustración y también me sentí acomplejado con el cuerpo cuando empecé a salir a cumpleaños de 15 o juntadas porque la gente te miraba raro cuando llegaba y yo me sentía, quizás, menos”.

Hoy Augusto es quien es gracias a todo lo vivido. Es un referente para muchos jóvenes de su edad, ha logrado destacarse en diversos deportes e incentiva a través de sus charlas y en sus redes sociales a personas que deben pasar por una amputación u otras situaciones difíciles.

Augusto
Augusto junto a su amigo Agustín en una de las charlas Ted que brindaron.

“Tengo que sentirme afortunado, muchas veces no dimensiono la importancia de estar vivo, porque ya es lo cotidiano. Atravesar algo tan difícil me ayudó a darme cuenta que no tengo que quejarme de cosas que no son tan importantes e intentar enfocarme en las cosas que valen la pena, en lo del día a día. Ahí está lo enriquecedor, donde se aprende y se disfruta: poder levantarme, tener un trabajo, poder llevar una taza de café a la mesa, ya sea con bastones o usando mi prótesis. Tengo que ser feliz con lo que me toca y disfrutarlo al 100%”, concluye Augusto al relatar cómo es su vida después del cáncer.

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