La flor de Guaymallén

La flor de Guaymallén

Gladys Ravalle se fue de gira. Un hermoso recuerdo de Alicia Casares, una de sus alumnas, amigas y compañeras de vida.

Alicia Casares

Por Alicia Casares

Corrían los difíciles años 70 cuando un cartelito en la biblioteca de la goetheana invitaba a un taller de teatro. Y así, un sábado de siesta, fui sin saberlo todavía, al regazo de la Gladys, a su cobijo, a su sapiencia, a aprender el teatro desde la genética más auténtica y desgarradora.

La Gladys, la gringa, la flor de Guaymallén, formó en aquellos años a un grupo de actores y actrices que honraron el teatro mendocino. Y así siguió por décadas, formando artistas de nuestras tablas que florecieron bajo su aura.

La recuerdo preparando con amor el caldillo de sus cumpleaños, donde nos amontonábamos por tandas en su pequeño comedor a recibir de sus manos un cuenco de caldo sabroso y caliente para poder estamparle un beso en cada mejilla. Había que irse, porque no entrábamos todos y los tonaderos cantaban serenatas en la fría noche de junio esperando turno para entrar.

La recuerdo sabia y conversadora, con el mate en la mano, barajando historias, leyendas, anécdotas y risas. Siempre del lado de los justos.

Gladys y Alicia, juntas.

La Gladys y sus plantas y sus mascotas. Llenando de vida su casita de Guaymallén, con la ventana siempre abierta, el agua caliente por si alguien viene y el alma generosa por si el abrazo.

La Gladys y sus yuyos, sus tecitos sanadores y su sabiduría ancestral.

Y la recuerdo, claro, dirigiendo obras. De su mano recorrimos escenarios, vivimos personajes, aprendimos de historia, de actuación y de la vida. Porque fuiste maestra más allá de la técnica teatral. Mujer valiente, transgresora, divertida, con la risa fresca y el corazón sensible, supiste honrar la vida y el teatro.

Te fuiste de gira, querida maestra. Me dijiste hace poco: “Con 79 años, siempre viviendo en este país, he visto mucho; he visto todo. Ya puedo irme”; lo dijiste con humor, porque hasta el final conservaste la chispa.

Lúcida, inteligente, festiva; así vamos a recordarte. Toda Mendoza te aplaude de pie, todo el país te despide. Hasta siempre Gladys. Gracias gracias gracias por todo lo que nos entregaste. El cielo está de fiesta. Los compañeros y compañeras te envolvemos en un abrazo infinito y te saludamos con las manos en alto mientras vos te elevás tan alto, tan lejos y sin embargo, presente en cada latido de nuestros corazones. Te vamos a extrañar. Buen viaje, má.

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