Alteraciones emocionales y conductuales en adultos mayores con Alzheimer durante la cuarentena

Alteraciones emocionales y conductuales en adultos mayores con Alzheimer durante la cuarentena

Los síntomas psicológicos que aparecen en el curso de la enfermedad de Alzheimer hacen referencia a alteraciones emocionales, cognitivas y conductuales.

Milagros Ferreyra y Martín Gabriel Jozami Nassif

Generalmente son el primer indicio de una demencia y el principal motivo de consulta a los profesionales de la salud, ya que llaman la atención de los familiares y cuidadores, quienes tienen dificultades para manejarlos. 

Entre las alteraciones emocionales que se pueden observar en los adultos mayores con Alzheimer cabe mencionar la ansiedad y la depresión, que pueden ser producto del deterioro cognitivo o de las limitaciones con las que se encuentra la persona para mantener su funcionalidad y las actividades diarias. Esta situación suele ser muy incómoda para la persona que la padece, llegando a desencadenar pensamientos negativos que producen angustia y sufrimiento.

La depresión se presenta con mayor frecuencia en las primeras fases de la enfermedad, debido a que el adulto mayor toma conciencia de sus limitaciones, del declive de sus capacidades cognitivas y la pérdida de autonomía que esto conlleva, aumentando la sensación de desesperanza y de ser una carga para su familia. 

La depresión puede llevar a un mayor aislamiento y pérdida de iniciativa, ya que el paciente pierde el interés por las actividades que forman parte de su rutina cotidiana, pasa un mayor tiempo en la cama y disminuye su apetito, lo que puede generar complicaciones nutricionales. En etapas más avanzadas de la enfermedad, la disminución del estado de ánimo se puede acompañar de síntomas como inquietud, agitación, nerviosismo, irritabilidad y una mayor agresividad, que puede llevar a que el adulto mayor demuestre una actitud intolerante o cambios repentinos en el estado de ánimo.

La ansiedad es más frecuente en los pacientes que padecen la enfermedad de Alzheimer. En la mayoría de los casos, los familiares perciben que el adulto mayor se muestra nervioso, tenso, atemorizado o preocupado, a pesar de no existir un motivo claro para estas sensaciones. Además, el declive físico y mental genera una mayor sensación de incertidumbre y pérdida de control.

Por su parte, las alteraciones conductuales generalmente tienen un mayor impacto negativo en el entorno social del adulto mayor. Pueden deberse al exceso de actividad y expresarse mediante gritos, insultos, agresividad, desinhibición, deambulación, agitación, actos motores repetitivos, comportamientos sexuales inapropiados, alteraciones en la alimentación y el sueño; o, por el contrario, ser consecuencia de la disminución de la actividad, como la apatía, la pasividad y el negativismo. En cuanto al sueño, generalmente los pacientes presentan somnolencia o dificultad para mantenerse despiertos durante el día, mientras que por las noches tienden a deambular o presentar insomnio, generando una mayor alarma en la familia, quienes deben mantenerse despiertos o turnarse para supervisar al adulto mayor.

Además de los síntomas cognitivos propios de la enfermedad de Alzheimer, en algunos casos pueden presentarse también alucinaciones y delirios. Las primeras, hacen referencia a percepciones que se producen en ausencia de un objeto real, es decir, la persona cree ver, escuchar, oler, degustar o tocar un objeto o a otra persona que en realidad no se encuentran presentes en el lugar, tiene dificultades para reconocer el ambiente en que se encuentra o confunde la realidad con la ficción, por ejemplo, al creer que las personas de la televisión son visitas que se encuentran presentes en el hogar. Por su parte, los segundos giran en torno al desconocimiento o sensación de extrañeza en el propio hogar, el temor a ser abandonado por la familia, la preocupación y desconfianza frente a la posibilidad de un robo, desencadenando creencias erróneas o falsas interpretaciones de la realidad.

Las alteraciones emocionales y conductuales pueden deberse a cambios funcionales vinculados al deterioro cognitivo o demencia, y se agravan a medida que avanza la enfermedad. Es posible evaluarlas por medio de la observación y la entrevista al propio paciente, así como a sus familiares y al entorno cercano. Entre sus principales causas se encuentran:

  • Deterioro de la memoria a corto plazo.
  • Disminución de la capacidad para inhibir conductas inapropiadas.
  • Errores al momento de interpretar estímulos visuales o auditivos.
  • Dificultad para expresar las propias necesidades de manera adecuada.

La pandemia ha contribuido a agravar los síntomas emocionales y conductuales en los adultos mayores con Alzheimer debido a los cambios repentinos en la rutina a la que estaban acostumbrados y la situación de aislamiento social a la que se vieron expuestos, que les impide continuar con sus actividades diarias.

El aumento de síntomas acelera la progresión de la enfermedad, provocando una mayor dependencia con respecto al entorno y el incremento de los niveles de estrés y sobrecarga de los cuidadores. Por este motivo, resulta importante que los familiares estén atentos frente a los cambios en el comportamiento o en el estado de ánimo del adulto mayor con Alzheimer y realicen las consultas pertinentes de forma oportuna, con el objetivo de prevenir el avance de la enfermedad e implementar el plan de tratamiento más acorde al caso particular.

 

*Milagros Ferreyra y Martín Gabriel Jozami Nassif son miembros del equipo de Terapia Neurocognitiva

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