Sexualidad y discapacidad: el deseo más allá de un diagnóstico

Sexualidad y discapacidad: el deseo más allá de un diagnóstico

Existe un gran tabú alrededor de la sexualidad de las personas con discapacidad. A menudo son “infantilizadas” a pesar de que la sexualidad y el amor no entienden de condiciones. La historia de dos mujeres que eliminaron las barreras logrando su independencia y autonomía.

Andrea Ginestar

Andrea Ginestar

La última década trajo consigo grandes avances en materia de derechos, temas referidos a la sexualidad comenzaron a ser incluidos en las agendas escolares, mediáticas y en redes sociales pero a pesar de la existencia de numerosas plataformas de contenido que hacen referencia a la temática hay un punto del cual se habla poco y nada... el sexo y la discapacidad.

Desde hace un tiempo la sexualidad dejó de ser un tema tabú y forma parte de la cotidianidad ya que es un aspecto esencial de cualquier ser humano. Sin embargo, todavía existen connotaciones negativas y aspectos que no son abordados con frecuencia invisibilizando un aspecto central en la vida de cualquier persona con discapacidad.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la sexualidad es "un aspecto central del ser humano que abarca al sexo, las identidades y los papeles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual". En ese sentido, se entiende que es algo esencial en la vida de cualquier ser humano.

La sexualidad y la discapacidad fue siempre un tabú que es preciso desterrar porque tener determinada condición no implica no sentir deseo, poder tener una pareja (casual o no) y adentrarse en la sexualidad. Creer que una persona con discapacidad es asexuada viene de una lógica histórica que tiene que ver con anular a las personas con discapacidad en todos los ámbitos y percibirlas como incapaces de relacionarse e interactuar por sí mismos.

Daniela Aza nació con Artrogriposis Múltiple Congénita, una condición que afecta a las articulaciones generando contracturas y desde hace unos años, comparte los desafíos que tuvo que sortear para inspirar, motivar y educar a quienes tienen dificultades. La influencer de la inclusión comparte su mirada a través de las redes sociales donde invita a eliminar los prejuicios en relación a los parámetros de belleza imperantes cuestionando el paradigma de normalidad que existe en torno a lo que está bien o mal para una persona con discapacidad.

Daniela le dio a la discapacidad un enfoque positivo

"El paradigma imperante invita a ver todo lo diferente como algo malo o que no está bien, por ende las personas con discapacidad no somos atractivas, sensuales, no podemos causar nada en el otro. Y en este sentido se perpetúan prejuicios ligados a la idea de que alguien siempre debe asistirnos, que necesitamos permanentemente ayuda, que no podemos mantener relaciones sexuales" destacó Aza.

En la actualidad existe una mirada asistencialista y paternalista de la discapacidad que descree de la posibilidad que tienen las personas con discapacidad para mantener relaciones amorosas quienes permanentemente son infantilizadas ya que se los piensa como eternos niños o niñas.

"Reconocer nuestro derecho a disfrutar de la sexualidad y vivirla libremente es fundamental. Actualmente hay muchos derechos que no son plenamente garantizados como el derecho a la salud sexual y reproductiva, el reconocimiento de nuestra sexualidad así como también se ejerce violencia a muchas mujeres con discapacidad que son doblemente excluidas y más vulnerables", agregó Aza. 

Sexualidad sin límites

Es necesario que la sociedad incorpore una mirada más amplia en relación a la sexualidad, hoy el énfasis está puesto a nivel coito lo cual es una mirada reduccionista ya que la sexualidad es tan heterogénea como personas hay en el mundo.

"Necesitamos naturalizar a la discapacidad, desdramatizarla y como parte de eso concebir a la sexualidad, y también la pareja (que una persona que no tiene discapacidad también contemple a una persona con discapacidad que esto claramente no sucede) como parte de la vida de las personas con discapacidad así como pensamos la educación, el trabajo, la movilidad", explicó Aza.

El rol de los estereotipos

La sociedad está atravesada por prejuicios y estereotipos que definen lo que se considera atractivo y aquello que no lo es. Los estereotipos e ideales de belleza, tienden a interiorizarse y en ocasiones quienes poseen una discapacidad son etiquetados, catalogados y estigmatizados.

"Cuando conocí a mi marido me preocupaba cómo íbamos a vivir la sexualidad, que a lo mejor yo no le iba a gustar o porque determinadas “poses” no iban a ser posibles. Fue algo muy conversado y charlado y por suerte él siempre me hizo sentir muy contenida y respetada" dijo Aza y agregó: "Fui entendiendo que esos eran límites y barreras de la sociedad y que hay muchas formas de ejercer la sexualidad y hacer el amor. En realidad la sexualidad, como también el amor, no entiende de condiciones". 

Una historia de superación

Natalia Acevedo es una mendocina que, a los 16 años, tuvo un accidente de tránsito junto a su familia que le generó una discapacidad motriz. En ese momento viajaba sin el cinturón de seguridad, producto del impacto salió despedida del vehículo en el que se trasladaba y se quebró la columna.

"Siempre digo que hay dos opciones: te quedas llorando en la cama o salís a vivir" dijo Acevedo

El accidente marcó un antes y después en su cotidianidad pero lejos de ser un obstáculo, no se resignó y tiene una vida sin limitaciones. Natalia eligió transitar un camino de superación personal que le permitiera desarrollar todos los aspectos de igual manera que quienes no poseen una discapacidad.

En 2007, luego de hacer un curso de vida independiente, recibió una novedosa propuesta por parte del presidente de esa organización para realizar una producción de fotos con sillas de ruedas que facilitan las relaciones sexuales. Luego de pensarlo detenidamente decidió avanzar en ese proyecto que, según ella, podría cambiar los tabúes que existen en relación a la sexualidad de las personas con discapacidad.

"Muchos piensan que al tener una discapacidad no podes tener sexo, te angelizan, creen que sos un niño eterno, incluso llegan a considerarlo peligroso e innecesario. La sociedad no está acostumbrada a ver mujeres con discapacidad modelando lencería o en posturas sensuales", destacó Natalia. 

Los prejuicios que giran en torno a la sexualidad de las personas que poseen una discapacidad son muchos y por lo general están basados en el desconocimiento y el miedo. Las barreras culturales son muchas pero con el tiempo se van derribando dando paso al conocimiento y respeto de la diversidad. 

La combinación entre sexualidad y discapacidad es algo natural que se desarrolla depende de las posibilidades de la persona. De ninguna forma, la discapacidad es una condición excluyente a la hora de desarrollar la sexualidad plena. "Es cuestión de buscarle la vuelta, al principio tenés inseguridades y miedos ya que es parte de un proceso de autoconocimiento", explicó Acevedo y agregó: "Hay que naturalizar la discapacidad en todos los aspectos, no solamente en la sexualidad, esto empieza por uno que tiene una discapacidad. Normalizar es la palabra correcta, hablar sobre el tema es una manera de poder eliminar tabúes".

Educación sexual inclusiva

La educación sexual integral (ESI) es un aspecto imprescindible ya que promueve una perspectiva de derechos, aborda todo lo que implica cuidados y el poder elegir sobre el propio cuerpo. A su vez implica aprendizaje sobre la diversidad y respeto por las elecciones y condiciones de la otra persona.

"En el caso de las personas con discapacidad la elección sobre nuestros propios cuerpos fue siempre una posibilidad negada. Para que las personas con discapacidad sean más libres y más conscientes de sus capacidades, necesitamos mayor visibilidad, representación, generación de apoyos e iniciativas que colaboren para que cada vez más adolescentes con discapacidad puedan mejorar la idea de cómo se perciben a sí mismos. Hoy en día todavía estamos muy lejos", cerró Daniela Aza.

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