Los peligros que se ocultan en el deshielo: nuevas enfermedades podrían despertar en la humanidad

Los peligros que se ocultan en el deshielo: nuevas enfermedades podrían despertar en la humanidad

El derretimiento del permafrost podría despertar virus y enfermedades que han estado dormidos durante millones de años. ¿Qué pasaría si nos exponemos a microorganismos que nunca hemos conocido?

Nicolás Hornos

El deshielo del Ártico está sacando a la luz microorganismos que han estado ocultos en el permafrost durante millones de años y muchos de ellos son peligrosos para la humanidad.

El permafrost no es hielo, es suelo congelado que hasta el momento permanecía permanentemente congelado, pero se está revirtiendo esta situación y en el proceso no sabemos a qué nos estamos exponiendo.

A lo largo de la historia, los seres humanos hemos coexistido con varios virus y bacterias. Hemos podido generar antibióticos y las bacterias han respondido, mejorando su resistencia a estos. Lo mismo pasa con los virus, hemos podido generar vacunas, pero la batalla parece interminable.

¿Qué pasa si se derrite el permafrost?

El cambio climático está derritiendo la capa de suelo permanentemente congelada en las regiones polares, liberando virus y bacterias que han permanecido latentes y vuelven a la vida.

Algunos descubrimientos que afloran del descongelamiento del permafrost son fascinantes y otros muy peligrosos. Por ejemplo, en Siberia se halló hace unos años la cabeza de un lobo gigante que vivió hace 40.000 años. Por otro lado, junto a fósiles del Pleistoceno hay emisiones masivas de carbono y metano, mercurio tóxico y virus de antiguas enfermedades que se creían erradicadas.

La científica Sue Natali, investigadora de los efectos del deshielo, explica que el ártico esconde 1.500 millones de toneladas de carbono. Eso representa “aproximadamente el doble de carbono presente en la atmósfera y el triple de carbono que almacenan todos los bosques del mundo”.

Al entrar en contacto con microorganismos, el carbono se transforma en un gas de efecto invernadero. Esto provoca más calentamiento global, produciendo más inundaciones y más deshielos.

Entre las más recientes enfermedades que desató el descongelamiento del permafrost se encuentra el ántrax. En agosto de 2016, en Siberia, cerca del círculo polar ártico, un niño de 12 años murió y al menos 20 personas fueron hospitalizadas después de haber sido infectadas por ántrax. Esta bacteria permaneció congelada en el permafrost durante cientos de años y una ola de calor en el verano de 2016 la descongeló. 

A medida que la Tierra se calienta, más permafrost se derretirá. Los estudios indican que el Ártico se está calentando dos veces más rápido que el resto del mundo. El calentamiento global está exponiendo las capas más antiguas del permafrost y a medida que el hielo y el permafrost se derrite, pueden liberarse otros agentes infecciosos.

La temperatura del planeta ya aumentó en promedio un grado centígrado desde la era preindustrial.

“En algunos lugares del Ártico de Alaska, vuelas sobre lo que parece un queso suizo que mezcla tierra y lagos formados por el colapso del suelo. El agua que estaba cerca de la superficie ahora forma estanques. Y muchos de estos estanques rebosan de metano”, explica Natali.

El informe sobre el estado del Ártico de 2018 especula que virus de “enfermedades como la gripe española, la viruela o la gripe, que se han erradicado de la faz de la tierra, pueden estar congelados en el permafrost”.

"El permafrost es un muy buen conservante de microbios y virus, porque es frío, no contiene oxígeno y es oscuro", explica el biólogo evolutivo Jean-Michel Claverie de la Universidad de Aix-Marseille, en Francia.

Los científicos han descubierto fragmentos de ARN (ácido ribonucleico) del virus de la gripe española de 1918 en cadáveres enterrados en fosas comunes en Alaska. La viruela y la peste bubónica también están probablemente enterradas en Siberia.

Cómo consecuencia del derretimiento del permafrost, los vectores de infecciones mortales de los siglos XVIII y XIX pueden volver, afirman Boris Revich y Marina Podolnaya en un estudio realizado en 2011.

“Las acciones tomadas por la comunidad internacional tendrán un impacto sustancial en la cantidad de carbono que se liberará y la cantidad de permafrost se derretirá. Necesitamos mantener congelado todo el permafrost que podamos. Y tenemos cierto control sobre eso”, advierte Natli.

Por su lado, el investigador Jean-Michel Claverie, argumenta que “si el patógeno no ha estado en contacto con los seres humanos durante mucho tiempo, el sistema inmunológico no estaría preparado, de modo que, sí, eso podría ser peligroso.”

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