Conmovedora historia del artesano que trabaja hace 50 años con la totora

Conmovedora historia del artesano que trabaja hace 50 años con la totora

Jorge tiene 71 años y hace 50 recorre las calles mendocinas realizando arreglos con totora. Para él, los feriados son una oportunidad para encontrar potenciales clientes que necesiten de un servicio que hoy es escaso.

Andrea Ginestar

Andrea Ginestar

Para muchos los días feriados son una oportunidad para descansar en familia, realizar actividades deportivas o recreativas dejando de lado la rutina laboral. Sin embargo, hay trabajadores que realizan oficios y se sustentan gracias al pago diario que reciben por sus trabajos. Jorge es un artesano que trabaja con la totora desde hace 50 años y cuenta su día a día.

Jorge Eduardo Gómez tiene 71 años y hace 50 años que se dedica a realizar arreglos utilizando la totora, material que viene de la época de los huarpes y hoy se pone en valor nuevamente por el valor cultural que posee. 

Sus manos ásperas y deterioradas dan cuenta de un oficio artesanal que requiere de mucha experticia. La totora es un material escaso que se desarrollaba naturalmente en los humedales. Son muy pocas personas que trabajan con este recurso. "No hay otras personas que trabajen con la totora. Creo que el único que queda vivo soy yo", dijo Jorge.

"Este oficio me lo enseño mi suegro cuando tenía 20 años y hace 50 años vivo de este trabajo", destacó sentado en el cordón de la vereda frente a una casa en la Quinta Sección. Sorprende ver la forma en que utiliza sus manos para hacer torzadas con la totora dando vida nuevamente a una silla que se encontraba en desuso.

"Tengo 6 hijos que ya son grandes, todos saben el oficio pero no les gusta trabajar de esto", dijo con un tono algo nostálgico al ser consultado por la posibilidad de que alguno de los miembros de su familia continúe con su legado.

"Me gusta mucho lo que hago. A diferencia de otros trabajos que pagan miserias, trabajo a mi gusto, cuando quiero dejar de trabajar puedo agarrar mis cosas e irme a mi casa. No tengo obligaciones con nadie, soy mi jefe", agregó Jorge quien antes trabajaba haciendo pozos y "trabajos duros". Tiene su casa en el Barrio La Favorita y todos los días recorre las calles mendocinas buscando clientes eventuales que necesiten de sus servicios.

Jorge es muy bien recibido por la gente y trabaja siempre en la calle ya que de esa manera logra captar futuros clientes. "La gente me ve en la calle, se acercan, me dejan la dirección y voy donde me digan", dijo y agregó: "No tengo clientes fijos porque el trabajo de entotorar sillas dura entre 20 y 30 años si está bien hecho".

Trabaja aproximadamente 8 horas por día, feriados y fines de semana. Puede decidir los días para salir a trabajar y en ocasiones prefiere los días feriados ya que son más tranquilos y hay más personas en casa. 

Las manos dan cuenta de un trabajo sacrificado que requiere de una técnica tradicional de tejido

Cada silla requiere un trabajo especial, una técnica única que exige de concentración y habilidades que se adquieren a través de la práctica y experiencia que dan los años de trabajo. Un trabajo que no se realiza desde una oficina sino desde la comodidad de una pequeña porción de totora transformada en banquito que pone sobre el cordón de la vereda y le sirve de apoyo para las horas que pasa haciendo los arreglos para sus clientes.

A su lado hay un atado grande con cintas de totora que utiliza para los arreglos. "Los materiales los compro en Corralitos o voy al parque y corto lo que necesito", destacó mientras humedece levemente el material para poder trabajar con facilidad.

"Arreglo aproximadamente 5 sillas por día, depende el trabajo a realizar el costo es desde 600 a 1.000 pesos por cada una", explicó y dijo que durante la pandemia su trabajo no se vio afectado.

Cuando termina los arreglos, Jorge camina con atado de totora bajo el brazo esperando que alguna persona requiera sus servicios. Un artesano que va puerta a puerta con el ingenio y la experiencia necesarias para revivir muebles que tienen una historia que, como la de Jorge, merece ser contada.

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