Homenajeó a su madre en Twitter y se hizo viral

Homenajeó a su madre en Twitter y se hizo viral

A 15 años de su muerte, la hija de Ana María Banks decidió contar algunas anécdotas de su vida y generó gran conmoción en las redes sociales. Es la historia de una mujer que conoció a Dios de grande y desde entonces consagró su vida a ayudar a los demás.

Giza Almirón

Ana María Banks fue “una mujer que traía los fines de semana a los chicos del instituto de menores a la pileta. Años después de su muerte, tocó la puerta uno de ellos para entregarle su título universitario”. Así la describe su hija, María Estanislada “Tani” Urraza, en su cuenta de Twitter, a 15 años de su muerte, en diciembre de 2006.

“Esta belleza fue mi mamá”, así comienza homenaje que le hizo Tani a su madre. Además, cuenta quién fue Ana María a través de una serie de imágenes. Este hilo de Twitter generó gran emoción en la red social, ya que acumula más de 27 mil “me gusta”, más de 1.800 retweets y cientos de comentarios.

Tani relata lo más significativo de la vida ejemplar de su madre: “Ayudaba a los necesitados del barrio y, sobre todo, transmitía su enorme fe. Una vuelta, convenció a una pareja humilde del barrio de que se casaran por iglesia y, como no tenían plata, les organizó el casamiento en casa. Y ahí estábamos sus hijos vestidos de fiesta y haciendo de mozos en casa, para gente desconocida”.

Ana María Banks nació el 19 de junio de 1950 en San Antonio, Texas, Estados Unidos, donde vivía su familia por el trabajo de su padre, Luis María Banks, un geólogo petrolero. Unos años más tarde se mudaron a Venezuela, luego a Paraguay (de donde era su papá) y finalmente a la Argentina.

Se instalaron en Buenos Aires, donde Ana María asistió al colegio. Un año recibió un premio a la alumna sobresaliente y se lo entregó Jorge Luis Borges. Más tarde se mudaron a City Bell, donde Ana María conoció a Eduardo Adrián de Urraza, su gran amor y padre de sus cuatro hijos. Por él se hizo peronista, inclinación política que mantuvo hasta sus últimos días.

Ana María con tres de sus hijos

Sobre su época universitaria, Tani cuenta que “Estudió geología un tiempo como su padre, pero al final fue profesora de inglés. Visitaba siempre a los enfermos, y les masajeaba los pies. Fue una de las primeras en utilizar la dieta cetogénica para el tratamiento de la epilepsia de mi hermano, porque para todo, iba a fondo. Era alegre y elegante. Viajó por el mundo. Y no sabía lo que era una ropa de marca o una cartera cara. Era de otro lugar”.

“Después de estudiar el profesorado de inglés se dedica a ser profesora en distintos colegios, y empieza a trabajar también en un instituto de menores. Y todos los fines de semana andaba de acá para allá con los chicos. Los traía a casa a que usaran la pileta, todo. Y yo a veces me quejaba, y ella me decía que yo tenía la pileta para mi toda la semana, y ellos solo el fin de semana”. Muchos de los chicos del orfanato la recordaron para siempre. En 2006, uno de ellos apareció en la casa de Ana María. Se había recibido de ingeniero y quería ir a contárselo a ella, que había sido su maestra una década atrás y quería agradecerle que siempre lo alentó. Llegó apenas tarde: Ana María había muerto hacía un año. El muchacho sacó su título universitario y se lo mostró a la hija, para que supiera qué había hecho su madre por él.

Ana María con Eduardo, el amor de su vida

A comienzos de los años ochenta, pudo sobreponerse de una depresión y conoció a Dios. Durante años se lamentó por no haber llegado antes a la iglesia, pero se entregó con devoción a la religión y a los demás. “Ella decía que su mejor momento era el ahora. Decía que durante años no había sido del todo feliz, que renació cuando conoció a Jesús y recién ahí se sintió plena”, cuenta Tani. También en los ochenta, luego de la guerra de Malvinas, rechazó su ciudadanía norteamericana: a partir de allí nunca quiso renovar su pasaporte estadounidense a causa del apoyo que ofrecieron a Inglaterra durante el conflicto.

En 2002 murió su esposo Eduardo en un accidente de tránsito. Fue un golpe duro para ella. Un año y medio después le diagnosticaron cáncer de mama. Murió en el 2006, pidiendo comulgar cada día para estar cerca de Dios. Desde entonces, sus hijos no paran de encontrarse con personas que les cuentan una anécdota sobre ella y les agradecen su generosidad.

“Su historia creo que tiene que ver con esas personas pequeñas que andan al lado nuestro y que son de una peculiaridad enorme. Yo creo que mi mamá fue una santa directamente. Hay muchas personas que están alrededor del mundo y son así y no las reconocemos. Ella no fue nunca reconocida ni por sus propios hijos”, afirma Tani.

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