Expectativa versus realidad

Expectativa versus realidad

La cantidad de memes y chistes que hay sobre la dicotomía expectativa vs. realidad abarca tantas temáticas como personas y casi toda la gracia que nos hacen tiene que ver con el modo en que esas bromas nos reflejan.

Diana Chiani

Diana Chiani

A mi me pasa con las pocas tortas de cumpleaños que hago y que jamás quedan como me las había imaginado sino bastante más desprolijas y torcidas de mi expectativa inicial. Con lo poco que lo practico, tengo claro que no será sencillo alcanzar mis ideales, que no sé de dónde salen si tengo en cuenta mis nulas habilidades con las manualidades. 

Sin embargo, muchas veces también veo defraudadas mis expectativas en tareas que hago a diario -laborales o personales- y en los que me siento relativamente competente dado que las cultivo a diario.  Así mi agenda del día a veces tiene 2 check de una lista de 5; algo que gracias a conocerme, he resuelto con un orden de prioridades a sabiendas de que algunas cuestiones pueden quedar para mañana.

Siento, no obstante, que no soy la única que a veces sobrevalúa las expectativas tanto propias como ajenas. Aspirar a hacerlo mejor, más rápido, diferente, con menos costos o lo que cada uno precise puede ser una emoción inspiradora. De hecho lo es hasta el momento en que ese ideal mete la cola con forma de juicios despectivos, acusadores y cara de pocos amigos.

Y así, algo que servía para motivarnos, se transforma, cual carroza, en un ancla que tira hacia abajo y donde corremos el riesgo de quedarnos. Es decir, de no volverlo a intentar porque “no servimos” para ello o “no tenemos voluntad”. Y eso cuando no nos contamos el cuento de que en realidad no lo queríamos tanto como para salir de la comodidad de nuestro espacio conocido.

Tal vez las expectativas hacia nosotros mismos vengan de años de mirar hacia afuera (los adultos) para sentir que lo hacíamos bien. Los ideales, ahora, muchas veces también vienen marcados con un ritmo que no es el nuestro y con modelos que no son reales.

Del mismo modo, entonces, en que nos exigimos a nosotros en base a parámetros ajenos, también lo hacemos con quienes nos rodean en base a la propia medida y más veces de las que nos gustaría admitir esperamos de otro algo que no pedimos o que supusimos haría en función de supuestos, deberías o cosas que solo son obvias para nosotros, por más que nos conozcamos hace mil años.

¿Cuántas relaciones nos hemos perdido porque no se ajustaron a expectativas que nunca explicitamos? ¿Cuánto permitimos de verdad que el otro sea otro y que no pueda darse cuenta de lo que para nosotros “se cae de maduro”? ¿O acaso no hemos sido blanco de recriminaciones por cosas de las que, honestamente, no nos habíamos enterado?

Esperar de otros algo que nosotros haríamos o de nosotros algo que podría hacer alguien más, no hace más que incrementar los desencuentros.

En este sentido, cuando pretendemos hacer algo, una buena idea es conocernos. Porque si esperamos levantarnos a las 6 de la mañana para una actividad específica, pero a esa hora nuestro cuerpo sencillamente no responde, es claro que no el cometido corre riesgo de ser abandonado. ¿Si en lugar de dos horas a las 6 de la mañana probamos con media a las 3 de la tarde?

Conectar con lo que nos gusta y lo que no es clave a la hora de trazar un plan y poder cumplirlo. También darnos cuenta de nuestras tendencias y cómo pueden jugarnos. Por ejemplo, si muchas veces hemos tenido y desarrollado ideas geniales sin concretarlas a la espera de que sean perfectas; entonces una manera distinta podría ser poner una fecha y animarnos a arrancar aunque no cumpla con los estándares inalcanzables de un ideal.

Si nos detenemos un momento a reflexionar, cada uno puede descubrir en dónde le aprieta el zapato para tomar consciencia y, de a poco, empezar a hacer diferente y plantearse objetivos más acordes con la propia realidad. Porque el solo hecho de agregar un tilde de logro al lado de algo que queríamos es motivador y el comienzo de un círculo virtuoso.

Qué importa si lo hecho es menor a las expectativas iniciales o desmesuradas. Porque no se trata de mediocridad sino de concretar, de hacer y de alcanzar; en lugar de quedarnos eternamente con las manos vacías en pos de cuentos de hadas en los que nunca damos la talla.

Diana Chiani. Comunicadora, editora y Coach Ontológico Profesional. IG: @milyunrelatos  www.milyunrelatos.com

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