La queja y la crítica, dos palabras que restan

La queja y la crítica, dos palabras que restan

Despotricar a los cuatro vientos sobre lo que está mal sin mover un dedo para cambiarlo nos deja un sabor amargo en la boca, pero el reclamo y la construcción, pueden transformar a positivo estos dos particulares vocablos.

Diana Chiani

Diana Chiani

El espíritu de este espacio tiene que ver con prestar atención al modo en que los relatos que contamos inciden en la construcción de nuestro sentido. Así, el viento no barre lo que decimos y la prueba está en la cantidad de veces que hemos deseado que se llevara nuestros dichos bien lejos.  

Aunque las palabras terminan de adquirir sentido en un contexto –no solo lingüístico sino también histórico, social, económico, de historia personal, etc.- hoy quiero traer dos que por lo general andan juntas a las es difícil encontrarles algo positivo; aunque probablemente lo tengan luego de unos retoques.  Se trata de “queja” y “crítica”.

Quejarse es, según el diccionario, “expresar con palabras resentimiento, disgusto, desacuerdo o inconformidad”. Hay quienes creen que, al hacerlo, contribuyen a mejorar un problema sin darse cuenta que, en su lugar, solo acrecientan el peso de cualquier situación.

Café de pasillo, mesa familiar, a escondidas en cualquier sitio. Escenarios infinitos para quejarnos de la “inutilidad del jefe”, “la desubicación del suegro”, “los desatinos del gobierno”, “el mal estado en que está todo”; por no mencionar aquellos que llegan a criticar algo o sin haber hecho nada o sin conocer los esfuerzos realizados.

¿Nos preguntamos por las presiones del jefe, la historia personal del suegro o las dificultades que pueden tener los gobernantes? No se trata de justificar livianamente -menos en el caso de la responsabilidad que asumen quienes eligen ocupar cargos públicos- sino simplemente de indagar con honestidad qué haríamos nosotros en ese mismo lugar.

Muchos nos enojamos frente a la crítica cuando nos sentimos blanco de ella. Sin embargo, callamos frente a la queja que a veces inunda buena parte de los ambientes en los que  nos movemos y que no sirve más que para tener razón. Sin embargo, estar en lo cierto en nada contribuye a cambiar o mejorar el estado de cosas de las que nos quejamos o criticamos. Ni que decir sobre si la razón nos ha llevado a construir relaciones sanas. ¿Qué ganamos con “acertar” en el descuido del jefe o  el olvido de la pareja?

Redundar en la queja y en la crítica, despotricar a los cuatro vientos sobre lo que está mal sin mover un dedo para cambiarlo nos deja un sabor amargo en la boca. Porque tener ideas maravillosas para los problemas del país o de los espacios donde participamos desde la comodidad de casa, también es quejarse.

Por fortuna, hay un par de variantes o agregados que pueden reivindicar estas dos palabras que, solas, lo único que hacen es restar. ¿Qué restan? Ganas, motivación, alegría, energía, fluidez, cooperación y trabajo; por mencionar las principales.

Así la queja se puede cambiar por reclamo, que sirve para reparar. Muchas veces, en el hacer con otros, las personas (o nosotros mismos) no cumplen con sus compromisos y eso afecta la relación tanto laboral como personal. En esos casos, en lugar de quejarnos con el primero que pasó, podemos realizar un reclamo para poder avanzar o recomponer lo que sea haya quedado trunco.

El reclamo a quien corresponde desnuda, muchas veces, interferencias en la comunicación y sirve para concretar la tarea pendiente, empezar de nuevo o reparar una relación antes de tirarla por un precipicio de malos entendidos y críticas destructivas.

La variante de la segunda palabra, entonces, es la famosa crítica constructiva u oportunidad de mejora. ¿Cuántas veces vemos que alguien puede hacerlo mejor si se diera cuenta de tal o cual cosa? En esos casos, no se trata de señalar el error ni de colocarnos en posición de sabiondos sino de ofrecer con humildad nuestro punto de vista para sumar a alguien que nos importa.

No es sencillo recibir críticas constructivas ya que a veces andamos muy a la defensiva. Tampoco es fácil darlas. Una clave es crear el contexto, pararnos desde el amor y desde lo que nos parece en lugar de creernos los dueños de la verdad.

Y de este modo, dos palabras que por lo general restan, pueden empezar a sumar.

Por Diana Chiani. Comunicadora, editora y Coach Ontológico Profesional  IG: @milyunrelatos www.milyunrelatos.com

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