Adoptó 7 chicos en Añatuya y hoy -de vuelta en Buenos Aires- es madre de 10

Adoptó 7 chicos en Añatuya y hoy -de vuelta en Buenos Aires- es madre de 10

Catalina Hornos dejó Buenos Aires por Añatuya a los 21 años y creó Haciendo Camino, una fundación que busca mejorar la calidad de vida de familias vulnerables en el Norte argentino. Además, es madre de 10 chicos de los cuales adoptó 7 durante los años que paso en Santiago del Estero.

Candelaria Reinoso

En 2006 Catalina Hornos y un grupo de seis amigos viajaron a Añatuya, Santiago del Estero, para conocer de qué modo vivían las personas de parajes alejados a la ciudad. "Necesitaban psicopedagogas para chicos con dificultad en el aprendizaje. En marzo de 2006 me quedé 5 meses ayudando y conociendo a la familia de los chicos y la realidad del lugar. A partir de esa experiencia empecé a juntar voluntarios que quisiera comprometerse para acercar soluciones reales a la pobreza extrema de la zona. Así nació Haciendo Camino", cuenta Catalina, psicopedagoga y psicóloga.

"Esos primeros meses viajábamos con los voluntarios de Buenos Aires al norte, pero en el 2009 me instalé a vivir en Añatuya con 24 años y ahí se inauguró oficialmente la. La fundación Haciendo Camino tiene hoy 12 centros de desarrollo infantil y de fortalecimiento familiar. Por un lado se busca acompañar a chicos entre 0 y 5 años en su crecimiento y desarrollo, previniendo la desnutrición y ayudando a los que ya la sufre. Por otro, apoyan a las madres con capacitaciones en oficios y en la educación para el cuidado de los hijos. 

"Yo venía de un colegio católico, había misionado y había tenido contacto con esas situaciones, pero cuando empecé a conocer más de cerca la historia de las familias y a involucrarme más con la realidad de la gente y compartir sus necesidades, por ejemplo la falta de agua, entendí que no merecía las oportunidades que había tenido si no podía luchar para que otros también las tuvieras. Decidí convertirme en puente para conectar la realidad de la que yo venía -de los que tenían mucho- y la de los que la necesitaban", cuenta Catalina.

Como no había hogares en Añatuya para recibir provisoriamente a los chicos que se encontraban en medio de situaciones legales por femicidio y abuso, Catalina empezó a alojarlos en su casa. "Recibí a muchos chicos pero hubo 7 que estuvieron conmigo más tiempo. Con ellos terminé formando una familia: ellos me eligieron como madre y yo los elegí como hijos. Cuando decidí volver a Buenos Aires los traje conmigo", cuenta.

Catalina conoció a su actual marido cuando ella vivía en Añatuya y él en Buenos Aires. Después de varios años de relación a distancia decidieron que ella volviera a Buenos Aires y trajera a los 7 chicos con ella. Después vinieron sus hijos biológicos. "El nacimiento de nuestros hijos biológicos ayudó a la unión de todos, porque los chicos que nacen en una familia ensamblada no ven diferencia, para ellos todos son sus hermanos. No tengo la tutela de los chicos que traje de Añatuya ya que nunca los declararon en situación de adoptabilidad y, como son mayores de edad, ya no los puedo adoptar. Vivo una maternidad distinta, pero creo que como toda madre uno va a prendiendo sobre la marcha. Primero tienen que aprender a convivir en un espacio diferente del que vienen e ir generando el vínculo con el tiempo, aprendiendo como puedo acompañar  las necesidades de cada uno, que además van cambiando con la edad. Cuando vienen de hogares violentos están muy a la defensiva, con miedo, no entran en confianza con nadie y están inseguros con todos lo que tienen. Muchos de mis hijos ahora son adolescentes, cambian las formas de comunicarse, te cuestionan mucho más, te ponen en evidencia lo que hacés mal, pero también te interpela para mejorar. Hay que encontrar los espacios para dedicarle tiempo a cada uno", explica la fundadora de Haciendo Camino.

Hoy Catalina viaja una semana por mes al norte de la Argentina y además trabajar desde una oficina en Buenos Aires en la parte más administrativa de la fundación. "Sigo muy de cerca a los hogares y acompaño en las decisiones de los casos más críticos, cuando se tiene que involucrar la justicia o en casos de desnutrición muy graves", explica ella. También participa de No No Candidatos, una campaña solidaria que ayuda a organizaciones sociales sin fines de lucro. Es una campaña de comunicación donde 10 organizaciones se juntan, aprovechando el momento político, para demostrar que aunque no se hayan postulado están trabajando de manera comprometida con la sociedad y las necesidades de la gente e invita a comprometerse con alguna de las causas", explica Catalina.

Cuando compara los primeros años ayudando a las familias con lo que experimenta hoy, dice que la maternidad la volvió más sensible a ciertas situaciones. "Me cuesta mucho cuando una madre me llora diciendo que no puede alimentar a sus hijos. Tomo más conciencia de lo que tengo solo por haber nacido donde lo hice y qué difícil es acceder a cosas que para uno son tan básicas. Aprendí a no tener tanto prejuicio, por ejemplo sobre qué es lo que debería hacer la gente. Creo que hay que detenerse y escuchar al otro y entender por qué hacen lo que hacen, no querer imponer soluciones desde afuera que la gente no ve como necesarias. Me pasó de indignarme cuando a una familia le dio negativo un resultado de análisis de Chagas para poder recibir una pensión, pero en realidad la necesitaban para alimentar a sus hijos", relata Catalina.

"Si me preguntás cuándo me convirtí en mamá, no sé", dice con una sonrisa. "Pero te das cuenta cuando sentís que alguien ataca a uno de los chicos y te sale un instinto defensivo, cuando vos querés dar la vida para que ellos estén bien. Creo que fue con los años y ellos me pusieron en ese lugar.  Cuando tuve a mis hijos biológicos tuve que aprender a cuidar a un bebé, porque a los demás nunca los recibí de tan chicos. Lo que me pasaba con los que adopté es que tenía miedo a que me dejaran de querer, o hacer las cosas mal y que ya no me quieran, pero creo que eso pasa solo con los más grandes. No creo que haya sido distinto en cuanto al vínculo entre los biológicos y los adoptados, y fue muy lindo ver cómo se generó la relación entre ellos, esa relación de hermanos a pensar de que cada uno vivió una vida distinta", cuenta la madre de los 10 chicos. 

Además, Catalina participa del Hogar de María del Rosario de San Nicolás, un hogar para hermanos judicializados, donde la realidad es más diversa porque los chicos todavía mantienen la relación con sus madres de origen. "Tienen salidas donde los visitan o van las madres al hogar. En el día de la Madre nos gusta que tengan distintas actividades, salgan, tengan distintas propuestas, porque es un día que los pone sensibles. Intentamos transmitirles que lo que haya pasado en sus familias y lo que motivo a que estén hoy en el hogar no es su culpa, que no tiene que ver con ellos y que pueden lograr una mejor vida, que va a volver a tener una familia. Es importante que entiendan que es un espacio de transición. En cuanto a la maternidad, me gustaría transmitir una como la que tengo: abierta. Ser madre no es ser solamente gestar a un hijo, sino que una puede ser maternal desde distintos lugares", reflexiona Catalina.

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