Abrazo maternal: madres de la Villa 31 asisten a mujeres con embarazos vulnerables

Abrazo maternal: madres de la Villa 31 asisten a mujeres con embarazos vulnerables

Unas 15 mujeres asisten al Hogar del Abrazo Maternal en el Barrio Mugica (Villa 31). Son madres que abrazan a otras en la dificultad, en el dolor y en la alegría. Son historias compartidas de mujeres que celebran la vida.

Florencia Rodríguez Petersen

Florencia Rodríguez Petersen

El Hogar del Abrazo Maternal está justo detrás de la Capilla de Caacupé. Para llegar hay que meterse en la Villa 31 -hoy, Barrio Mugica- recorrer calles y pasillos que separan a la capilla de lugares de referencia como el Ministerio de Educación de la Ciudad, la terminal de Retiro o la Parroquia Cristo Obrero, donde hace tres años los sacerdotes de las villas de emergencia lanzaron este proyecto que acompañan y sostienen. 

“Creemos firmemente en la necesidad de cuidar de la vida humana en todas sus etapas, desde la concepción hasta la muerte”, decía el documento fundacional del Hogar del Abrazo Maternal, un centro para mujeres con embarazos de riesgo o inesperados. Y ese es hoy el espíritu que se respira en el hogar: un abrazo que no cuestiona ni juzga sino que contiene, sostiene y fortalece a las mujeres.

Recibirlas. Abrazarlas. Acompañarlas. Escucharlas. Son los simples, aunque ambiciosos, objetivos de quienes crearon el hogar y día a día lo llenan de vida. El espacio es sencillo: hay una cocina muy amplia que es al mismo tiempo comedor, aula y taller y un salón en el primer piso donde algunos días funciona una guardería donde los niños juegan mientras las madres aprenden oficios. 

Este año las madres del Abrazo Maternal lograron abrir una guardería para que sus hijos jueguen mientras ellas participan en talleres.

La pandemia modificó hábitos y horarios del Abrazo maternal, que hoy -ya volviendo a la “normalidad”- recibe a diario a unas 15 mujeres que buscan alguien que las reciba, las acompañe y las escuche. Y que vuelven, una y otra vez porque en el hogar reciben ese ansiado abrazo maternal. 

Lili Barreto era catequista en la parroquia y es voluntaria en el Abrazo Maternal desde que abrió sus puertas, el 22 de agosto de 2018. “Empecé a ayudar en los talleres. Las mamás venían a la tarde y cuando se iban se llevaban la cena”, recuerda y sigue: “Teníamos solo este espacio y los chicos iban de acá para allá mientras teníamos los talleres. Recién este año pudimos incorporar una guardería”. Junto con Blanca y Carmen hoy es coordinadora del Hogar. 

Para cada historia un abrazo y en cada abrazo una historia

Hay mujeres como Blanca y Carmen que llegaron al hogar buscando ayuda mientras estaban embarazadas. Y otras, como Laura, que llegaron luego de tener a sus hijos. “Hay mamás con hijos grandes. Y no podemos decirles que no. Estamos abiertos para las mujeres que necesitan un abrazo porque están pasando por un embarazo difícil o un momento complicado”, dice Lili. Y cuenta que actualmente hay dos mujeres embarazadas y muchas que ya tuvieron a sus bebés.

“Llegué porque necesitaba un lugar donde alguien me pudiera entender y con quien pudiera hablar de lo que estaba pasando. Tengo una hija discapacitada y todo el día estoy yendo y viniendo con ella”, cuenta Laura y agrega: “Necesitaba ayuda. Encontré lo que buscaba”. 

Lidia es de Puerto Iguazú y también encontró su espacio en el hogar. Más allá de que ahora no trabaja y le sirve la ayuda material (bolsones de comida y pañales) valora especialmente la contención. “Casi no conozco a nadie acá. La gente que conozco son las personas que vienen al Abrazo. Vine de Misiones hace tres años, trabajé dos años con un chino prácticamente encerrada, sin conocer a nadie y la gente a la que conozco es de acá”, comenta. La mayor de sus hijas también fue mamá hace poco y asiste al hogar.

Las madres del Abrazo Maternal se reúnen para aprender oficios aparte de compartir la vida.

Carmen llegó cuando estaba embarazada. Tenía miedo a las críticas y no se animaba a contar su historia cuando llegó. “Me había separado del papá de mis hijos mayores y cuando estaba embarazada falleció el papá de mi hija menor. No quería hablar de lo que me estaba pasando. Había pasado algo muy feo porque los médicos habían querido abortar a Zoe porque estaba enferma. Tenía muchas dudas”, recuerda. “Estaba de cuatro meses y en un estudio el médico vio que venía con problemas y podía tener malformaciones. Fui a esa consulta con mi pareja, él agarró los papeles que nos dieron para firmar, los rompió y me dijo que no íbamos a volver más a ese hospital”, dice. 

Su hija menor, Zoe, nació con Síndrome de Noonam -un trastorno genético que evita el desarrollo normal en varias partes del cuerpo- y tiene estenosis pulmonar. “En esa época se debatía el aborto. Y me decían que yo ya tenía 4 hijos y que para qué lo iba a tener”, cuenta Carmen. 

Un sistema quebrado y la necesidad de unir pedazos en un abrazo

“Hay cosas en las que no avanzamos. Se prioriza más el gasto que le puede ocasionar al Estado un bebé con problemas, pensamos que va a ser mantenido por el Estado en vez de priorizar lo que quieren hacer las familias”, sentencia Lili y sigue: “No es que te dicen: si decidís tenerlo te vamos a acompañar y si no, tenés esta opción. No. En ese caso te dicen todo lo malo. Te pintan un panorama horrible. Yo entiendo que como médicos no te pueden dar esperanzas pero como profesionales lo que deberían hacer es plantearte las dos posibilidades”.

“Lo mismo hacen con los anticonceptivos. No les dan a las chicas más jóvenes las opciones Es como una violación a los derechos, un abuso. Todas las chicas que van a tener su bebé salen con el chip. Las convencen de que es lo mejor pero sin explicarles que igual podrían contraer enfermedades de transmisión sexual, por ejemplo. No las educan. Con tal de que no tengas hijos, no importa nada más”, dice indignada. 

Compartir es la palabra clave en el Hogar Abrazo Maternal de la Villa 31. 

“Nos gustaría tener más acceso a los hospitales, para estudios ginecológicos o de pediatría. Por ejemplo, en centro de salud del barrio hay carteles que dicen: ‘Te acompañamos si querés una Interrupción del embarazo’. Hay mucha ayuda a quién quiere interrumpir su embarazo pero si decidís tenerlo no te dan prioridad”, asegura Lili. “Hay una chica de 14 años a la que conozco del barrio. La mandaron a hacerse la ecografía -porque hay ecógrafo en el barrio- y dijo que quería tener al bebé. Se sintió mal, con dolor de panza, la llevaron al Hospital Fernández y la dejaron horas esperando ahí. En cambio, cuando vas porque te querés hacer una IVE, te atienden enseguida”, acusa. 

En busca de un lugar para el Hogar del Abrazo Maternal

“A veces nos encontramos con cuestiones complejas. La mayoría de las mamás no tienen casa propia sino que viven en alquiler. Y hemos recibido casos en los que les pidieron que se vayan y no tienen para el alquiler. En esas circunstancias tuvimos que rebuscarnos para conseguir un lugar”, cuenta Lili Barreto. “Tuvimos casos de mamás que están en pareja y pasando una situación de la que no se van porque no tienen a donde ir. Nos gustaría tener un espacio para recibirlas y donde se puedan quedar”. 

“Por ejemplo, hay una mamá que viene sólo a buscar comida. en realidad, es una abuela. Su hija venía al hogar y falleció. Fue un femicidio y los chicos quedaron con su mamá”, comenta Lili y antes de seguir con el relato acota: “Por eso te digo que necesitamos un lugar”.

Además de talleres y asistencia, las madres reciben ayuda material para la crianza de sus hijos.

“Esta chica tenía una pareja con la que se había separado. Iban y venían, en realidad. Tenían una casa en Barracas. Vino al hogar con sus hijas. Me contó la terrible vida que llevaba. Un día, en febrero, me dijo que iba a volver a su casa allá porque él la quería vender. Le dije que hiciera una denuncia y que no volviera con sus hijas. Se fue y unos meses más tarde murió quemada”, cuenta pensando en que, de haber tenido un lugar donde alojarla, la historia podría haber sido distinta. 

Recuerda también el caso de una chica de Bolivia. Sus hermanos la habían amenazado con echarla de la casa si volvía a quedar embarazada. Y en cuanto confirmaron su embarazo, en el centro de salud del barrio quisieron que abortara. “Se pedía el aborto para que la mujer pudiera decidir. Pero no se respeta el derecho a la decisión. Si querés una cosa te apoyan y si querés la otra te abandonan. Nosotros estamos para acompañar a las mujeres. Ella vino a hablar y la acompañé a hablar con su mamá que lo entendió. Al final, no la echaron. Vino acá, no sabía leer ni escribir. La ayudamos y ahora está yendo a la escuela”, explica Lili. 

Día a día las voluntarias del Hogar del Abrazo Maternal hacen vida el espíritu con el que fue fundado este centro, el primero de un proyecto que quiere cobijar y empoderar a más mujeres. "En nuestras propias Capillas dispondremos de un lugar adecuado para que puedan estar durante el día, almorzar, merendar, descansar, recibir cariño y contención, formación y orientación ante cada situación", decían los sacerdotes de las villas de emergencia cuando abrieron las puertas del Hogar del Abrazo Maternal. Un ideario que se hace realidad cada día y que las protagonistas resumen en pocas palabras: “Estamos para abrazar a la mujer”.

"Caminamos por todas las mujeres que necesitan ese abrazo", decían las remeras que las madre del Abrazo Maternal usaron en la última peregrinación a Luján.

 

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