Pandemia a la mendocina: la triste y dolorosa historia de Omar

Pandemia a la mendocina: la triste y dolorosa historia de Omar

Esta es la historia de Omar o de los sufrimientos que no tienen corona. La pandemia nos puso entre las cuerdas y acaparó nuestra atención, pero hay historias paralelas, horizontales y transversales que están teñidas de dolor. La de Omar es una entre las tantas. Te la contamos.

Cecilia Ortiz

Me acuerdo que cuando era chica había unos libros que se llamaban “elige tu propia aventura”. En ellos, el hilo principal de la historia daba la posibilidad de elegir a qué página saltar para ir configurando la trama que uno quería. Así, la misma historia tenía distintos matices y desenlaces. Pero de ninguna manera el camino que elegíamos anulaba a las otras historias posibles.

En la vida cotidiana podemos encontrar también esa chance. Suelen haber temas candentes y cada uno va eligiendo por dónde enfocarlo y a qué atenerse. El coronavirus acaparó nuestra atención y lógicamente, porque implica riesgo de vida. Nuestro cerebro enciende una alarma y nos mantiene alerta.

Y, si bien es cierto que este virus hoy nos tiene en vilo, gravita a su alrededor un despliegue de historias que reclaman mirada y contención. Porque hay otros dolores, otros sufrimientos, otras toses, otras fiebres y otras necesidades enmudecidas bajo barbijos de indiferencia, de negación, de omisión.

La historia de Omar condensa muchas otras crónicas que están sucediéndose bajo la sombra opaca del COVID 19. Y esto comienza así: mi hija Agustina, generación Z con alto compromiso social, me mostró una imagen que patentizaba un relato y me dice “mamá, hay que hacer algo”.

Tomé contacto con la familia del protagonista. Fruto de esa charla se desprende esta triste secuencia de hechos:

Omar cumple el 3 de abril 37 años, tiene síndrome de Down y una vida llena de arte por donde se la mire. Concurre a Apando, donde hace teatro, baila, canta, hace deporte. Además, ayuda con las tareas de la casa y, según dicen, siempre está contento y es súper cariñoso, aditamentos que solemos encontrar en la trisomía del cromosoma 21.

Omar no posee obra social y hace algunos años fue dado de baja de PAMI. El 26 de diciembre del año pasado ingresó al hospital Lagomaggiore con diagnóstico de trombosis. Quedó internado porque aparecieron unas manchitas en sus pulmones que, tras estudios, recibieron el diagnóstico de tuberculosis. Recibió una pesada carga de medicación para tratarla.

Hace un mes se quebró la cadera. Volvió al hospital y, después de una nueva montaña rusa de estudios, le diagnosticaron cáncer de pulmón, que había conducido a metástasis en cerebro y huesos. Aconsejaron prótesis de cadera y cuidados paliativos, además de contención psicológica. Debían esperar a que los llamaran para indicarles cuándo comenzarían con ese tratamiento. Mientras tanto, calmantes, morfina y a su casa, porque las camas deben estar disponibles para los casos de coronavirus.

Omar no entiende mucho que le pasa, sólo llora de dolor, vomita por la medicación y pide a gritos que alguien lo ayude. Sus familiares no saben qué hacer para parar este sufrimiento que implora agonizante una solución.

En el hospital les explican que la prótesis de cadera no llega aún y que hoy la prioridad son las víctimas de la pandemia. ¿Será que la pandemia de carecer de recursos, no tener obra social, sufrir de cáncer terminal no alcanza para recibir atención? Porque el caso de Omar no es el único.

Verlo llorar perfora muy hondo en la emoción, como calan la incomprensión y la impotencia. Omar es un ser humano como cualquiera de nosotros. Todos los que hoy subimos frases hermosas y floridas en las redes sociales anunciando que esta crisis nos va a hacer cambiar, nos va a convertir en personas más solidarias y empáticas, tenemos posibilidad de empezar a entrenar desde ahora, con estos casos de emergencia social.

Ojalá Omar ya no sufra y ojalá todas aquellas historias que se reflejan en esta, encuentren también otro final. Después de todo, estamos a tiempo de elegir otra aventura.

Cecilia C. Ortiz / Neuropsicóloga / licceciortizm@gmail.com

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