Fin del ciclo presidencial y democracia: lecciones de la historia

Fin del ciclo presidencial y democracia: lecciones de la historia

Agitar el relevo presidencial es anular la esperanza de construir un futuro.

José Luis Jacobo

José Luis Jacobo

La caída estrepitosa de un gobierno alejado de la sociedad aumenta las críticas, y surgen voces que postulan de manera irresponsable «esto así no va más». Esta incapacidad de soportar los tiempos institucionales ha llevado a nuestro país a un atraso significativo en los últimos setenta años. El debate cultural entre una nación autocrática o democrática y con valores cívicos está llegando a un punto crucial que decantará en el próximo cambio de gobierno.

Por tomar un punto próximo en el tiempo, en 1975 se producía un golpe en contra de la conducción de la Fuerza Aérea, que provocó el desplazamiento del brigadier mayor Héctor Fautario, un jefe militar que se oponía al golpe de Estado. Fautario comandó el mítico primer viaje transpolar que unió a Argentina con Nueva Zelanda en 1973, con escala en la base Marambio, en la Antártida Argentina. El golpe implicó la toma de aeroparque y un alzamiento generalizado de toda la fuerza, que miró sin participar. El rostro visible de este alzamiento fue el brigadier mayor Jesús Orlando Capellini quien, junto a un grupo de insurrectos, secuestraron a Fautario y a su estado mayor cuando estaban por partir a Córdoba desde Base Morón.

El alzamiento se comunicó con un bando emitido por Radio Rivadavia en donde se pedía la deposición del gobierno de María Estela Martínez viuda de Perón y la asunción al poder de las fuerzas armadas. Fautario fue reemplazado por Orlando Ramón Agosti, quien completó la troika golpista. El justicialismo en tanto maniobraba para evitar el golpe, pero la posición de las fuerzas armadas era irreductible: o asumía Ítalo Argentino Luder a la presidencia, o tomaban el poder.

Ricardo Babín, en soledad, pedía: «tenemos que llegar a las elecciones, aunque sea en muletas». No fue escuchado. Quienes sí tenían en claro lo que iba a ocurrir, fue la Embajada de Estados Unidos. En un cable desclasificado, le señalaban al Departamento de Estado: «Hay un vacío de poder y no es ella (Isabel) quien lo llena. Puede sucederla un nuevo gobierno encabezado por Luder o alguien como él, pero la señora de Perón no es más el centro de la ecuación. El país está pronto a colapsar como para ser salvado por un gobierno débil o un parche, aunque este sea constitucional. Es inevitable que las Fuerzas Armadas tomen el poder, ya sea directa o indirectamente porque son el único sector fuerte».

Desde ese entonces han pasado 46 años. Estamos también a punto de cumplir los 70 años desde el golpe militar de 1943, impulsado por el Grupo de Oficiales Unidos (GOU), de clara afiliación fascista, que derrocó al de de Ramón Castillo, el último gobierno conservador, cerrando el ciclo de la llamada Década Infame. Edelmiro Farrel asumió la presidencia, designando a cuatro vicepresidentes, entre los que se contaba Juan Domingo Perón.

Estamos ante un ciclo que debe cerrarse en 2023: el 10 de diciembre del próximo año debe surgir, desde las urnas, un gobierno legítimo. Todas las voces que claman que esta presidencia está terminada, que citan la ausencia de poder del presidente y sus conflictos con quien lo empoderó —la actual vicepresidenta—, buscan repetir este círculo, y obtener un final que, hacia adelante, pueda narrarse como una tragedia de las clases populares.

Sólo un cambio de gobierno surgido de la urna, y no el agitar los hechos, buscando precipitar el relevo presidencial, puede ser garante de un futuro por construir.

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