Miserias de una clase política, a orillas de un mar de desencanto e incertidumbre

Miserias de una clase política, a orillas de un mar de desencanto e incertidumbre

Mientras las dos coaliciones políticas se enfrentan por las PASO y se hunden cada vez más en sus internas, la sociedad sigue en el tobogán de la pauperización.

Nicolás Attias

Nicolás Attias

Ahora la obsesión kirchnerista es eliminar las PASO y en esa misión los argumentos importan poco mientras suenen bien. La invención de Néstor Kirchner luego de la humillante derrota ante el empresario Francisco De Narváez ya cumplió su ciclo de vida y le dio más desilusión que alegría al peronismo gobernante. Por eso, este artefacto electoral debe ser desactivado como sea y el poroteo está al rojo vivo en el siempre dispuesto mercado de voluntades de esa feria persa llamada Congreso de la Nación.

Uno de los escenarios que más inquieta a Cristina Kirchner es la diáspora que puede acelerar una temprana derrota en las primarias fijada por el cronograma electoral para agosto próximo. Entonces, más allá de las causas de fondo que agobian a la sociedad argentina, de la inflación que marchita los salarios, de la pobreza que embarga el destino, de la orfandad política que corroe la esperanza de millones que solo atinan a enfilar para Ezeiza, nuestra clase política se ensimisma en objetivos minúsculos para mantener la parcela de poder. Ninguno da la talla de estadistas, solo aspiran a conservar el acceso a la caja de todos para seguir engordando sus privilegios.

Y mientras el peronismo vuelve hacer lo que mejor hace, cerrar filas detrás de la jefa cumpliendo ese añejo verticalismo, en la orilla opositora el show de la interna al rojo vivo no para. Con promesas de partirse la cara, con los radicales que añoran volver a vivir los dorados años alfonsinistas aunque ellos nacieron para hacer el internismo, con el oráculo inmaculado de Lilita desplegando y dando señales de vida ante un escenario que preocupa. 

El circo de la política argentina está más devaluado que el peso pero a ellos no les importa. Siempre les funciona la maquinita de emitir leyes a medida, nunca se quedarán sin reservas en sus cajas públicas que cuidan con puño de hierro, y siempre habrá un mercado paralelo de la política para comprar bancas, votos y aliados ocasionales que voten en nombre del conchabo, jamás de la patria.

Claro que los millones de laburantes, de personas que quieren vivir en este bendito país, que se la rebuscan cada día para hacer malabares con los ingresos, para que sus familias puedan tener un atisbo de esperanza, no saben de rosca, internismo o vedettismo político, ni mucho menos de todas las trapisondas (aunque las sospechan) que anidan detrás de la declamada suspensión de las PASO para "ahorrar el dinero de los argentinos" o de la batalla de cartel entre Horacio Rodríguez Larreta y Mauricio "Para qué" Macri.

Realmente, es lamentable ver la profunda desconexión entre la dirigencia argentina y la sociedad, cuando los más recientes y calificados focus group arrojan que un dato llamativo de estas muestras no tiene que ver con la resignación o la apatía de los consultados respecto de la política, o la indiferencia frente a este  o aquel candidato. Lo que más llama la atención de los investigadores sociales que realizan estas encuestas tiene que ver con que cada vez son más las personas que se quiebran ante la imposibilidad de comprarle un helado a sus hijos el fin de semana siguiente. La pobreza y la desesperación son malas compañeras en época de profunda crisis. De ese cultivo pueden surgir las peores tormentas.

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