El factor Cornejo: cómo impacta su idea de volver a ser gobernador y las demandas insatisfechas de Mendoza

El factor Cornejo: cómo impacta su idea de volver a ser gobernador y las demandas insatisfechas de Mendoza

Alfredo Cornejo construye su posible candidatura para retornar a la gobernación. Cómo lo toma la política y otras instituciones. Los antecedentes de otros intentos y la paradoja radical. La duda sobre la demanda electoral insatisfecha y los problemas de Mendoza.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

picardi@mdzol.com

En el salón de los gobernadores de Mendoza que está en la Legislatura, donde están los retratos de todos los mandatarios provinciales, hay dos señales de la historia reciente. La primera, que es una marca política registrada, es que “no hay figuritas repetidas”. En la provincia no hay reelección, por lo que no se repiten los mandatarios. Pero además tampoco hubo regresos, salvo el caso de Francisco Gabrielli. La otra señal es la que da José de San Martín, que estuvo a cargo de la gobernación antes de que fuera gobernación y demostró que el tiempo es una variable relativa; en dos años dejó su impronta para siempre en la provincia.

Alfredo Cornejo tiene un objetivo político que también habla de resiliencia: ser el primer dirigente político que logra ser gobernador dos veces a través del voto desde el retorno de la democracia y romper el corset que tuvieron los radicales para mantenerse en el poder. Los tres mandatos consecutivos de un radical y que dos sean de él, convirtiéndose en una especie de neo caudillo en la provincia que se arroga de tener una vida institucional diferente al resto. No sería el primer radical que lo intenta y hay fracasos en el camino.

El cuadro de San Martín resalta en la Legislatura.

Le pasó a Roberto Iglesias, que fue gobernador una vez e intentó volver en otras dos oportunidades. Dejó el cargo en 2003 con buena imagen y cuatro años después fue candidato cuando la UCR se partió y él se quedó con el sello, pero los votos se los llevó el peronismo con Celso Jaque a la cabeza: la Concertación tuvo otro candidato radical, Cesar Biffi, quien sufrió la división de la UCR. En 2011 Iglesias volvió a ser candidato y lo fue presa de la estrategia política de Cornejo, quien era su enemigo y se transformó en el circunstancial aliado. Fue el año del “huracán Cristina”, que arrasó en todos lados con el 54% de los votos y logró que en Mendoza el PJ mantuviera el poder a pesar de la mala imagen del Gobernador. Fue la época del “cortá boleta”, cuando los radicales se avergonzaban de su candidato a presidente, Ricardo Alfonsín. Cornejo tenía claro el escenario, dejó “competir” a Iglesias a cambio de quedarse con el partido, el armado de la listas con legisladores que le respondieran; más poder interno y un camino hacia el 2015 mucho más allanado.

Apoyos y temores

¿Qué piensa la política sobre la reelección alterna de Cornejo? En el radicalismo cornejista responden con una paradoja: aunque sería una refrenda de su poder, aseguran que es el “único con autoridad para renovar” el Gobierno; un oxímoron. El exgobernador mantiene un equipo fiel que trabaja en las segundas y terceras líneas del Estado, un grupo que comenzó a gestar cuando fue ministro de Gobierno en 2003 y luego de Seguridad, hasta 2007 y que desde 2015 se expandió enormemente, logrando una enorme capilaridad en todo el Estado y las organizaciones. Por eso el jefe radical tiene acceso a información privilegiada; un virtual tablero de comando que no tiene otro dirigente. También un "tablero de mando", pues además de los datos, está la influencia sobre las decisiones. 

En la oposición dicen temer, pues si Cornejo ya tiene bajo su órbita buena parte del control de las instituciones de Mendoza, el retorno al cargo podría potenciar esa impronta. Incluso esa visión es compartida por algunos dirigentes radicales que no están aliados con Cornejo, como Ernesto Sanz. 

Una de las principales virtudes que tuvo el gobierno de Rodolfo Suarez y el liderazgo de Cornejo es haber disimulado, al menos por ahora, las diferencias entre ambos. El aprendizaje del quiebre de 2005, del que el Senador nacional fue eje principal, parece haberse hecho carne. Cornejo y Suarez tienen serias diferencias, pero no rompieron ni romperán el acuerdo que tienen para sostener el “bien superior”, que es mantener el poder. El exgobernador cuestiona el ritmo de gestión de su compadre sancarlino, y el actual mandatario suele tener quejas aireadas sobre la omnipresencia del expresidente de la UCR. Que que friccione, pero que no se rompa y, sobre todo, que no se note. Esa es la idea de ambos. 

La otra máxima que entiende Cornejo, y también otros candidatos como De Marchi, es que el equipo de gobierno está oxidado. El Gobierno necesita 300 personas para “arrancar una gestión”, aunque en el día a día son más. Aunque el gobernador no tiene reelección, en Mendoza los funcionarios del Ejecutivo sí la tuvieron; aún los que tienen un aplazado en su desempeño. Los cornejistas se aferran a un concepto que les resultó en 2015: pensar en procesos. 

Demandas insatisfechas y datos que son amores

Los datos son amores para los políticos y mucho más los que arrojan las encuestas. El último sondeo realizado a pedido del oficialismo mantiene las tendencias: Cornejo y Suarez son los que mejor miden y no es una novedad, pues salvo los casos de Jaque y Pérez, los gobernadores de Mendoza siempre han tenido buena imagen. Le siguen en la lista Ulpiano Suarez, que capitaliza la vidriera de la Ciudad de Mendoza (algo que también es recurrente pero que no siempre se transforma en votos, como le ocurrió a Víctor Fayad) y luego Tadeo García Zalazar. La principal amenaza al poder radical está dentro: Omar De Marchi, el dirigente del Pro que construye su candidatura sin pausa. La suma de dirigentes del PJ llega al 30%, que no es un dato menor: los consultores creen que es el peor momento histórico de ese partido en Mendoza, pero aún así tiene un piso desde donde crecer.

El panorama electoral local tiene una incógnita. En las elecciones del 2021 comenzaron a verse las primeras señales de la demanda electoral insatisfecha de la provincia, algo que en 2023 podría potenciarse. Cambia Mendoza perdió algo de caudal y eso volverá a ocurrir el año que viene, cualquiera sea el candidato. El Frente de Todos no es el mejor posicionado para recoger ese caudal (al menos por ahora). La dispersión de partidos, junto con la falta de nuevos liderazgos genera un escenario inquietante. El año pasado hubo una “anomalía electoral” producida por la impericia política de quienes conducen los partidos chicos; pues hubo un tercio de la población que no votó a ninguno de los frentes grandes y sin embargo no tienen representación en ningún lado. Voto en blanco o atomización en fuerzas políticas sin relevancia, terminaron con una legislatura sin matices y con un control del oficialismo que no necesariamente representa lo que pasa en la calle.

En la búsqueda de captar esa demanda insatisfecha desde Cambia Mendoza volverán a tratar de sumar a todas las fuerzas políticas que puedan dentro de esa ecléctica alianza. El mejor posicionado para hacerlo, sin embargo, es Omar De Marchi, quien ya tiene una sinergia de trabajo previo con algunos partidos chicos, algunos de los cuales difícilmente entren a Cambia Mendoza (por voluntad propia o por la veda de la UCR). El radicalismo, mientras, buscará mantener el control político de esa alianza para tener bajo su mando el armado de las listas.

Pero hay otras demandas insatisfechas mucho más urgentes. La visión culposa que tiene hoy la política sobre lo que hacen y lo que la sociedad demanda tiene que ver con la crisis aguda que ni el gobierno nacional, ni el provincial logran resolver. No está mal pensar en proyectos de gestión y de poder, pues quien asuma en 2023 debería hacerlo sin margen de improvisación. El problema es que la timidez los aborda cuando deben hablar de qué y cómo, más que de quién.

Mendoza ha logrado equilibrar sus cuentas, por ejemplo, algo que la Nación no. Pero aparece un nuevo escenario: estados (provincial y nacional) ordenados y con recursos, pero con una ciudadanía que no mejora su calidad de vida. Cuentas ordenadas (un capital que por suerte podría ser intangible), ahorros y plazos fijos a nombre de municipios y el gobierno, pero con una actividad privada cada vez más diluida. La provincia tiene una historia económica positiva por su diversificación, el sector privado potente y la innovación. En las últimas décadas eso comenzó a cambiar. San Juan y Neuquén, por ejemplo, son dos provincias que crecieron más que Mendoza, pero dependientes de una sola actividad; la minería y el petróleo. Aún así, tienen más ojos encima para invertir. El gobernador Uñac, por ejemplo, reunió hace poco a las empresas mineras que invierten en la provincia y la diversidad de capitales llama la atención. A Gutiérrez, de Neuquén, le ocurre lo mismo con el petróleo. Acá, también por seguir esa línea, cuando se menciona la industria petrolera solo YPF aparece con datos relevantes. En minería, no hay inversores potentes y el Estado ha tenido que rescatar a los dos proyectos autorizados por la ley. Y será el Estado el que tendrá en los próximos dos años la oportunidad única de relanzar una estrategia productiva para la provincia, con recursos disponibles.

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