Tiro en el pie: las leyes laborales destruyen el empleo y el trabajo

Tiro en el pie: las leyes laborales destruyen el empleo y el trabajo

El abogado especialista en derecho del trabajo y magister en empleo, consultor de la OIT y con más de una década de experiencia en el vínculo entre empleadores y trabajadores, explica para MDZ cómo las leyes laborales tienden a destruir el empleo y pulverizan a las pymes.

Juan Pablo Chiesa

Juan Pablo Chiesa

En la actualidad, el mercado del trabajo está transitando tres problemáticas desde el punto de vista de la escasez de políticas de empleo, la falta de calidad de trabajo y por último la demoledora inseguridad jurídica. Las pymes, que son el motor de la economía de nuestro país y el 85% de la generación de empleo, viven a diario determinadas contiendas que trastornan la vida cotidiana dentro de una fábrica, un local, una empresa administrativa, todo un conjunto de bienes y servicios para la producción y el empleo.

Pero, por qué cuesta tanto emprender, ejercer el comercio, abrir una fábrica, un local, generar empleo genuino y un gran dolor de cabeza, por qué tanto conflicto laboral. ¿Que está sucediendo en el mercado del trabajo, en las relaciones individuales entre trabajadores y empleadores y en la justicia laboral que tanto destruye a las pymes y a los trabajadores?

Primero, mi experiencia me lleva a analizar que en nuestro país jamás hubo una idea o proyecto político concreto, eficaz y objetivo, en materia de políticas de empleo y peor aún, la consecuencia de esta negligencia e inoperancia política es el resultado de tener una veterana y vetusta legislación, no solo de fondo, sino también de normas complementarias en lo referente a la regulación de relaciones individuales del trabajo, como así también en materia general.

Cuando me menciono una norma de fondo, me refiero a la Ley de contrato de Trabajo 20.744 que, por la ineficacia, obsoleta y atrasada regulación, ni siquiera tiene rango de codificación, como sí los tienen, otras materias.

Esto provoca que esta ley, de más de 40 años sin aggiornarla, sea absurda y desactualizada a la realidad que el siglo 21 y la modernización trajo al mundo del trabajo. La velocidad en que la realidad en materia de trabajo y empleo envuelve al mundo y los países desarrollados, hace que esta legislación laboral argentina sea un escombro en el crecimiento de la producción y el trabajo.

Por ello, lo que sucederá en el mercado laboral y en las relaciones laborales, todavía tiene un gran componente de incertidumbre, por el avance de la tecnología, la globalización, el uso de nuevos formatos digitales y claro está, la desidia e ineficacia de quienes gestionan las políticas públicas.

Lo antes posible las normas laborales tienen que adaptarse a estos cambios, ya que, de lo contrario, quedan obsoletas, generando profundos vacíos legales.

El mundo cambia, el trabajo cambia, los trabajadores cambian, será importante que las normas laborales también cambien, claro está, siempre respetando los principios esenciales del derecho laboral, cuidando al trabajador y al empleador al mismo tiempo. Es inevitable y apremiante que todo gobierno de turno le dé prioridad y estreno a un proceso de actualización, modernización y efectividad a las políticas públicas de empleo.

Segundo problema, la calidad del trabajo es decadente. Esta técnicamente comprobado que la calidad de trabajo y la capacidad de producción de una persona tiende a disminuir con el trascurso continuo de horas de labor en exceso. Por ello, en la evolución de las normas legales, máxime de índole internacional, se visualiza una marcada tendencia a la disminución del límite semanal de 48 a 40 horas.

El Convenio 47 de la OIT establece una jornada máxima de 40 horas semanales, en consonancia con los países más industrializados y con aclaración que ello debía ser aplicado de forma tal que no implique una disminución del nivel de vida de los trabajadores. Argentina no ratificó este convenio ni adhirió a sus recomendaciones. Situación actual: tiene una de las jornadas más altas del mundo.

Gran parte de la falta de calidad en la mano de obra y la adaptación a la modernización y al futuro del trabajo es culpa de sindicatos que no capacitan y empresarios que no se adaptan a la dinámica del mercado laboral actual. El conocimiento está disponible en internet.

El mundo está cambiando tan rápido que para el momento en que los nuevos estudiantes terciarios se gradúen, mucho de lo que hayan aprendido será irrelevante. Y esta situación pasa exactamente en el mercado laboral, si no contas con leyes dinámicas que se adaptan a la velocidad del mercado el trabajo, quedas fuera del sistema laboral.

Con esto quiero decir que el conocimiento y la experiencia no son más lo principal. Lo primordial es la habilidad para aprender, para aplicar esos conocimientos en nuevos escenarios laborales y la disponibilidad para adaptarse a una realidad cambiante. La riqueza de un país radica en su gente que trabaja. Al respecto, he sido siempre claro y contundente cuando dije que el futuro no perdonará a aquellos países que abdiquen del conocimiento y de la tecnología.

Por último, tenemos el gran interrogante del por qué vivimos en tanto conflicto. Todo el tiempo el sistema se alimenta del conflicto “trabajador – empleador” y no podemos ponernos de acuerdo en la búsqueda de una justa composición de intereses que haga más ameno este vínculo al servicio del trabajo y el desarrollo económico.

Mis años de experiencia en el campo del mercado del trabajo y mi incansable búsqueda de eliminar el conflicto y buscar equilibrar la relación entre trabajadores y empleadores, me llevaron a tener un enorme conocimiento y experiencia en el campo de las leyes laborales y las pymes.

La autonomía de la voluntad de las partes, desde el inicio, desarrollo y desvinculación de toda relación laboral es medular para el comienzo de la radiación del conflicto y la alimentación de unos pocos que solo les interesa terminar con eficaces políticas de empleo y modernización al futuro del trabajo.

El conflicto provoca desnutrición al trabajo y al empleo genuino. El pleito genera desventaja a los que día a día quieren emprender y ser parte de algún proceso productivo donde la capacitación constante es eje del desarrollo productivo. Adaptar las leyes laborales de manera equitativa y lineal es un deuda pendiente que los que nos especializamos en trabajo y empleo debemos saldar en beneficio, no del trabajador y del empleador, sino en beneficio exclusivo del trabajo y del empleo de calidad.

Juan Pablo Chiesa es abogado especializado en Empleo y Políticas Públicas, escritor, docente y presidente de Aptitud Renovadora.

Suscribite a mi canal de Youtube haciendo click aqui

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?