Javier Milei aprovecha los dramáticos parecidos entre el Frente de Todos y Juntos por el Cambio

Javier Milei aprovecha los dramáticos parecidos entre el Frente de Todos y Juntos por el Cambio

Alberto Fernández es a Cristina Fernández de Kirchner lo que Horacio Rodríguez Larreta es a Mauricio Macri. Esta comparación surge de los pocos estudios en donde se comparan directamente a estos cuatro dirigentes políticos y dispara la preponderancia de Javier Milei o Patricia Bullrich.

Alejandro Cancelare

Alejandro Cancelare

El juego de las similitudes hace que los dos principales frentes sean tan parecidos, que hasta sus protagonistas asimilan actitudes que dicen combatir y aparecen ante la opinión pública como parte de un mismo problema, y nunca como la solución. Los únicos que no lo perciben son los protagonistas de ambos espacios, mientras que Javier Milei, simplemente tomando distancia de esa "casta", progresa y ya recibe votos de ambos lados por igual. 

Los líderes y creadores de sus respectivos espacios, Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri son tan antagónicos que producen los mismos efectos en sus respectivos frentes. Nadie puede consolidar un proyecto sin sus permisos, sin sus avales y mucho menos sin tenerlos a ellos y sus discursos extremos como referencia. Desconfiados, a los dos también les gustaba tener guardada información de todos, de propios y extraños

A su vez, ambos están representados por personas que nacieron y se criaron en la Ciudad de Buenos Aires, con condiciones y formas que los transformaron casi en copias fieles, en carbónicos uno del otro. Alberto Fernández, el presidente, y Horacio Rodríguez Larreta son, con sus gestos y conceptos, parte de un concepto político que se siente mucho más cómodo lejos de la confrontación y la polémica.

En la pandemia, el presidente y el jefe de gobierno parecían sinceros en sus ganas de trabajar en conjunto, aunque el enviado de la vicepresidenta en la tierra, el gobernador Axel Kicillof, hacía lo imposible para romper esa relación. Lo mismo hacía Patricia Bullrich desde el otro lado. Fernández lo consideraba un “amigo” a Horacio Rodríguez Larreta.

En charlas privadas, antes de la sublevación policial (¿armada?) de septiembre de 2020 alrededor de la residencia presidencial de Olivos, Fernández siempre ponía al jefe de gobierno en un lugar muy distinto al del ex presidente Macri. Y de la misma forma lo hacía el alcalde con él y su relación con la vice.

Como aún no queda claro que Mauricio Macri sea candidato presidencial, Patricia Bullrich cumple el rol de ordenadora moral del PRO, y utiliza los mismos conceptos discursivos que el ex presidente. Su dureza es tal, que no se priva en insultar al jefe de gabinete de su rival interno, el porteño Felipe Miguel, cruzando un límite que nadie sabe cómo se compondrá.

Igualmente, Bullrich también dejó trascender su enojo con el primo del ex presidente con quien se fotografió la semana pasada. “Al final, el gesto fue solo mío… Él no dijo que yo sea su candidata”. Lo mismo le estaría pidiendo a Néstor Grindetti, el intendente de Lanús quien también se lanzó para la gobernación y con quien hoy se juntará en una actividad conjunta.

“Es como si te propusieran manejar un auto alemán… Pero uno empieza con V y el otro con A… ¿Cuál elegís? Aunque salga más caro, preferís el de los anillos. Ahora, si no se encuentra en el mercado, terminamos con la otra marca”, aseguró un operador todo terreno del referente de Lanús.

El problema para Cristina Fernández de Kirchner es que no tiene a su muleto. Ni Jorge Capitanich ni su hijo Máximo o el propio Wado de Pedro terminan de convencer a un electorado tan jugado como pragmático. El único que representa casi lo mismo que ella es Axel Kicillof, quien ya ha dicho que no quiere ir a otro lugar que no sea La Plata el año que viene.

En tren de comparar, a Rodríguez Larreta, al igual que a Fernández, todos le reclaman. Lo hizo Jorge Macri, pero también buena parte de los dirigentes que apoyan su candidatura presidencial. Lo siguen viendo distante, frío y solo respaldado por una inmensa estructura que lo hace práctico pero no querido. La diferencia entre el ministro del Gobierno con el resto es su personalidad y ambición política, algo que no sobresale en el gabinete larretista.

La semana pasada, el propio Diego Santilli tuvo que disculparse con Martín Yeza ante una incómoda expresión de un importante ministro del jefe de gobierno porteño que a su vez conduce buena parte de sus relaciones políticas. “Eso pasa porque sobreactúan una autoridad que no tienen”, graficó un territorial que también, hace tiempo, fue reprendido y reaccionó igual que el intendente de Pinamar.

Herederos en problemas con nuevos jefes que los quieren suceder. Desde Maquiavello hasta estos días, las historias se repiten. Sería bueno que los dirigentes "modernos" no inventen nada, y se pongan a leer El Príncipe, si alguna vez ya no lo hicieron.  

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