Un nuevo fracaso en las encuestas, la corrección política y el voto vergonzante

Un nuevo fracaso en las encuestas, la corrección política y el voto vergonzante

Una vez más las encuestas no lograron detectar el voto antisistema. A Jair Bolsonaro le daban 10 puntos menos de los que obtuvo en las urnas. Al margen de los cuestionamientos de la veracidad de los sondeos, también hay un electorado que no quiere decir a quién vota. El escenario local.

Beto Valdez

Beto Valdez

“Las encuestas son un instrumento de acción política, y como tales reflejan intereses tal como pasa en todo el mundo. Igual nunca se vio una primera vuelta como esta, la gente vota lo que quiere y no lo que dicen las encuestas”, comenta a MDZ el dos veces embajador en Brasil, Juan Pablo Lohle. Gran conocedor de la política del país del norte, hace referencia a mirar con detenimiento lo que ocurrió en Minas Gerais, Sao Paulo y Río de Janeiro.

Otra vez las encuestas aparecen en el centro de la polémica. Pero en esta oportunidad los sondeos brasileños fueron precisos en anticipar el porcentaje que iba a lograr Lula, le erraron en la cosecha electoral de Jair Bolsonaro prácticamente por diez puntos. Más allá del rechazo que genera el actual presidente de Brasil entre los intelectuales (incluso los encuestadores), es muy probable que sea realmente complicado explorar en la opinión pública al votante de un personaje excesivamente polémico que genera una grieta muy profunda.

En los países donde se perciben este tipo de fenómenos suele haber un comportamiento muy particular de parte de los encuestados. Aparece el llamado voto vergonzante. Quizás el primer reflejo de este fenómeno se dio en la Argentina en las elecciones presidenciales de 1995. Los sondeos daban un escenario parejo entre Carlos Menem y José Octavio Bordón, incluso proyectaban un escenario de balotaje que podía favorecer al mendocino.

 

Nada de eso ocurrió y el riojano arrasó en las urnas. Mucha gente, de clase media sobre todo, no se animaba a decir que iba a votar al expresidente que buscaba su reelección. Incluso después apareció el famoso “yo no lo voté”, en alusión a que incluso luego de ese proceso electoral muchos seguían sin blanquear que habían optado por Menem. 

La corrección política sigue vigente en los medios de comunicación y en gran parte del círculo rojo en la mayoría de los países, tal como ocurrió con Donald Trump. Pero ha surgido un nuevo fenómeno incorrecto que seduce a millones de personas en el mundo. Votar por opciones electorales de una derecha populista que horroriza a otros y termina provocando una grieta profunda. Italia con Georgia Meloni e incluso Francia con Marine Le Pen protagonizan este fenómeno en Europa.

Más allá de lo que ocurra en la segunda vuelta de Brasil donde Lula quedó muy cerca del 50% y con serias chances de ser el próximo presidente, el 43% que logró Bolsonaro y sus triunfos en Río de Janeiro, Sao Paulo y Río Grande do Sul, indican que un volumen político realmente inédito luego de mostrar un estilo agresivo, misógino y despectivo con el covid.

Anoche algunos operadores políticos no disimulaban su preocupación por el comportamiento de los electorados. “Hay sectores sociales tan enojados con la política tradicional que nos les importa votar a personajes impresentables”, admite un dirigente de Juntos por el Cambio inquieto por el acto masivo que encabezó Javier Milei junto a Ricardo Bussi el sábado, en San Miguel de Tucumán.

“La recuperación electoral de Milei en las encuestas nos preocupa porque nadie sabe a ciencia cierta cuál es su techo, nos saca votos a nosotros y a los kirchneristas”, sostiene el referente de JxC.

“Ni el PJ está en condiciones de hacer un acto con tantos jóvenes y gente de clase media en Tucumán”, sostiene un operador territorial del PRO. Otros también señalan que Patricia Bullrich también puede sorprender en una primaría contra Horacio Rodríguez Larreta. “Si hoy la gente está enojada con la política tradicional, no me quiero imaginar dentro de un año”, asevera.

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