Reveladores detalles sobre la foto que marcó el trágico final de José Luis Cabezas

Reveladores detalles sobre la foto que marcó el trágico final de José Luis Cabezas

Pablo Sirvén era Editor General de la Revista Noticias cuando asesinaron a José Luis Cabezas. Y fue uno de los que decidió la portada que marcó el final de la vida del reportero gráfico. Sabiendo todo el desenlace, ¿habría optado por no publicar el rostro del empresario?

MDZ Radio

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En 1997, año en el que asesinaron a José Luis Cabezas, Pablo Sirvén era Editor General de la Revista Noticias. La portada que él, entre otros, había decidido el 3 de marzo de 1996 había marcado el final de la vida del reportero gráfico y el inicio de uno de los momentos más turbulentos para aquella redacción. ¿Se arrepiente de esa decisión editorial?, lo respondió en MDZ Radio.

Corría el año 1996 cuando el por aquel entonces ministro de Economía de la Nación, Domingo Cavallo, dijo en declaraciones públicas: "Hay una mafia enquistada en el poder y su jefe es Alfredo Yabrán". La prensa comenzó a buscar al empresario, pero no lo encontraban. Nadie conocía su rostro y él se jactaba de eso.

Alfredo Yabrán habría dicho en su entorno: "Sacarme una foto a mí, es como pegarme un tiro en la frente". Tras un intenso operativo periodístico, José Luis Cabezas encontró al empresario en Pinamar, le apuntó y disparó. Era el comienzo del fin, no sólo de la vida del reportero gráfico sino también de un entramado mafioso argentino. 

Por eso, consultado sobre si se arrepiente de aquella portada del empresario Alfredo Yabrán que sacó la revista Noticias, Sirvén dijo a MDZ Radio: "Es complicada la pregunta, porque si uno dijera que eso evita una muerte, me tendría que arrepentir". Y continuó dando un largo argumento que justifica por qué la respuesta en definitiva es "no".

"José Luis no era una persona politizada, no militaba nada. Era un profesional nato de la foto, hizo imágenes de todo tipo. No tenía una obsesión con Yabrán ni la revista le indicó que lo hiciera. Él lo hizo por motu proprio y porque está en el ADN del periodista/reportero gráfico la cosa casi deportiva de ponerle imagen a alguien que no quiere. Esto es algo que solo los periodistas entendemos, a veces nos arriesgamos por demás por conseguir cosas que queremos develar. Correr velos es algo que nos fascina y muchas veces no medimos bien los riesgos", describió el actual secretario de redacción del diario La Nación.

En decir que, José Luis Cabezas "hizo eso aún sabiendo de algún riesgo, pero en ese momento no lo vivía como una tragedia ni como algo sombrío". Es que había que ponerle un rostro a esa persona que se escondía tanto. De hecho, cuenta Sirvén, después del crimen de José Luis Cabezas, Yabrán cambió su punto de vista y sus estrategias y empezó a dar entrevistas, diciendo que tener poder era tener impunidad y ahí se descubrió todo: su jefe de custodios que se conecta con oficiales de la Policía bonaerense y estos a su vez con una banda de facinerosos del barrio Los Horneros de la Plata.

Entonces, continuó respondiendo el entrevistado, "tuvo un costo altísimo esa foto, pero develó tramas muy mafiosas y de hecho todo el imperio Yabrán cayó con eso. Él mismo cuando se sintió acorralado se pegó un tiro. Entonces en algún punto tampoco se repitieron, fue muy aleccionador para distintas mafias, supieron que asesinar un periodista en Argentina no era gratis".

Yabrán se suicidó un año después del crimen de cabezas y 2 años después de esta portada. 

Haciendo un paralelismo con la actualidad, Sirvén recordó que "en esos años sucedieron 3 crímenes que la sociedad, el periodismo y todo el mundo se levantó: el de María Soledad Morales en Catamarca, el del soldado Carrasco en la Patagonia y el de José Luis. Para las mafias fue un mensaje, se les dijo 'paren'. Ahora no sé, siento que esa gimnasia se ha perdido un poco, se mira para otro lado o se consciente. Pienso en los asesinatos del narcotráfico en Rosario, en algunos delitos que empiezan a ser crecientes en el sur de usurpaciones de los llamados grupos mapuches. Si la sociedad y el periodismo no reaccionan, un crimen de esta naturaleza vuelve a repetirse". 

Volviendo a los 90', Sirvén dijo que ese 3 de marzo "nadie se debatió si había que publicar la foto o no, sino que era lo lógico y la sociedad y el resto del periodismo lo interpretó así. Por eso fue tan firme. De hecho, la Justicia fue muy veloz también y hubo sentencias muy rápidamente. Aunque hoy, 25 años después, ninguno de los 9 condenados están presos".

"Pasaron varios años en la cárcel, pero esa cosa de apelaciones y revisión de fallos que no terminan nunca. Ese tratar de suavizar penas, que después producen reincidencias que son trágicas. De todos modos, lo de José Luis es otra cosa, es un crimen de Estado, de política empresaria. Si bien se usaron elementos de delito común, como era esta banda de Los Horneros, toda esta trama fue hecha desde un lugar muy poderoso de empresarios y con connivencia de la Policía Bonaerense. Muy grave", expresó el periodista.

Una redacción devastada

Sirvén también recordó cómo fueron los primeros momentos tras el crimen de Cabezas y los meses posteriores a su asesinato en la redacción de la revista Noticias. "Tuvimos la sensación de que volvía la violencia política. Dijimos 'esto es un comienzo de algo'. 'Es el primero de nosotros, vendremos después el resto'".

Y contó que los jueves era el cierre de edición de la revista Noticias, que por aquel entonces tenía sede en calle Corrientes y Talcahuano. A las 3 de la mañana, madrugada del viernes, aproximadamente concluían su trabajo. "Terminábamos muy tarde y los remises hacían fila afuera, porque nos queríamos ir juntos. Para mi doblar Sarmiento era un momento de contener la respiración, porque teníamos la sensación de que podían querer redoblar la apuesta. Fueron momentos de mucho temor, porque no sabíamos si era una secuencia de algo o un crimen solo, como terminó siendo".

De hecho, "a la redacción nos marcó mucho. Hasta hubo que poner un psicólogo y hacer terapia de grupo. Por supuesto, los directivos no participábamos para que los fotógrafos, colaboradores y periodistas pudieran hacer catarsis, decir lo que quieran, incluso sobre sus jefes, finalizó. 

 

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