Alberto Fernández convocó a los sospechosos de siempre para salir de una crisis descomunal

Alberto Fernández convocó a los sospechosos de siempre para salir de una crisis descomunal

Perder elecciones no es algo fuera de lo común para la política, pero el kirchnerismo es distinto: un frente creado solo para el poder. Para salir de la crisis Alberto Fernández convocó a los sospechosos de siempre.

Andrés Lombardi

Por Andrés Lombardi / Presidente de la Cámara de Diputados

“Desleal es aquel que se despide cuando el camino se oscurece." R.R. Tolkien

Perder elecciones forma parte inescindible de la trayectoria de vida de cualquier militante político. Grandes demócratas del mundo como Mitterrand, Palme o Alfonsín, perdieron muchas más de las que ganaron. Claro está que hablamos de personas y partidos de la democracia cuyo fundamento liminar de su acción política es la República y el respeto irrestricto a la voluntad de la ciudadanía, expresada mediante el voto.

El sainete en el que metieron al país la semana pasada, no debería sorprendernos. Corresponde al desconcierto de una coalición, de un movimiento, que tiene como principal objetivo y eje aglutinante la conquista del poder y el mantenimiento de ese poder casi a cualquier precio. No importa que sea a partir de un programa liberal, populista, de derecha o de izquierda. De ahí los policromados personajes que, por ejemplo, un año festejan la venta de YPF y al tiempo impulsan su re estatización.

En esa lógica, no es de extrañar luego de los resultados de las PASO, que el gobierno nacional generara una crisis hacia su interior y salieran a la luz las diferencias y la realidad sobre quién y quiénes toman las decisiones. En esa vieja y arraigada costumbre que tiene el peronismo de confundir gobierno, Estado y partido en una misma cosa, arrastraron al país y lo tomaron de rehén una semana.

Reuniones transmitidas en directo, renuncias “a disposición”, autos llegando, funcionarios saliendo, versiones, nombres, audios guionados y una carta pública que bien podría haberse escrito con letras recortadas de distintas revistas y diarios, terminó de darle el color a la asonada. El color oscuro y  siniestro.

Leyenda

En el transcurso de la semana pasada, nadie habló de otra cosa. Nadie habló del triunfo de la oposición sino de la derrota del oficialismo y del caos reinante. En el medio de la vorágine de versiones y especulaciones transmitidas en cadena, casi nadie cuestionó las formas y el destrato hacia las instituciones. Quizás, el recuerdo vivo de la crisis del 2001, hizo que estuviéramos más pendientes de una solución a la crisis que del descomunal desvío de fondos destinados pura y exclusivamente a revertir el resultado del domingo anterior.

Pocos advirtieron que, esta crisis, fue la excusa a medida para darle luz verde a la “creatividad” contable y administrativa del justicialismo con las cuentas del Estado. Con el reciclaje de impresentables y con la preparación de medidas fuera de toda lógica y responsabilidad en el manejo de los fondos públicos.

Los sospechosos de siempre

En nuestra provincia sólo un dirigente del peronismo, Adolfo Bermejo, pareció declarar con alguna racionalidad. El resto, esperaba que los hechos se precipitaran o esperaban instrucciones desde Buenos Aires. Ni siquiera el combativo Lucas Ilardo emitió opinión. Parece que la elocuencia se le termina pasando el Arco de Desaguadero.

Ya en esta semana, la solución a todos los problemas salió como por arte de magia. Los renunciantes no renunciaron y las cabezas pedidas se sirvieron en la bandeja adornada para la ocasión. Se dio por finalizada la pandemia por decreto y la solución “a lo peronista”, se presentó este lunes en forma de un gabinete al que sólo le faltó Keyser Zöse para completar el plantel de los Sospechosos de Siempre.

La formación tiene todos los condimentos necesarios. Un Jefe de Gabinete que obligó a parir a una nena de 11 años y que se apoderó de una de las aceiteras más tradicionales del país; dos ministros que se acusaron mutuamente de fraude electoral, narcotráfico, cobarde, idiota e inútiles, uno de los cuales no pudo ganar ni una interna a concejal en Pinamar;  un pretendido especialista en educación y funcionario multipropósito que perdió todas las elecciones a las que se presentó, y un ineficiente secretario privado a cargo del manejo de las relaciones exteriores del país. Esas son las cabezas, ya nos iremos enterando de los prontuarios de las segundas y terceras líneas.

En medio de esta crisis, Marcelo Larraquy, gran historiador y periodista estudioso de la década del ‘70 y la violencia política, escribía en Twitter: “Compañeros, les recomiendo la lectura de “López Rega, el peronismo y la triple A” para comprender que estamos viviendo un tiempo hermoso del peronismo. Valoren la perspectiva, piensen que antes el peronismo fusilaba a los disidentes!” , en referencia a que antes, la interna peronista se definía tirándose con muertos.

Discrepo en este caso con Larraquy, sí se tiraron con muertos. Con más de 114.000 muertos por covid, los asesinados por las fuerzas de seguridad en la cuarentena, los suicidios producto del encierro, aquellos que murieron por la suspensión de sus tratamientos, aquellos que murieron porque no alcanzaron a ser vacunados, porque se robaron las vacunas. Aunque ningún político del oficialismo murió de covid.

Sí se tiraron con muertos. Pero esta vez no fueron SUS muertos. Los muertos fueron los tuyos.

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