Dudas y certezas que nos dejaron las PASO

Dudas y certezas que nos dejaron las PASO

La crisis política y económica argentina no es un fenómeno novedoso, eso es claro. En estos tiempos, es recurrente la comparación de la situación que atravesamos con los últimos años del gobierno del presidente Alfonsín o la crisis del 2001.

Javier Tarulla

Se analizan variables económicas, se comparan escenarios políticos, se producen diversas analogías con el propósito de descifrar lo que podría esperarse del futuro próximo.

En este sentido, las PASO del pasado 12 de septiembre, por el resultado que arrojaron, trajeron efectos esperables: reacomodamientos en el oficialismo, posicionamiento de liderazgos en la oposición, ganadores y perdedores. Nada nuevo, en teoría.

Sin embargo, todo esto ocurre en una sociedad que ha venido mutando de manera fenomenal en estos casi 40 años de democracia. La actual, es una crisis que se da en un país que lleva demasiado tiempo retrocediendo. La inmensa mayoría de los argentinos afronta cada mañana un nuevo día con demasiadas preocupaciones: sin que alcance el sueldo, o directamente sin trabajo, con los precios en alza, con miedo a transitar por la calle, hasta hace poco sin siquiera poder enviar a nuestros hijos a la escuela. Así no era la Argentina en la que crecieron nuestros padres. En aquel país las cosas eran difíciles, pero posibles. El esfuerzo y la dedicación redundaban en mejoras para la vida de las personas. Hoy ya no es así. Todo se ha vuelto demasiado complicado. Y cada vez pareciera ponerse peor.

¿Por qué?

Hoy existe una distancia cada vez mayor entre gobernados y gobernantes. Pareciera tratarse de historias de vida diametralmente distintas donde no se registra una experiencia vital común. No hay comprensión del otro, de sus necesidades y aspiraciones. Un poderoso proceso de autismo social se extiende cada vez más y compartimenta nuestro país en distintas Argentinas, cada vez más distintas la una de la otra. De allí que no resulta extraño que la campaña haya girado alrededor de comentarios superficiales, estereotipados y prejuiciosos. Es propio de quien no conoce, o peor aún, quizás de quien no ama.

Por esto, nuestra dirigencia política, cegada por la confrontación, no ha logrado establecer soluciones a las necesidades reales de nuestra comunidad, y, por el contrario, le ha asignado prioridad a temas marginales que no atienden los problemas del pueblo, o lo que es peor, los empeoran.

Hay esperanza

Sin embargo, a pesar de todo, Argentina no se resigna y el domingo fue a votar con profunda convicción democrática, demostrando madurez, realismo y voluntad. La sociedad ejerció un voto libre, consciente y decidido que vuelve a señalar que tiene muy claro lo que quiere, o al menos, lo que no quiere. Sin lugar a dudas, el sistema democrático tiene aquí un punto de apoyo sólido para seguir fortaleciéndose. Falta resolver, aún, que hará la dirigencia política, cuál será el papel que cumpla en nuestra sociedad.

En estas 4 décadas, el pueblo maduró y cumple con su parte: participa, elige a sus representantes libremente, marca sus preferencias. Es hora de dar un nuevo paso y estructurar una dinámica institucional y política que esté a su altura. Necesitamos construir una alternativa que logre convocar a todos a un proyecto popular de desarrollo que cuide a los más vulnerables, privilegie el esfuerzo, garantice condiciones de vida digna, premie a quienes se destacan, promueva el trabajo digno, nos devuelva una educación de calidad.

No queda mucho tiempo, los argentinos no podemos esperar más.  

 

*Javier Tarulla es politólogo, profesor universitario, secretario de Extensión de la Universidad de la Ciudad de Buenos Aires y miembro de iPe21

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