Una elección clave dejó en evidencia la crisis terminal del Mercosur
CAF

Una elección clave dejó en evidencia la crisis terminal del Mercosur

Cómo a partir una simple elección de una entidad financiera se puede prever un futuro negro para el Mercosur.

Carlos Burgueño

Carlos Burgueño

Sergio Díaz-Granados fue electo ayer presidente del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), logrando una casi unanimidad de 17 votos a favor y una abstención (Venezuela). La llegada del colombiano fue fruto de un acuerdo diplomático- económico con los operadores de Christian Asinelli, el contrincante argentino que contaba con muchas posibilidades de dar batalla; pero que ya al comienzo de la disputa de ayer sabía que no lograría el apoyo suficiente para vencer a Díaz-Granados.

La oferta de los hombres del ganador fue imposible de rechazar. Asinelli ocuparía la primera vicepresidencia, llamada Programática, con residencia en Buenos Aires y con la tarea de desarrollar políticas estratégicas de mediano y largo plazo en toda la región, para que el banco luego financie. Aceptada la propuesta, Asinelli dejó de lado su postulación e indicó a los países que lo apoyaban que votaran por el colombiano.

Así lo hicieron Bolivia, España, México, Portugal y Trinidad & Tobago; con lo que Díaz-Granados terminó siendo electo. Sólo Venezuela aclaró que no votaría favorablemente y que se abstendría. República Dominicana no estuvo presente en el Palacio Nacional de México, con lo que el vencedor obtuvo 17 apoyos. Terminada la historia, comenzó ya a diseñarse la próxima etapa de CAF, ya con la conducción de Díaz-Granados como titular y Asinelli pensando en el mediano y largo plazo.

Queda ahora el análisis del resultado para Argentina y su política exterior. Es el momento de sacar conclusiones. Dos grupos de votos resultaron importantes para explicar. El primero, el de Perú; país que votó a favor del colombiano, pese a que Alberto Fernández ya había negociado con el presidente electo Pedro Castillo su apoyo a la candidatura de Asinelli. Sin embargo, en ese país aún gobierna Francisco Sagasti, hombre que tiene particular aprehensión contra el jefe de Estado argentino, quién llamó personalmente a Castillo para anticipar su victoria antes que el tribunal electoral peruano ratificara su victoria.

Sabía Argentina que la votación de CAF se daría ayer, casi un mes antes de la asunción de Castillo, con lo cual la negociación debería haber sido con la administración de Sagasti, y no con la del próximo presidente. En síntesis, hubo un error en la estrategia de buscar el voto peruano, país que además, al ser socio fundador de la entidad, tiene sufragio doble.

Más allá del voto peruano, más interesante, e importante para la Argentina, es analizar que pasó con el apoyo del Mercosur a Asinelli. A priori se podría determinar que cualquier iniciativa internacional de los socios del bloque, tendría indudablemente el apoyo de los otros tres miembros. De eso se trata funcionar a nivel internacional como grupo cerrado. Así se formulan los bloques internacionales para tener más poder de presión y presencia a nivel internacional. Más teniendo en cuenta que se habla en el caso de la elección del presidente de la CAF de un escenario latinoamericano, donde Argentina realmente tiene una presencia importante y una voz escuchada.

Alberto Fernández buscaba la elección de Christian Asinelli.

Pensar además que en el mismo bloque está Brasil, el país económicamente más importante de la región, y Uruguay, un estado siempre escuchado en términos diplomáticos; debiera haber provocado que la presencia Argentina en la disputa para conducir la entidad financiera fuera una posición dura y sólida. Más si se descartaban además los apoyos de Bolivia y Venezuela, dos socios fundadores del banco financiero, y de México; la segunda economía regional.

Sin embargo Brasil, Uruguay y Paraguay, votaron sin dudar un segundo por el candidato colombiano. Lo hicieron público ayer tanto el gobierno uruguayo Luis Lacalle Pou como el paraguayo Mario Abdo Benítez; ponderando además las virtudes (que las tiene) de Díaz-Granados, y casi sin mencionar las posibilidades de Asinelli. Semanas antes, Jair Bolsonaro eligió otro método: invitar personalmente a Díaz-Granados a Brasilia a sacarse una foto de campaña, para dejar en claro cuál era su preferencia.

Una primera lectura (la que se hace desde Buenos Aires), es que los otros miembros del Mercosur eligieron aceptar y mantener la tradición de un presidente de CAF proveniente de un estado fundador. La realidad puede ser otra. No es normal que los tres principales socios políticos, diplomáticos y, fundamentalmente, económicos y comerciales de la Argentina le den la espalda al país, en el momento de buscar su apoyo ante terceros bloques o entidades.

La decisión conjunta y abierta de Brasil, Uruguay y Paraguay de darle la espalda a un candidato argentino es inédita. Nunca una candidatura a cualquier cargo o puesto, o iniciativa diplomática internacional de un socio del Mercosur, recibió el rechazo unánime de los otros socios del bloque. Y ahí radica lo importante y peligroso del acto de ayer en la CAF.

El gobierno de Alberto Fernández deberá tomar nota que se encuentra aislado en el Mercosur. Y al punto de recibir una rechazo unánime a una propuesta menor, que en cualquier circunstancia normal hubiera ameritado un apoyo sin discusión. Y no vale la interpretación ideológica, sobre que la negativa del voto positivo de los socios del bloque se deben a que en estos tiempos Uruguay, Paraguay y, sobre todo, Brasil, está gobernado por presidente de ideologías diferentes; y que, cuando se de vuelta la situación y regresen a la conducción de esos países políticos "del palo", volverán los votos a favor.

La clave del éxito de un bloque internacional, es que sea sólido aún con las diferencias ideológicas normales en la vida diplomática contemporánea. El bloque europeo es considerado sólido precisamente por esto. No importa que España, Italia, Alemania, Francia, Holanda, Bélgica y el resto de los socios estén manejados por gobiernos de centroderecha o centroizquierda. Siempre el voto de la Unión Europea (UE) es unánime, sólido e irrefrenable.

No se registran en las últimas cuatro décadas, votaciones internacionales donde Europa haya votado dividida. El Mercosur rompió ayer esa posibilidad. Pero se mostró como es. Un bloque poco sólido y desunido; y, en consecuencia, poco confiable. La pregunta hacia dentro del país (y del gobierno) debe ser: cuán culpable de esta situación es Argentina, y su radicalización.

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?