Alberto Fernández empieza a pensar en el plan para su supervivencia

Alberto Fernández empieza a pensar en el plan para su supervivencia

La probable asunción de Juan Zabaleta al Ministerio de Desarrollo Social por el renunciado Daniel Arroyo, quien irá como candidato a diputado nacional en el Frente de Todos, habilita a pensar en una nueva etapa de Alberto Fernández como presidente. Más áreas para los suyos y equilibrio interno.

Alejandro Cancelare

Alejandro Cancelare

Hace quince días, en uno de los habituales off que tiene este periodista, un funcionario recibió en su Whatsapp una pregunta que le hizo un interlocutor, sobre qué novedades había. "Cuando nos vemos te cuento... Prepará el champú", le respondieron.

Era un martes, pocos días después del tensionante acto en Lomas de Zamora, donde trascendió que al presidente Alberto Fernández no lo habían invitado para participar del anuncio de un plus remunerativo para los jubilados y pensionados. Iba a ir Cristina Fernández de Kirchner, pero no fue. Allí, el anfitrión, Martín Insaurralde, tenía previsto un acto con todo el camporismo como protagonista. Pero quería que Alberto Fernández estuviera.

Al mediodía, pocas horas antes del encuentro en la zona sur del Conurbano, la mesa chica del albertismo, compuesta por el propio presidente, su jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, el ministro Gabriel Katopodis y el intendente de Hurlingham Juan Zabaleta, entre otros pocos presentes, hablaron mucho.

No sólo se fijó una estrategia para mantener a Cafiero como jefe de Gabinete. "Si lo entregamos, después quedamos todos dibujados", sintetizaron, y se comprometieron a mantener la candidatura de Victoria Tolosa Paz contra todas las presiones. Si no alcanzaba con la concejal de La Plata y presidenta de la Mesa contra el Hambre, Katopodis ya había decidido que pondría su nombre en la boleta.

Todos menos el presidente tenían dudas sobre su capacidad de acción y poder de decisión a la hora de negociar con Cristina Fernández de Kirchner. El pasado inmediato lo dejaba en deuda. Cada vez que quería algo, quien lo impulsó a la presidencia terminaba obligándolo a ceder. 

Fue en la noche del martes donde se produjo el encuentro para dirimir la confección de las listas. Y a pesar de haber quedado en claro el planteo de Fernández, su vice y todos los referentes cercanos a Máximo Kirchner insistían en que el mejor candidato era Cafiero. La presión seguía, y nadie se animaba a vaticinar cómo terminaría esa discusión. 

En el almuerzo de hace quince días, hubo algunas certezas que el tiempo dejarán en claro si se pueden cumplir. La primera definición fue que si el presidente no demostraba que estaba dispuesto a asumir el riesgo de imponer sus criterios y defender a su gente, lo que quedaba por delante de su gobierno era todo sufrimiento. 

La cuenta de los "albertistas" es lo que quedó demostrado en el cierre de lista. Máximo Kirchner y Sergio Massa tuvieron el protagonismo por encima de cualquier otra corriente del Frente de Todos. Esta afinidad que se transformó en alianza política desbalanceó al gobierno y dejó en inferioridad de condiciones al presidente. 

La llegada de Zabaleta al Ministerio de Acción Social cumple un primer paso de este objetivo, resistido por otros sectores. Es que el Frente de Todos es un difuso Frankenstein que las piezas se reacomodan como un Transformer. Las alianzas que sirven para una situación se deshacen y reconvierten en la próxima discusión. 

La Cámpora, que tiene más que una diferencia con los representantes de los movimientos sociales, y su rama política más importante, el Movimiento Evita, se ponen de acuerdo a la hora de enfrentar a los intendentes o presionar en otros sectores de la estructura. Ninguno quería que Zabaleta estuviera ahí. 

"Es una caja inmensa la que le están dando", es el argumento que, en términos de poder y manejo, tendría "Juanchi" en el Ministerio. Y que "sumada a la que tiene Katopodis en Obras Públicas, manejan una parte sideral del presupuesto", se quejan Quizás no quieran competencia, teniendo en cuenta los niveles de incidencia que tienen en Desarrollo tanto La Cámpora como los movimientos sociales o los allegados a Máximo Kirchner, que manejan ANSES y PAMI, entre otras dependencias de fuerte flujo económico.

Por esta cuestión y no por ningún otra es que el intendente de Hurlingham aún niega que vaya a ser ministro. "Hasta que no me lo diga el presidente, yo soy intendente de Hurlingham". Sabe de lo que se trata. Hasta último momento, nada está firme en un escenario donde las presiones cruzadas y el poder de veto de la vicepresidente inciden mucho más que la opinión presidencial.

Si bien se prevé una serie de compensaciones por las salidas de secretarios y ministros que dejarán sus puestos en el Ejecutivo para ser candidatos, la presencia de dos intendentes al frente de dos ministerios poderosos abre otra etapa para el presidente y su correlación interna. Si a ellos se suma Jorge Ferraresi, de Vivienda y Hábitat, a quien también le armaron una lista en su contra sectores vinculados a la CTA y el kirchnerismo, Alberto Fernández tendrá más poder para mediar entre las tensiones permanentes.

"No, el albertismo no existe. Pero por lo menos tendrá dos años con más musculatura en el Gabinete para hacer las cosas que todavía no pudo, un poco por la pandemia, otro poco porque 'los amigos' lo frenaban siempre", confesó uno de los que siempre aguarda el "empoderamiento" de Fernández. .

Todavía resta por definir quién reemplazará a Agustín Rossi al frente de Defensa. Si bien era muy factible que en su lugar iría Sabina Fréderic, la actual ministra de Seguridad, nada está confirmado. 

Fréderic entraba dentro de los "funcionarios que no funcionan" de la vicepresidente, aunque en esto CFK no está sola. La acompañan, en silencio, buena parte del gabinete y todos los intendentes del Conurbano, además del ministro de Seguridad de la Provincia, Sergio Berni.

Hace tres meses un grupo de jefes comunales le planteó la idea de reemplazar a su segundo, Eduardo Villalba, por uno de ellos. La idea fue analizada pero chocó contra el planteo de la ministra, quien amenazó con renunciar si le sacaban al funcionario. Quizás ahora podrá volver a aparecer ese planteo. Seguridad es un área que, propios y extraños, sostienen que "debe tener otra impronta". 

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