En Santa Fe, los niños mueren antes de poder ir a la escuela

En Santa Fe, los niños mueren antes de poder ir a la escuela

La triste realidad de los chicos que son víctimas de la violencia narco en Santa Fe.

Amalia Granata

Amalia Granata

Ya era de noche el lunes 14 de septiembre del año pasado en uno de los barrios del oeste de la ciudad de Rosario. Tiziana, de 14 años, estaba lavando los platos en su casa. Daba una mano a su familia con las tareas de la casa, mientras pensaba seguramente en las clases del otro día o en ver alguna serie antes de irse a dormir. De repente, todo pensamiento se interrumpió. Una bala perdida le ingresó por la frente y terminó con su vida.

En enero de este año, Luisina, de 13 años, estaba sentada con sus padres en la puerta de su casa, también en Santa Fe, cuando algunos de los 40 balazos que dispararon contra su casa también terminó por quitarle su vida.

Hace dos semanas, un niño de 8 años tuvo un poco más de suerte, en una balacera, “sólo” lo hirieron en una pierna. Todos en Santa Fe.

Supuestamente eran bandas de sicarios cobrándose alguna deuda. Balas perdidas por razones desconocidas. Lo más probable es que nunca sepamos quién es el responsable, porque en Argentina la primera víctima es siempre la verdad.

Y ojalá sólo alcanzara con identificar a los responsables. Porque ya sabemos que ser condenados no es una garantía de nada. Y que la Justicia muchas veces pareciera jugar en contra de los intereses de la mayoría de las víctimas (qué decir sino del fallo que hace unos días obligó a la policía de devolver autos a los narcos a los cuales se los habían secuestrados).

Historias como estas seguro que rara vez te llegan. Pero suceden más a menudo de lo que parece. La provincia por la cual soy diputada tiene tasas de homicidios similares a los países más violentos del mundo. Sin embargo, pocas veces es tapa o debate nacional.

En estos días que se debate tanto sobre educación, sobre escuelas abiertas o escuelas cerradas, creo que se pierde el fondo de la cuestión. Y es que con los niveles de inseguridad, pobreza y marginación que existe, ya no podemos hablar de la escuela como un factor ordenador de la sociedad.

Entiendo que sea un elemento tentador tanto para Cambiemos como para el peronismo a la hora de usarlo como botín electoral. Pero el problema de los chicos hoy es que viven en un estado de inseguridad extrema (alimentaria, de violencia física, de salud). Es muy lindo hablar de la educación como fórmula esencial para el desarrollo de un país. ¿Quien no está de acuerdo con esa premisa? Obviamente los niños deberían estar en las escuelas, estudiando, progresando…

El problema es que no es magia. La escuela está en un barrio. Y en ese barrio pasan cosas. Hay necesidad, urgencia, desesperación. Hay, sobre todo, falta de esperanza. Y en el medio están los niños y adolescentes con la menor proyección de futuro en la historia argentina seguramente. Y en el medio de todo eso, mucha, mucha droga.

La semana pasada incautaron 400 kilos de cocaína de extrema pureza en una pequeña localidad de Santa Fe, algo que rápidamente el gobierno se apuró en calificar de “histórico” pero suena más que alarmante ya que habla del nivel de narcotráfico que crece sin parar en las entrañas de mi provincia y se va consumiendo tranquilidad, pueblos enteros que antes eran pacíficos y la vida de niños como Tiziana.

A su vez, la hidrovía del Paraná, que toca las costas de gran parte del territorio Santafesino, se está convirtiendo en un lugar de tránsito habitual de drogas mientras la política se pasa discutiendo quien se queda con la “caja” de la administración. 

Cuando ves todas estas cosas y pensás que una provincia cómo la de Santa Fe que tiene un PBI per cápita superior a la mayoría de las provincias, pero las tasas de homicidio de su capital son casi iguales a las de países como El Salvador o Guatemala (y triplican la media nacional) dos de los lugares más violentos del mundo ahí te das cuenta que el problema es quien hace de intermediario, es decir, de los políticos.

¿Pero que qué hizo el Gobernador de Santa Fe? Bancó a un ministro, Marcelo Saín, que decía que el aumento de homicidas “era algo bastante estacional”, que no quería ir a Santa Fe “porque lo cagaban a tiros” y que “era cuestión de Dios” el hecho de que no haya más muertes. Hasta que presionamos una y otra vez para que renuncie como hizo hace un par de meses. 

A su vez, al gobernador le presentamos y reclamamos en reiteradas oportunidades iniciativas para combatir la urgencia de la inseguridad. Y sobre todo proteger la vida de los inocentes que quedan en el medio. Incluía - Uso de pistolas taser y armas no letales para poder neutralizar de forma efectiva amenazas armadas en lugares con mucha gente, inversió en adquisición de Armamento especial para las Fuerzas Especiales o la creación de cuerpos de Policía de Pacificación en Barrios violentos

Todos hablan de Venezuela (modelo aborrecible) pero me preocupa más que seamos México. Donde hoy existen grandes zonas geográficas tomadas por el narco, lugares en los cuales mueren asesinados por igual inocentes, niños, periodistas y políticos. Y no hace falta un gobierno despótico como un Maduro para que suceda, sino que todo sucede en “plena democracia”. 

Cuando sea demasiado tarde, los que gobiernan nos dirán que era imposible evitarlo. “No la vimos venir”. En un país donde la ley siempre fue débil, el narcotráfico y la inseguridad encuentran su lugar ideal para propagarse. 

Hoy muchos niños en Santa Fe ni llegan a tener la posibilidad de ir a la escuela. Porque están muertos.Mientras, la seguridad extrema en la que vive hoy nuestro país no es tema de debate nacional. No aparecen en los titulares. Sólo escucho hablar de internas y candidaturas. O hablando de temas que nada tienen que ver con lo que nos pasa a diario a los argentinos. Todos parecieran saber que quieren un cargo pero no tienen qué podrían hacer una vez que lo obtengan. 

Ojalá estas vidas que día a día se lleva la inseguridad hagan despertar al menos a parte de la dirigencia. Siento que estamos muy cerca de un punto de no retorno cómo país (donde Santa Fe es un síntoma explícito). Si no ponemos lo urgente e importante sobre la mesa, será demasiado tarde para todos, sin importar ideologías ni colores políticos.

 

 

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