La única verdad es la realidad

La única verdad es la realidad

Hay algunos datos que muestran una mejora en algunos indicadores de la pandemia que responden a decisiones políticas sensatas y no tanto a los anuncios del "gobierno de científicos". Las escuelas no son un foco de contagios, sino un lugar para evitar la desigualdad social.

MDZ Política

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La frase originaria de Aristóteles "la única verdad es la realidad", citada por el general Perón y que la tradicional épica argentina exagerada le atribuyera como propia al militar fundador del peronismo, puede ser citada sin duda en la actual situación del país, particularmente con el impacto de la segunda ola de la pandemia.

Con una cantidad aún elevada de contagios diarios y un alto porcentaje de positividad, los últimos días, sin embargo, han señalado un descenso esperanzador que ojalá se consolide y que también sirve para afirmar nuevamente que la realidad real prima sobre la fantasía discursiva, la gestión deficiente y el corporativismo gremial militante. Los gobiernos prudentes y apoyados en profesionales serios y no comprometidos vienen teniendo razón frente al “gobierno de científicos”, el periodismo militante progresista que atrasa y los gremialistas docentes corporativos. La reducción de movilidad nocturna y el mayor y mejor control sobre las fiestas clandestinas han sido el factor clave para disminuir el alto número de contagios a que se llegó la semana pasada.

Escuelas abiertas

No parece ser la presencialidad escolar un motivo de incremento de la contagiosidad. Así lo demuestra el descenso similar en proporciones en la provincia de Buenos Aires y en la Ciudad de Buenos Aires.

Kicillof prohibió la concurrencia de alumnos, pero Horacio Rodríguez Larreta en CABA y Rodolfo Suarez en Mendoza la sostuvieron. Afortunadamente no se produjo la catástrofe preanunciada por el populismo, los gremialistas y el periodismo militante.

No parecen ser los niños los agentes contagiadores y esto es muy importante. La educación es lo que evita que se profundice la desigualdad y que promueve la esperanza de una sociedad mejor. La falta de educación, por el contrario, aumenta la diferencia de posibilidades entre los niños y jóvenes argentinos. Hay que seguir siendo responsables y cautos con la presencialidad y el seguimiento de los indicadores de la enfermedad en colegios y establecimientos secundarios.

Pero la mejora en los indicadores de contagiosidad indican que la gestión prudente de gobernantes políticos y no “científicos”, sin extremismos que preanuncian catástrofes (amplificadas por periodistas no objetivos y gremios politizados y no comprometidos con la educación), es un camino posible y más racional.

Otra vez prevalece la frase “la única verdad es la realidad”, del filósofo sabio griego Aristóteles.

Sin relato, militancia gremial ni periodística. Pero no es triunfo permanente ni concluyente. Se debe continuar atentos, proactivos y cambiar de política si las circunstancias mutan en sentido negativo. Se debe actuar con prudencia y objetividad, sin tapujos ni prejuicios, con el objetivo de preservar el bien común.

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