Sacar lo que pueda: el humilde objetivo de Anabel Fernández Sagasti y el Frente de Todos

Sacar lo que pueda: el humilde objetivo de Anabel Fernández Sagasti y el Frente de Todos

A tres semanas de los comicios hay un crecimiento leve de algunas terceras fuerzas, Cambia Mendoza podria ampliar su diferencia y el Frente de Todos lograría mantener el porcentaje obtenido en las PASO. Para el PJ mendocino la derrota provincial, pero sobre todo la nacional, son un hecho consumado.

Marcelo Arce

Marcelo Arce

A esta altura de la campaña, es difícil dentro del Frente de Todos mendocino alejarse de un clima de derrota. Las últimas mediciones marcan un efecto esperado: las dos terceras fuerzas más votadas en las PASO, el Partido Verde y la Izquierda, terminarían obteniendo algunos puntos más que en la primera vuelta, pero ese crecimiento las mantiene todavía lejos de alguno de los objetivos concretos de conseguir bancas en la Legislatura o en el Congreso. Arriba, la discusión sigue prácticamente igual que en septiembre. Cambia Mendoza podría aumentar su ventaja aunque todavía no logra cristalizarla y el peronismo mantiene el porcentaje que sacó en las internas abiertas. Y esto, para Anabel Fernández Sagasti ya es todo un dato en sí mismo en medio de la debacle.

Después de quedar casi veinte puntos debajo del oficialismo, el FdT trazó un plan que estaría dando algunos resultados al menos. En primer lugar Anabel se concentró en contener el voto peronista que se dispersó tras la falta de acuerdo en algunos departamentos y fue la encargada de salir personalmente a “lamer las heridas” y traerlo de vuelta al redil. Los intendentes que perdieron en Maipú y San Rafael también están apostando fuerte a la territorialidad, alertados por lo que puede llegar a suceder en sus respectivos Concejos Deliberantes tras una nueva derrota. La jugada más importante fue el giro en la estrategia de campaña: el peronismo viró para concentrarse con mayor profundidad en los temas de agenda provincial, consciente de que Alberto Fernández restó más de lo que sumó hasta aquí.

Algo funcionó del operativo contención, aunque el resultado será magro en definitiva. “Es muy poco a esta altura lo que se puede mover la aguja. Estamos en una elección en la que trataremos de sacar lo que se pueda”, admitió amargamente uno de los integrantes de los equipos de Sagasti.



Rodolfo Suarez cerró esta semana su participación activa en la campaña, antes de someterse a una operación por una afección cardíaca que arrastra desde hace un tiempo y que los médicos le recomendaron solucionar ya sin esperar más para evitar complicaciones graves. El gobernador, como le sucede a Juntos por el Cambio a nivel nacional, continúa jugando con los errores del adversario y trata de no apartarse del objetivo que se planteó hace meses: hacer la mejor elección posible acá, para exportar el modelo de gestión de los radicales al resto del país y consolidar un proyecto nacional que lo involucre y que, sobre todo, fortalezca la posición de Alfredo Cornejo en esa intentona.

En el camino, boicoteó una de las pocas cartas de impacto popular que le quedan por jugar a la Casa Rosada para intentar revertir el resultado. Suarez no solo cuestionó la medida adoptada por la Secretaría de Comercio Interior para el control de precios, sino que además sus funcionarios de Fiscalización poco y nada harán para controlar que en los supermercados de Mendoza se cumpla la norma que congeló el precio de más de 1.400 productos hasta enero.

"No es que se trate de una decisión política si fiscalizar o no. Si no hay una norma que diga qué sanción aplicar y no hay un organismo competente, estamos discutiendo sobre la nada. A nosotros, por parte del Estado nacional, nadie nos llamó. Si sale una norma que dice que los gobernadores son los que tenemos que controlar, bueno...pero no hay nada de eso", descargo Suarez.

Argumentos como este y otros que se escucharon por parte de representantes del gobierno provincial tuvieron un formato técnicos, en cierta forma. Pero en el fondo las razones del ninguneo fueron políticas. Medidas tan duras como las que adoptó el gobierno nacional se deberían tomar desde una posición de fortaleza y no de debilidad, para que de alguna manera resulten efectivas. Suarez olfateó esa debilidad del presidente.



Por supuesto que también sabe de esto Anabel. Aunque desde su entorno tienen una visión particular de lo que podría ocurrir en el mediano plazo. “A Alberto ya se lo esperó todo lo que se lo tenía que esperar y los resultados no aparecieron”, sostienen, subiéndose desde aquí al mismo panorama de que la derrota a nivel nacional es un hecho consumado. Sin embargo no avizoran un escenario de ruptura con Cristina Kirchner, ni siquiera una radicalización de la vicepresidenta. Para el kirchnerismo mendocino lo que sucederá, están convencidos, es una reconfiguración interna del peronismo para intentar conservar el poder en 2023.

En este punto el PJ está más  pendiente de lo que suceda después del 14 de noviembre que de la elección en sí misma. Ya se sabe que el resultado del 12 de septiembre pasado, sumado a lo que muy probablemente ocurrirá en menos de un mes, dejará dañado el proyecto político personal de Sagasti para 2023 y se abre la perspectiva cierta de que la senadora apele a su plan B. Es decir, dejar pasar la oportunidad dentro de dos años y esperar a 2027 para volver a intentarlo. El tiempo está de su lado, aunque habrá que ver si la interna del PJ también.

Una ventaja para ella, aunque en realidad es un problema para el peronismo a futuro: hoy, enfrente de Anabel no hay nadie. Seguramente la senadora sacará provecho de esa situación, pero para su partido este escenario es devastador. Con su principal figura tan golpeada por las urnas ¿Quién encarnará un proyecto de poder a futuro en este sector de la oposición en la provincia? Es uno de los interrogantes que dejará una nueva derrota electoral en camino, que contabilizarán casi una docena acumuladas en los últimos años.

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