La apuesta secreta de Juan Manzur de cara a las elecciones de noviembre

La apuesta secreta de Juan Manzur de cara a las elecciones de noviembre

El jefe de Gabinete llegó a la Rosada con una misión clave: repuntar el revés sufrido por el Frente de Todos en las PASO. Esto le servirá para consolidar su poder en Tucumán, pero detrás de ello se esconde una ambición mucho mayor.

MDZ en Tucumán

La noche del 12 de septiembre, mientras festejaba el resultado de las PASO en Tucumán junto a sus dirigentes más cercanos, Juan Manzur nunca se imaginó que las generales lo encontrarían viviendo a más de 1.200 kilómetros de su hogar. Sin embargo, tras haber sido convocado de urgencia por Alberto Fernández, en medio de la crisis interna en el Frente de Todos (FdT), tomó licencia por tiempo indefinido como gobernador, se instaló en el despacho de la Jefatura de Gabinete de la Nación y le cedió el poder de la provincia norteña a su otrora “enemigo íntimo”, el vicegobernador Osvaldo Jaldo. Ahora, el ministro coordinador anuncia programas federales rimbombantes desde la Casa Rosada; encabeza misiones en el extranjero para tratar de dilatar el vencimiento de la deuda con el FMI; y es el principal portavoz del jefe de Estado en esta nueva etapa de gestión. Y con ese salto, también crecieron sus ambiciones

Sus responsabilidades cambiaron, se agigantaron. Y también crecieron sus expectativas con relación al resultado que obtendrá el oficialismo el 14 de noviembre, tanto a nivel nacional como en suelo tucumano. ¿Qué se juega Manzur en los próximos comicios? La posibilidad de ser el médico que salvó al Frente de Todos.

En su pago Manzur tiene un desafío institucional. Tucumán renueva sus tres bancas en el Senado de la Nación y cuatro de sus nueve escaños en la Cámara de Diputados. El conteo final de las PASO ubicó al FdT en el distrito norteño con el 50% de los sufragios totales, un porcentaje que fue producto de la feroz competencia interna entre las listas que lideraban Manzur y Jaldo, quienes por entonces estaban enfrentados en una feroz batalla por la conducción del peronismo local. Así, de repetirse el resultado de las primarias, el oficialismo se quedaría con los dos senadores por la mayoría, mientras que el tercero permanecería en manos de Juntos por el Cambio. Si bien la distancia entre el justicialismo y la coalición opositora ronda los 15 puntos, el reparto de lugares en la Cámara Baja sería equitativo por el sistema D’Hondt: dos para cada uno.

Juan Manzur junto a Alberto Fernández y Osvaldo Jaldo.

En caso de que finalmente se materialicen estas proyecciones, Manzur podría anotarse un logro inédito para su carrera política. Hasta ahora, el exministro de Salud de Cristina Kirchner jamás ha logrado sentar un senador. De hecho, los representantes del PJ tucumano que finalizan sus mandatos en la Cámara Alta en diciembre de este año son dos exaliados al jefe de Gabinete: el exgobernador José Alperovich –en uso de licencia desde finales de 2019, cuando fue denunciado por presunto abuso sexual por una colaboradora- y Beatriz Mirkin, una dirigente del más puro alperovichismo. Ambos están alineados al Frente de Todos. Pero no responden a Manzur. En cambio, los actuales candidatos Pablo Yedlin (hoy diputado nacional) y Sandra Mendoza (hoy legisladora provincial) sí son manzuristas. En especial, el primero, con quien el ministro coordinador compartió largos años de estudio en la carrera de Medicina de la Universidad estatal.

En cuanto a la Cámara Baja, la intención en el peronismo tucumano es, de mínima, renovar los dos diputados que tiene en el recinto. Uno de ellos sería la ministra de Salud Pública de la Provincia, la manzurista Rossana Chahla, cuya campaña se sostiene especialmente en el despliegue del plan de vacunación contra el coronavirus. El segundo sería un hombre afín a Jaldo: Agustín Fernández. A juzgar por el escenario que dejaron las PASO, parece difícil que la tercera postulante de esta boleta, la manzurista Elia Mansilla, logre acceder a una banca. Pero, si sucede, el jefe de Gabinete podrá sacar pecho ante Alberto y ante Cristina y ofrecerles un inesperado voto extra en la Cámara de Diputados.

Al margen de todo esto, Manzur se juega mucho más que cuatro escaños en el Congreso de la Nación. Después de un duro revés en los comicios del 12 de septiembre para el Frente de Todos en el país, y con el jefe de Estado y la vicepresidenta enviándose mensajes desafiantes a través de las redes sociales, fue el “elegido” para tratar de reflotar la magullada administración del Frente de Todos. La mirada de gran parte de la dirigencia peronista –incluidos gremialistas y empresarios alineados al gobierno- está posada sobre el tucumano.

Manzur sabe que, si el oficialismo retiene el 50% de los votos en su provincia y mejora la performance en otros distritos clave de la Argentina, será visto no sólo como el médico que ha sido llamado de urgencia para atender un paciente de gravedad, sino también como una figura a tener en cuenta en el mapa nacional para el futuro inmediato. Sin más chances de reelección en su provincia, el tucumano sin dudas aspira a permanecer en Balcarce 50 más allá de 2023. Y, si quiere lograr ese objetivo, necesita que el FDT acabe airoso la jornada del 14 de noviembre. 

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?