Pasaron cosas y Kicillof lo sufre en primera persona

Pasaron cosas y Kicillof lo sufre en primera persona

Los pactos preexistentes entre oficialismo y oposición, esos que siempre hicieron que la Provincia de Buenos Aires no estallara por los aires en más de una ocasión, vuelven a ponerse en consideración. Axel Kicillof debe aceptar un nuevo cambio, más sustancial aún que el de su gabinete.

Alejandro Cancelare

Alejandro Cancelare

El gobernador Axel Kicillof está a punto de sufrir otro nuevo revés en su política de administrador general de los bienes de la Provincia de Buenos Aires al tener que negociar un acuerdo con la "casta política" del territorio, cualquiera sea el resultado que surja del próximo 14 de noviembre.

Autoridades para el Banco Provincia, la composición de la Corte Suprema de Justicia, una nueva ley de Ministerios y la designación de los representantes de la oposición en los organismos de control; son algunos de los puntos que ya sabe, o le tienen que avisar o debe mirar con detenimiento para que nada lo sorprenda. 

Hasta quizás deba someterse al escarnio de aprobar un nuevo bingo para Lomas de Zamora, en Puente La Noria, ese que no quiso autorizar María Eugenia Vidal. A veces, las condiciones de las rendiciones suelen ser mucho más duras en la letra chica de los acuerdos. Y Kicillof vive su nueva etapa al frente de la gobernación, así, como una claudicación a muchas de sus ideas y proyectos.

Las peleas y tensiones que subsistían entre los máximos referentes del Frente de Todos de la Provincia de Buenos Aires aparecieron como hongos luego de abrir una heladera apagada durante mucho tiempo. Lo que parecía perfecto no lo era y lo que Máximo Kirchner, Sergio Massa y muchos intendentes callaban, ahora ya lo dicen abiertamente.

Al fracasar "la unidad", la única fortaleza que tenía el oficialismo y sus miembros para competir electoralmente tras casi dos años trágicos en materia sanitaria, económica y política, todo se volvió abierto y público. Nadie está en condiciones de conducir este proceso donde la desconfianza y el pase de facturas viene desde hace muchos años, fundamentalmente desde los tiempos en los que estaban divididos. La victoria de 2019 puso sordina a esos debates jamás resueltos. 

La pelea de Sergio Berni con Máximo Kirchner no difiere mucho en los términos y contenidos, aunque sí en las formas, de la que planteó hace siete meses Fernando Gray, el intendente de Esteban Echeverría, sobre los métodos y condiciones exigidos por Kirchner para conducir el proceso político bonaerense. 

Tampoco son nuevas las recriminaciones que hace un mes lo puso como nueva estrella de los desencantados a Ariel Sujarchuk, el intendente de Escobar, quien alertó con su ida del espacio si no se modifican muchas cosas que llevaron a la derrota. Él lo venía alertando, pero como siempre se pensaba que lo hacía para conseguir algo más. Nunca escucharon lo que decía de fondo. 

Lo mismo sucedió con Mario Ishii, Alejandro Granados, Fernando Espinoza, Juan Zabaleta o Jorge Ferraresi. Los intendentes de José C. Paz, Ezeiza, La Matanza y los ahora en uso de licencia de Hurlingham y Avellaneda, cada uno con su estilo y maneras, fueron los que más enfáticos eran al pedido de reconfigurar el esquema de poder provincial. 

El actual jefe de Gabinete, Martín Insaurralde, lo sabe mejor que nadie. Acostumbrado a moverse en el límite de las relaciones personales y políticas aceptadas por Máximo para el resto de sus colegas, conoce mejor que nadie los motivos por los que el gobernador no consiguió todo lo que buscaba desde que inició su mandato. "No fue por culpa de la oposición, como dice, es porque él siempre destrata y desconfía de la política y los acuerdos", siempre pensó en privado.

Entonces, como en una olla a presión, ahora todos los temas deben ser solucionados de golpe. Por la no resolución, para un lado u otro, ahora debe balancearse para que el decreto reglamentario que fija las condiciones por las cuales un intendente está o no en condiciones de ser reelecto no sea discriminatorio para la mitad de ellos. 

La reelección o no obliga a que muchos jefes comunales exigen una salida inmediata de sus cargos para luego esperar que la Corte bonaerense, con una nueva y más amplia composición política, intérprete que se podrán volver a presentar. Para esto, se necesitan más ministerios o modificar los existentes, y esto obliga a una nueva acordada vía legal.

Esta situación obliga a abrir una nueva puerta, la de los acuerdos con la oposición, que tienen mayoría en el Senado y casi la mitad de los diputados provinciales. Muchos acuerdos preexistentes, como la designación de representantes opositores en organismos de control, empresas de servicios públicos o el Banco Provincia, por ejemplo, jamás fueron considerados. Ahora sí deberá hacerlo. 

"Estamos haciendo todo para ganar y revertir el resultado. Pero ganemos o no, todo lo que no se hizo antes sí se debe ejecutar ahora", le dijo a MDZ un funcionario de primer nivel que sabe que los próximos dos años deben ser "de lujo y sin errores" para que la gente pueda "volver a confiar en nosotros". 

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