¿Qué fue "La pesada" y cómo eran sus protagonistas?

¿Qué fue "La pesada" y cómo eran sus protagonistas?

Asaltos tipo comando, códigos, apremios ilegales y persecuciones. Decir "La pesada" es, para muchos, invocar recuerdos que vienen desde madrugadas con disparos que hacían eco en esquinas color sepia. Aquí, la semblanza de algunos de sus representantes más conocidos

Facundo García

Facundo García

Esta nota habla de otra época. Una época en la que los lectores seguían las noticias de comisarios y delincuentes como quien observa desde la tribuna la lucha eterna entre Dios y el Demonio, aunque en ocasiones no estaba claro quién era quién. Cuando bastaba con decir "La pesada" para que un escalofrío corriera por el espinazo de muchos. Hablamos de la segunda mitad de la década del cincuenta en la Argentina.

Ya entonces las crónicas se quejaban de la falta de códigos y de una moral en retirada. Había grupos que concretaban cinco o seis asaltos en una misma tarde, según "una jurisdicción trazada sólo en los catastros de los delincuentes" ¿Y qué era "La pesada"? Se llamaba así a la casta superior en el mundo del hampa. Después venían los demás. Pero arriba, armados hasta los dientes, organizando los golpes al detalle, estaban los profesionales. Los que no andaban con chiquitas. 

El comisario Evaristo Meneses, que enfrentó a los delincuentes en esta época, se convirtió en una figura prototípica y hasta en un personaje de historieta.

Los niveles de pobreza no eran ni por asomo los de hoy. Sobraba el trabajo y, en consecuencia, sumarse al ambiente pesutti tenía algo de intencional, de emperradamente voluntario, como le había gustado mostrar años antes a Roberto Arlt en textos como Los siete locos.

En ese entorno, "La pesada" de cada zona mantenía numerosos aguantaderos, con sedes principales en la Ciudad de Buenos Aires, el Conurbano y en "la Chicago argentina", Rosario. Los cronistas indican que algunos miembros de las pesadas acostumbraban tener doble vida: concurrían a un empleo a modo de "tapadera" y cuando se decidían, salían organizadamente a delinquir. Al otro día iban a trabajar como si nada, para que no hubiera sospechas. 

El robo estaba en agenda. Llamaba la atención más que ahora, quizá porque se trataba de episodios excepcionales. En los cines, en tanto, se pasaba la película Rififí (Jules Dassin, 1955); en la que se ilustraban los métodos de ladrones profesionales con tal nivel de detallismo que en Francia algunas autoridades pusieron el grito en el cielo al considerar que se trataba, prácticamente, de un manual para delincuentes. Aquí, una muestra del emblemático film:

Hermanos en llamas

El 6 de agosto de 1956, Cipriano Domingo "el loco" Prieto cayó preso tras frustrarse un atraco en la textil Tapiales, de Villa Devoto. Lo mandaron justamente al penal de Devoto. Pero un mes después se escapó colgándose de una serie de sábanas anudadas. Lo acompañaron en la fuga José Eduardo Villarino, Manuel Nieves y Rubén Enrique Fancois. 

Para 1959, el "loco" vivía oculto en la calle Macedonio Fernández, de El Palomar (Hurlingham), y casi nadie sabía de su pasado de pistolero. Tenía 34 años. En la madrugada del 31 de marzo de 1960 efectivos de la unidad regional de Morón se armaron hasta los dientes y rodearon su casa. No eran tiempos de muchas vueltas. Tiraron gases lacrimógenos dentro de las habitaciones, por lo que la esposa del "loco" salió llorando junto a su hijito, mientras el fugitivo se defendía a los tiros con una 38. 

Los reportes dicen que cuando se vio acorralado, Prieto salió corriendo hacia unos pastizales, donde los uniformados lo acribillaron. Quedaba su hermano, Miguel Alberto, a quien también le decían "el loco" y que es señalado como uno de los delincuentes que más personas asesinó en la Argentina.

Sin que el final triste de Cipriano Domingo le hiciera mella, Miguel Alberto llegó a matar a por lo menos 10 víctimas, aunque otras fuentes le atribuyen hasta 80 homicidios. Este segundo "loco" Prieto falleció en la cárcel: lo prendieron fuego. Los partes oficiales hablaron de un curioso "suicidio". 

Hidalgo era conocido por su sombrero, a tal punto que en los prontuarios policiales figuraba con esa prenda puesta para que fuera más fácil reconocerlo en la calle.

Autobiografía de un pesado

José María Hidalgo es otro de los nombres conocidos de aquella era. Se le atribuyen 17 homicidios, tres fugas de la cárcel y alrededor de un centenar de robos. Para el historiador de la delincuencia su caso ofrece alguna ventaja, ya que se él mismo se ocupó de escribir sus memorias a mediados de los sesenta.

Nacido en 1920, contó que tuvo una infancia normal. A los 22 ya entraba y salía de la cárcel. En 1950 mató a un ex compinche que era informante de la Policía. Otra vez al calabozo. Por buen comportamiento salió en 1955 y se dedicó al contrabando. El 7 de enero de 1958, en un robo a la empresa Nestlé, asesinó al policía José Baistroqui

Según Hidalgo, el odio que adquirió contra la Policía fue porque su esposa y su hijo de 14 años fueron torturados para que dijeran dónde se escondía él. Continuó a los tiros, lo encerraron en Brasil y en Uruguay. "Sólo odio a la Policía que tortura", se animó a escribir una vez, en la columna que redactaba para el diario uruguayo Hechos

Lo ultimó la Policía de la República Oriental en 1975, cuando estaba almorzando un churrasco con ensalada.

Meneses

Entretejida con todas estas biografías está la de un célebre comisario, Evaristo "el Pardo" Meneses. Dos leyendas eclipsan su existencia real: por un lado, la de un policía honesto y sensible, aunque duro, en medio de una Argentina que iba perdiendo valores. Por otro, las acusaciones por apremios ilegales que lo salpicaron y que todavía hoy opacan su recuerdo. 

Meneses, jefe de Robos y Hurtos durante la época de oro de "La pesada".

Meneses fue jefe de Robos y Hurtos de la Policía porteña durante la época de oro de "La pesada". Los relatos lo describen como un aficionado a la lectura que también tenía buen cross. Trabajaba con informantes en cabarets y otros antros nocturnos donde los criminales iban a festejar cuando un golpe había salido como ellos esperaban. 

Dicen que Meneses fue desplazado de la fuerza porque le hicieron una "cama institucional"; pero su figura no se apagó. Tal es así, que se convirtió en personaje de una historieta guionada por Carlos Sampayo y dibujada por Francisco Solano López.

En el siguiente documental dirigido por Mariano Petrecca puede repasarse la leyenda del famoso policía, que supuestamente era un hombre "con códigos" en una sociedad que los había perdido hacía rato:

 

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