"Vamos a seguir con el gobierno del país": Boris Johnson se niega a dimitir pese a la grave crisis política que enfrenta

"Vamos a seguir con el gobierno del país": Boris Johnson se niega a dimitir pese a la grave crisis política que enfrenta

El primer ministro británico enfrenta una crisis de credibilidad en su gobierno que está generando nuevas presiones en las propias filas conservadoras para sustituirle.

BBC News Mundo

En apenas 24 horas las malas noticias han crecido a una velocidad vertiginosa para el gobierno del primer ministro británico, Boris Johnson.

El mandatario enfrenta una grave crisis de confianza por parte de los miembros de su propio partido que empezó el martes con las renuncias de los ministros de Economía y de Salud, a las que para la tarde del miércoles se le habían sumado las dimisiones de más de 40 altos cargos, incluyendo a decenas de viceministros.

Así, Johnson se ha convertido en el líder británico que más renuncias ha recibido de su gabinete desde 1932.

Por si fuera poco, este miércoles Michael Gove, un veterano miembro del gobierno, solicitó al primer ministro que dimita, petición que luego fue secundada por varios de los principales ministros del gobierno, incluyendo a la ministra de Interior, Priti Patel.

A estos llamamientos también se sumó la fiscal general, Suella Braverman, quien además anunció sus intenciones de competir por el liderazgo del Partido Conservador.

Pero, Johnson se resiste a abandonar el cargo y parece estar dispuesto a dar la pelea hasta el final y, de hecho, en lugar de seguir el consejo de Gove, lo destituyó.

"Esta noche no hay atril fuera del número 10... el primer ministro sigue luchando", le dijo a la BBC una fuente del Ejecutivo británico, haciendo referencia a la costumbre de los mandatarios en ese país de hacer importantes anuncios frente a la sede de gobierno en el número 10 de Downing Street.

Este miércoles, Johnson mantuvo sus actividades con normalidad y, de hecho, compareció ante un comité del Parlamento en el que dejó clara su intención de seguir adelante en el gobierno.

Durante la sesión de preguntas, Johnson rechazó las afirmaciones que ponían en duda la viabilidad de su gobierno, asegurando que "por supuesto" que mañana seguiría siendo primer ministro.

"Si me quieren preguntar sobre qué estamos haciendo para ayudar a la gente con el costo de la vida, si preguntan sobre qué estamos haciendo para construir más fuentes de energía limpia, algo en lo que este comité se ha interesado, entonces estoy muy interesado en contarles, pero no voy a darles un comentario sobre eventos políticos y vamos a seguir con el gobierno del país", afirmó.

Foto: REUTERS. Johnson también enfrentó los cuestionamientos de la oposición en la cámara de los comunes este miércoles.

El mandatario también desestimó la posibilidad de convocar elecciones anticipadas y dijo que no ve razón para hacerlo antes de dos años.

Johnson recibió este miércoles también muestras de apoyo por parte de ministros importantes que le siguen dando su apoyo como la ministra de Cultura, Nadine Dorries, y el ministro para oportunidades del Brexit, Jacob Rees-Mogg.

En sus encuentros en la sede del gobierno, el mandatario habría recordado a los ministros que le pedían dimitir que su gobierno salió de las urnas con un fuerte apoyo popular.

"Él les ha estado explicando [a los ministros del gabinete] que 14 millones de personas votaron por él", señaló la fuente del Ejecutivo a la BBC.

Agregó que si el Partido Conservador "quiere privarle [a Johnson] de hacer ese trabajo, tiene que quitarle ese mandato".

"Un error"

La crisis que acecha a Johnson se inició por un escándalo sexual en el que se vio involucrado Chris Pincher, un parlamentario conservador cercano al primer ministro.

Johnson nombró en febrero a Pincher como subjefe de la bancada del Partido Conservador.

Foto: PA MEDIA. Los señalamientos conra Chris Pincher han abierto un nuevo frente de batalla para Boris Johnson.

El pasado 30 de junio, el diario británico The Sun publicó una información según la cual el entonces subjefe de la bancada del Partido Conservador en el Parlamento, Chris Pincher, había manoseado a dos hombres en un club privado en Londres.

Luego surgieron otras acusaciones similares por actos supuestamente ocurridos en los últimos años.

Después de señalar reiteradamente que el primer ministro no sabía de ninguna acusación contra Pincher, el gobierno británico y el propio Johnson admitieron que sí había sido informado.

En una entrevista con la BBC el martes, Johnson dijo: "Hubo una queja que me hicieron llegar a mí específicamente… fue hace mucho tiempo y me la presentaron de forma oral. Pero eso no es excusa, yo debí haber actuado a partir de ella".

El primer ministro calificó como "un error" haber nombrado a Pincher, de quien dijo que se había comportado "muy, muy mal", por lo que pidió disculpas a las personas afectadas.

"Quiero dejar claro que no hay lugar en este gobierno para nadie que tiene comportamientos predatorios o que abusa de su posición de poder", apuntó.

Y es que la respuesta del Ejecutivo al escándalo de Pincher fue cambiando progresivamente a medida que surgían nuevos elementos, al igual que ocurrió durante el llamado "partygate", el caso sobre las fiestas celebradas en la sede del gobierno durante el confinamiento por el coronavirus, en el que finalmente se comprobó que incluso Johnson había asistido a alguna de estas reuniones sociales.

Los llamamientos para que Johnson renuncie ocurren solo un mes después de que el primer ministro enfrentara una moción de censura en el Parlamento en la que 41% de los legisladores de su propio partido votaron contra él.

El fin de Boris Johnson como primer ministro parece inminente

Análisis de Chris Mason, Editor de Política de BBC

Algunas veces la política es sutil. No fue hoy uno de esos días.

Sentado en la tribuna de prensa mientras el primer ministro respondía las preguntas de los diputados, uno podía sentir y escuchar cómo se desvanecía la autoridad de Boris Johnson.

El tribalismo se mide en decibelios en Westminster, y la bancada conservadora estaba casi en silencio. El ruido provenía de la bancada opositora en lo que fue la sesión de control más dura para Boris Johnson desde que ganó las elecciones.

En la tarde se le acumulaban las cartas de renuncia y de falta de confianza, e incluso los más leales a Johnson reconocían en privado, pero también abiertamente y con detalles, que el juego se había acabado.

"¿Es el final?", pregunté a un ministro del gabinete. "Me temo que sí. Es cuestión de horas y días", respondió.

Luego, uno tras otro, varios ministros me enviaron mensajes que decían que iban a ver a Johnson esta noche para decirle explícitamente que tenía que irse.

A Westminster lo define el poder. Y esta noche está cambiando. El final de Boris Johnson como primer ministro parece inminente.

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?