La agricultura orgánica pone en jaque al Gobierno de Sri Lanka

La agricultura orgánica pone en jaque al Gobierno de Sri Lanka

Luego de la pandemia, Sri Lanka interrumpió la importación de agroquímicos para apostar a la producción orgánica, provocando una severa crisis económica que amenaza con desestabilizar al país. La agricultura «sustentable» de la izquierda, sólo lleva al hambre.

José Luis Jacobo

José Luis Jacobo

El presidente de Sri Lanka, Gatabaya Rajapska, enfrenta el fin del poder de su familia, construido por el rol del mandatario y de su hermano Mahinda, quienes llevaron adelante la destrucción de la minoría Tamil, dando fin a una guerra que se había iniciado en 1983 y que concluyó en 2009.

Gatabaya Rajapska fue bautizado «Terminator» por el modo en el que liquidó a los comandantes tamiles y los obligó a una rendición incondicional. Así, su familia se convirtió en un grupo de poder que rápidamente instaló una autocracia despótica.

En 2019, la crisis del Covid-19 llevó a una determinación que hoy marca una realidad violenta en el país: la familia Rajapska, ante la escasez de divisas, prohibió la importación de agroquímicos para apostar a la agricultura orgánica. Craso error: las exportaciones se desplomaron, creando una conmoción que ya se cobró víctimas civiles en enfrentamientos con el ejército.

El famoso té de Ceilán podría estar por convertirse en una rareza: la cosecha, habitualmente de unas 300 mil toneladas anuales, caería a menos de la mitad a causa de la falta de fertilizantes. Rajapska le había pedido al resto de las naciones que siguieran su ejemplo, para así garantizar la seguridad alimentaria mundial. Hoy, está siendo expulsado del poder en un contexto de revueltas populares causadas por el hambre y la escaseces de todo tipo, por haber apostado a lo orgánico como metodología de producción.

La crisis está contenida por el parlamento de Sri Lanka que protege al presidente de las mociones de censura que pretende imponer la oposición, la cual no logra a través de las elecciones perforar el techo de su aceptación ciudadana. Sin dólares, con exportaciones en caída libre y con problemas para abastecerse de arroz por la imposición de cultivar de manera orgánica, la caída del gobierno en un contexto de violentas protestas es algo que parece inminente.

Un escenario para ponderar por parte de quienes insisten en cuestionar los avances científicos en agricultura, que han permitido maximizar la producción de alimentos a nivel global. Sri Lanka funciona como un laboratorio de prácticas y prédicas cuestionadoras del valor de la ciencia aplicada a la producción, y es un espejo en el que más de una organización de las definidas como «ecologistas» deberían mirarse.

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