Un barco, una escena mítica y una gran mentira del cine

Un barco, una escena mítica y una gran mentira del cine

El cine soviético fue revolucionario, tanto desde el mensaje como desde la realización. Sin embargo, a veces utilizó la ficción para exacerbar los hechos.

Santiago Hernandorena

Santiago Hernandorena

Una de las más grandiosas escenas del cine es falsa. No porque no exista, como la frase “tócala de nuevo Sam” de Casablanca, que nunca se dice en la película sino porque en realidad, lo que muestra nunca pasó y solo es propaganda.

El 24 de diciembre de 1925 se estrenó, en el Teatro Bolshoi de Moscú, una película del director ruso Serguéi M. Eisenstein. El objetivo del film era homenajear los sucesos ocurridos 20 años antes, en la llamada Revolución Rusa de 1905. Hoy, es considerado uno de los mejores de la historia. Se trata de “El acorazado Potemkin”.

La película es muda, en blanco y negro y dura 77 minutos. Para los especialistas es una joya del montaje y, según el propio Eisenstein, el último rollo se empalmó minutos antes de proyectarse y se pegó con la propia saliva del director.

El Potemkin real

Cuenta la historia que el 27 de junio de 1905, los marineros del Potemkin se preparaban para una práctica de tiro. Pero antes fueron convocados a comer. Sin embargo, se encontraron que el borsch tenía carne podrida y llena de gusanos, por lo que se negaron a ingerirlo.

El segundo al mando, conocido por su crueldad y abusos, mandó a cubrir la cubierta con una lona y colocó a marineros armados apuntando a los amotinados. La intención era clara: fusilarlos y usar la lona como mortaja cuando se los echara al mar.

El acorazado Potemkin en Rumania en 1905

Los rebeldes atacaron. El saldo fue siete oficiales y el capitán muertos. El Potemkin fue tomado por los amotinados y puso rumbo a Odessa.

En la ciudad había huelga general, en el marco de la revolución. Los marinos decidieron mantenerse al margen aunque los huelguistas pidieron su apoyo armado para tomar Odessa. Mientras las protestas continuaban, una parte del puerto se incendiaba y destruía. Al mismo tiempo, en el Potemkin fallecía uno de los rebeldes, Grigori Vakulinchuk, por las heridas en el combate contra los oficiales.

El 29 de junio se realizó el entierro de Vakulinchuk. El ejército emboscó a los marineros, pero estos escaparon y respondieron lanzando dos cañonazos contra un teatro donde se encontraban los representantes del zar Nicolas II, pero los proyectiles no hicieron blanco.

La respuesta del gobierno fue terminante: enviar dos escuadrones navales a obligar a rendirse a los rebeldes o, en su defecto, hundir el Potemkin.  Los marineros amotinados se negaron a rendirse. Levaron anclas y zarparon atravesando la línea de fuego de los acorazados que lo rodeaban. Si iban a morir, debía ser en su ley.  

Desde los mandos se escuchó la orden de disparar. Sin embargo los marineros de todas las embarcaciones se negaron. Ante la negativa, y para no perder más barcos por la posible sublevación de marinos, el almirantazgo ordenó retirarse y dejar pasar al Potemkin.

Pasaron los días y los rebeldes quedaron sin apoyo. Intentaron conseguir abastecerse de alimentos y carbón, pero en todos los puertos le negaron lo segundo. Finalmente, se rindieron en Rumania, aunque antes intentaron hundir el barco.

Las autoridades consiguieron reflotarlo y le cambiaron el nombre. Siguió activo durante la Primera Guerra Mundial y fue desguazado en 1923, en plena Revolución Rusa.

La gran falsa y maravillosa escena

Pero regresemos al principio. La película “El acorazado Potemkin” es una gran propaganda política soviética. Eso no hace que deje de ser una obra maestra del cine que, además, contiene una escena mítica: “las escaleras de Odessa”.

Imagen de "El acorazado Potemkin"

En el film, los soldados disparan contra el pueblo inocente mientras que los cosacos cargan contra la población. Un niño muere por las balas, su cuerpo es pisado por los que huyen, su madre lo levanta y enfrenta a los represores con el cadáver de su hijo en brazos. Un disparo a quemarropa la asesina. Una madre es alcanzada por una bala y un cochecito rueda escaleras abajo. Su destino es incierto pero todo da a entender que es su fin.

La escena fue homenajeada por directores como Brian De Palma en Los Intocables, por Woody Allen en Bananas o Terry Gilliam en Brazil. Es uno de los grandes momentos de la historia del cine.

Este hecho, en realidad, no está documentado, ni por los rebeldes ni por los zaristas.  Al día de hoy todavía hay personas que creen que esa masacre ocurrió, pero todo indica lo contrario. Y aunque “El acorazado Potemkin”, pueda ser considerada, de alguna manera, propaganda, no deja de ser una buena muestra del poder del cine para escribir la historia del séptimo arte, y reescribir la de la humanidad.

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