Mendoza para no mendocinos

Mendoza para no mendocinos

La pandemia se va acabando así como los locales en las bodegas y restaurantes. Una problemática difícil de resolver.

Federico Lancia

Federico Lancia

Federico Lancia

Vamos a empezar por el final. Por la oferta y la demanda. Y el argumento recurrente: tenemos estos precios porque hay un público que los paga. El que no pueda, que vaya a otro lado. 

Y lo cierto que no me quiero meter en el tema de costos internos porque es súper engorroso y además es igual para todos. Ahí sí la cosa se empareja. Siempre hablando de la economía formal. En la gastronomía y el turismo, la informalidad no le es ajena y es una cuestión preocupante. 

La verdad es que frente a ese panorama, y con la vuelta a la normalidad los precios comienzan a ser prohibitivos para locales e incluso nacionales.  

Mendoza es cara

Siempre diciendo que al haber excepciones, confirma la afirmación. Si todos los restaurantes de bodegas o posadas del vino valdrían lo mismo, estaríamos en condiciones de afirmar que se maneja una tarifa internacional. Cara sí, pero homogénea. 

Pero no tiene nada de homogéneo. Cada uno cobra lo que quiere, o lo que le pagan. Entonces la disparidad es brutal. Y la seriedad turística de un destino que se presente como de alta gama también.

No se puede cobrar cualquier disparate porque haya un público determinado que lo paga. Sobre todo porque esa persona, va a recorrer otros lugares de la provincia y también va a visitar lugares de similares características en el mundo. Quiero aclarar que mido los precios en dólares, que a nivel global sería la referencia, y en Mendoza hay muchos sitios por encima de la tarifa internacional, tan lejos en servicios y productos como la Argentina del mundo.   

Todo desconectado

Escribo estas líneas desde uno de los lugares top del enoturismo en Cafayate en Salta: Piattelli Vineyards, que acaba de inaugurar un resort de alta gama. Y sus precios, como los del todo el Valle, son certeros. A veces, estar lejos del ruido y la contaminación de la ciudad, te coloca en el lugar que tenés que estar. 

Cada cafayateño sigue involucrado en la cultura del vino y su enoturismo. Y cada día la tendencia sigue creciendo. Las bodegas y restaurantes son atendidos por la gente del lugar. Y los visitantes, no salen sólo a almorzar. Vienen a desayunar o a merendar a una bodega. ¿Y por qué? Porque son importantes. Así llegue o vuelva el turismo internacional.

En la frase, “el vino o el restaurante vale lo que el público paga” corremos el enorme riesgo de desconectarnos. Y no hay nada más decepcionante para un visitante, de cualquier lugar del mundo, que encontrarse con un sitio sin alma. 

El alma lo produce la cultura, la historia del lugar y sobre todo sus habitantes. No nos convirtamos en un destino lleno de recuerdos regionales vendidos en serie y a un precio desorbitante.  

Recuerdos regionales formados por Malbecs estandars, ojos de bife y brote de la huerta, vendidos en dólares, donde el mendocino cada día participa menos.

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