Las dos cajas con las que Massa quiere manejar Economía

Las dos cajas con las que Massa quiere manejar Economía

Su llegada al Palacio de Hacienda implicará el dominio total tanto en el ingreso como en la salidas de pesos y dólares, avanzando además sobre áreas de otras carteras. Será un esquema similar al aplicado por Sourrouille, Cavallo o Lavagna. Tiene el aval de CFK

Carlos Burgueño

Carlos Burgueño

Sergio Massa ya tiene todo negociado y hablado. Tanto con Alberto Fernández como, quizá lo más importante, con Cristina Fernández de Kirchner. Todos saben que su desembarco es la "Bala de Plata" de la coalición gobernante, y que nadie tiene ya margen de error. Y en consecuencia el hasta ahora titular de la Cámara de Diputados, detentará el poder económico total.

Quizá a un nivel que sólo se vivió en tres momentos de la historia reciente de la Argentina moderna: Juan Vital Sourrouille con Raúl Alfonsín, Domingo Felipe Cavallo de Carlos Menem, y Roberto Lavagna y su presencia con Eduardo Duhalde y los primeros meses con Néstor Kirchner.

La hipótesis es que si la apuesta por Massa sale bien, se convertirá en el nuevo hombre fuerte, no sólo de la economía, sino de la política argentina. Si sale mal, su imagen se atará a la de los principales dos accionistas de la coalición gobernante.

Su ministerio acumulará no sólo hacienda, finanzas y el manejo fiscal de las cuentas públicas, la relación con los acreedores locales y extranjeros, y los organismos financieros internacionales. Sino las áreas de Comercio Exterior, Producción, Desarrollo, Agricultura y hasta las áreas previsionales.

En otras palabras, arrasará con todas las dependencias donde hay incumbencia sobre el trayecto de cualquier dinero público, sean estos en moneda doméstica o divisas. Pesos o dólares. Todo. Y entre otros ministerios y dependencias, tendrá incumbencia directa en las áreas de la Cancillería, Desarrollo Productivo, Obra Pública, Anses, PAMI, Agricultura Ganadería y Pesca y, polémicamente, también el Banco Central.

La manera en que funcionará este dominio casi total sobre el manejo de los fondos públicos, se ejecutará con la teoría de las dos cajas: una en pesos y otra en dólares. La primera, será ejecutar, ahora sí, lo que Silvina Batakis inauguró durante su efímera gestión. Y que este medio bautizó como un "vivir con lo nuestro Fiscal", definida con la frase de presentación de la casi ya ex ministra como “en situaciones extremas, como la pandemia, el sector público tiene que utilizar los déficits como instrumento contracíclico, pero una vez pasadas esas circunstancia tenemos que retornar al equilibrio”.

Fue la introducción a las dos frases puntuales sobre lo que intentó aplicar: “Vamos a garantizar el equilibrio fiscal, soy una persona que cree mucho en el equilibrio fiscal” y “No vamos a gastar más de lo que tenemos”.

En definitiva presentó una especie de congelamiento del gasto público, y la necesidad de aplicar una relación directa de restricción de recursos. Si estos suben, se estudiará la suba de las partidas designadas previamente en el débil presupuesto vigente.

A lo que se jugará Massa es a que el shock inflacionario que se vivió en junio (aproximadamente 5,5%), se está observando en julio de manera exponencial (piso de 7%) y se prolongaría hacia agosto con un incremento de no menos de 6%. Sería un shock de alza de precios de no menos de 18% en tres meses; lo que elevaría el piso de inflación anual de no menos de 70%.

Sin embargo, a los ojos fiscales de la recaudación impositiva (y sólo por los ingresos extras del IVA), le aportarían un dinero extra a Massa  que le permitirían descansar un poco más, ante la secuencia que más habrá que mirar hacia delante, y que la propia ministra puso como faro: lograr este año un déficit fiscal de 2,5% de piso. Sólo así podrá sentarse a hablar de igual a igual con el FMI a comienzos del próximo año, cuando el organismo revise si el país consiguió o no cumplir las metas pactadas en el Facilidades Extendidas vigente.

Sólo con ese 2,5% en caja, podrá Sergio Massa negociar la aprobación del acuerdo con el FMI, aún teniendo en cuenta que la meta de reservas acumuladas no podrá ser conseguida tal lo pactado, con un incremento de los dólares en el BCRA de no menos de U$S 4.800 millones. Massa buscará que ese déficit se cumpla y que el primer año de vigencia del acuerdo se supere y comience a hablarse del 2023 sin mayores temores. Un año (electoral) donde el déficit deberá reducirse a 2%.

A partir de lo dicho por Massa habrá medidas que quedan fuera de análisis. No habrá Salario Básico Universal. Tampoco Moratoria Previsional. No hay espacio para pensar en nuevos IFEs o ATPs. Menos para aumentos generalizados de salarios públicos. No habrá más personal que pueda ingresar a las plantas del estado.

Se suspende el paso de empleados contratados a regularizados. Cualquiera de las cajas del estado serán manejadas por la "Cuenta Unica" que Massa controlará con mano férrea desde Economía, con lo que queda fuera de alcance de otros funcionarios (incluyendo kirchneristas). Será difícil un incremento en la obra pública. Y, definitivamente, la coalición gobernante deberá abandonar la idea de un plan "Platita", similar al que se aplicó luego de haber perdido las PASO del 2021.

Otras cuestiones que no habrá, tienen que ver con no avanzar más sobre el sector privado. No se tiene en mente un incremento en las retenciones a las exportaciones. Tampoco se anunció la idea de un desembarco sobre Vicentin para controlar el mercado de comercio exterior de productos primarios. No se habla, ni se estudia ni está en la agenda, juntas nacionales de granos, carnes, o similares.

Y, fundamentalmente, Massa, parece haber abandonado la idea de un congelamiento de precios para que los "formadores" que incrementaron los valores de los alimentos, bebidas y productos de consumo masivo retrotraigan los aumentos; tal como intentó ejecutar Roberto Feletti en su desembarco en la secretaría de Comercio Interior a comienzos de año.

Lejos de aquella irrupción, lo que parece consolidarse en la idea de un dialogo algo más directo con las grandes empresas, sobre la base de un "comenzar de nuevo" con precios corregidos, pero bajo la promesa de sostenerlos al menos hasta bien entrado el primer semestre. En definitiva, en la estrategia de depender del aumento de la recaudación como mecanismo de ajuste fiscal, la idea de mantener los nuevos precios donde más pesos se pueden pescar; no estaría tan mal.

El plan de Massa y su cuenta única en pesos, para muchos, se asemeja además a aquel relanzamiento de la gestión de Roberto Lavagna hacia mediados del 2004; cuando el entonces ministro de Economía comenzaba a ver algunas desviaciones peligrosas en el gasto público; bendecidas por falta de críticas por parte de Néstor Kirchner.

Eran tiempos de inflación anual de 6% y de superávit fiscal de 3%; increíbles números logrados por el combo megaajuste de Jorge Remes Lenicov para la salida de la convertibilidad, y la muy buen gestión general de Lavagna desde el último tramo de presidencia duhaldista y los primeros tiempos de kirchnerismo en el poder. Lavagna no pudo superar políticamente la situación planteada de manejar en una caja única el gasto, y en noviembre de ese año debió abandonar su cargo.

Fue el último intento de economistas profesionales dentro del kirchnerismo, de controlar el gasto público y "Vivir con lo Nuestro Fiscal". No pudo ser. Luego vino lo que vino. ¿Massa va por la revancha? Se sabrá en poco tiempo.

La segunda caja que manejará será la de los dólares. El potencial ministro de Economía acumulará la entrada y salida de divisas de manera única y directa, acumulando las facultades que hoy detentan Economía, Cancillería, las secretarías de Energía, pero también las de Producción y hasta del Banco Central. Será Massa el que decida si un dólar se redirige hacia una importación de gasoil u otro insumo estratégico, para un sector de la industria nacional o extranjera o algún pago a organismos financieros internacionales.

Será además su responsabilidad que los sojeros acepten liquidar sus divisas acumulados en silobolsas, o conseguir que fondos de inversión internacionales hagan algún que otro aporte circunstancial. Y será además el hombre encargado de negociar de manera directa con el Fondo Monetario Internacional (FMI) la vigencia, waiver o caída del Facilidades Extendidas. Se sabe que el celular de Massa tiene contactos poderosos.

Y que muchos de esos teléfonos en su whatsupp tienen como inicio las claves de los celulares de Estados Unidos. Esta es una de las expectativas más urgentes que surge de la llegada de Sergio Massa a Economía. Al menos esto es lo que los mercados reflejan hoy ante la potencial llegada del tigrense.

 

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