Las 4 claves para leer un balance financiero y tomar una decisión de inversión

Las 4 claves para leer un balance financiero y tomar una decisión de inversión

Cuando se presentan resultados financieros, los inversores compran o venden activos según el tipo de empresa, lo que esperaban de ella y lo que proyectan hacia el futuro.

Inversor Global

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Por Bruno Perinelli

Los balances pueden generar confusión si no sabemos leerlos de la manera correcta. Cuando los recibimos, nos encontramos con un mar de cifras, porcentajes, logros, falencias, proyectos y objetivos de la empresa. Todo esto sumado a una reacción del mercado imprevisible, que no sigue un patrón de conducta lineal.

Esta mezcla de datos positivos y negativos, así como las distintas reacciones de los inversores, pueden generar más dudas que certezas. Al final del día, ¿debemos comprar o vender?

Por eso, a continuación, las cuatro claves que debes tener en cuenta cada vez que lees el informe sobre los resultados y el patrimonio de una empresa.

1. El rumbo de la empresa

Para empezar, hay un aspecto muy importante que aplica a todos los balances: el pasado importa, pero el futuro es el misterio a resolver.

A la hora de decidir si compran o venden la acción, los inversores miran hacia adelante. Evalúan los futuros proyectos, objetivos y la capacidad de organización de la compañía dentro de las circunstancias económicas en las que se desenvuelve. Quieren saber si va a ser capaz de obtener cada vez mayores entradas de efectivo, que hagan crecer su capital y, por ende, que hagan subir el precio de la acción.

Todo eso lo encuentran en la guía a partir de la cual forman sus expectativas sobre los futuros ingresos, ganancias y la capacidad financiera y de conquista de nuevos mercados de la compañía.

La última evolución de las ventas, los márgenes y los flujos de caja sirven para ratificar o rectificar el rumbo de la compañía. Si el balance nos ofrece mejores ingresos y ganancias que los que espera el mercado, probablemente la acción suba. Y si son incluso mayores que los que tiene su competencia, mejor. Es la confirmación de que la empresa va “por el buen rumbo” en la conquista de nuevos clientes.

En cambio, si los números son peores que los que se esperan, es probable que el optimismo por la empresa decrezca y, con ello, el precio de la acción.

2. La pesada carga

Otro rasgo muy importante para todas las empresas no financieras es la relación de su deuda respecto de su patrimonio neto.

Una empresa con un ratio mayor al 200% tiene que destinar una porción importante de sus ingresos al pago de intereses y a la amortización de préstamos. Un saldo menor de sus entradas lo destina a la realización de inversiones, lo que frena su crecimiento y, por ende, el de la acción. Es, entonces, preferible elegir acciones de empresas que tengan un bajo ratio deuda/patrimonio neto.

3. El tipo de compañía

Hay ciertas métricas que toman mayor o menor importancia según el tipo de compañía que analicemos. Si se trata de una compañía en crecimiento, nos centramos en la evolución de sus ventas y en la conquista y retención de nuevos mercados. Queremos ver un aumento de sus ingresos, de la cantidad de clientes y de sus flujos de caja para realizar inversiones, más que el progreso de sus resultados.

En cambio, a una empresa que está consolidada en un mercado y tiene clientes fieles le exigimos mejores márgenes de ganancia y una estructura de costos más eficiente. Aquí entran las métricas ROA, ROE y ROI (en inglés, los retornos sobre el activo, el patrimonio neto y el capital invertido), las ganancias por trabajador y la velocidad de rotación de su inventario.

Si se trata de una empresa que paga regularmente dividendos, queremos ver que mejore (o al menos mantenga) su capacidad de generar flujos genuinos de caja. Es decir, que con sus ganancias netas le sobre efectivo para abonar los dividendos. Y que no tenga que tomar deuda para mantener este compromiso, lo que a la larga sabemos que se vuelve insostenible.

 

4. Ratios, la polémica

Quizás parezca raro que hasta el momento no haya hablado de los conocidos ratios que comparan el precio de la acción con las ganancias netas, las ventas, el patrimonio neto y el flujo de caja de la empresa. No es que no los tenga en cuenta, siempre es mejor que estos ratios se calculen sobre cifras proyectadas y sean menores a los que tienen sus competidores, simplemente, les doy una menor relevancia.

Las políticas de estímulo monetario y fiscal que vienen aplicándose en las principales economías en los últimos 12 años inundan de billetes las plazas financieras. Una gran parte de este dinero va a parar a las bolsas. Gracias a ello, los precios de las acciones suben a un ritmo más acelerado que las cifras de la compañía. Y los ratios son cada vez más altos. Por eso, pierde sentido estudiar la evolución de los ratios para determinar si una acción está “cara” o “barata”.

 

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