Jean-Paul Belmondo, el humo y el momento de la verdad ante el FMI

Jean-Paul Belmondo, el humo y el momento de la verdad ante el FMI

En el comienzo de una (ya algo vieja) película francesa de aventuras de 1981, el gran Jean-Paul Belmondo protagonizaba la historia de Joss Beaumont, un agente de los servicios especiales internacionales de su país en los estados recientemente colonizados, especialmente africanos.

Carlos Burgueño

Carlos Burgueño

En el comienzo de una (ya algo vieja) película francesa de aventuras de 1981, el gran Jean-Paul Belmondo protagonizaba la historia de Joss Beaumont, un agente de los servicios especiales internacionales de su país en los estados recientemente colonizados, especialmente africanos. Su función era la de intervenir directamente en gobiernos en general dictatoriales, defendiendo los intereses económicos franceses. Como uno de estos afectaba los activos del país europeo, el dictador N'Jala de Malagawi debía morir. Tarea para la que es enviado Beaument, siendo descubierto y enviado a juicio. El espía confía en que su país lo rescate, y por eso, intenta extender todo lo posible su comparecencia ante la justicia. Se enferma, se desmaya, arguye que perdió la memoria. Sin embargo la ayuda no llega, y termina encarcelado. En ese momento, el dictador N´Jala sonríe y determina: "Boumont, basta de humo, a declarar".

Argentina también confiaba. Y también se le terminó el momento del humo. El Papa argentino, Francisco, pidió por la deuda de los países en desarrollo. La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) Kristalina Giorgieva,  es católica practicante y se confiesa con el Papa; aceptando por esa cercanía participar de todos los foros económicos que organiza el Pontífice. En los últimos dos se encontró con Martín Guzmán, prometiendo todo el apoyo posible para el país. El propio ministro de Economía tiene una cercanía paradójica con Jannet Yellen. El marido de la secretaría del Tesoro norteamericano es George Akerlof, uno de los teóricos del estructuralismo más respetados a nivel mundial; habitual colaborador de Joseph Stiglitz y con sinergia investigadora establecida desde hace años en la Universidad de Columbia.

De hecho, el premio Nobel otorgado en 2001 fue al trío Akerlof, Stiglitz y Michael Spence, y sus estudios sobre el “análisis de los mercados con información asimétrica”, o la manera donde algunos operadores financieros se benefician más que otros por tener información privilegiada obtenida por la aplicación de su poder de fuego. De esa investigación participó Guzmán bajo la batuta de Stiglitz, que siempre lo consideró su mejor alumno; con lo que tiene las puertas ideológicas abiertas hacia la secretaría del Tesoro. El propio Alberto Fernández recibió el apoyo de muchos de sus pares en la negociación con el FMI y el Club de Paris. El francés Emmanuel Macron, el italiano Sergio Mattarella, el portugués Marcelo Rebelo de Sousa, el español Pedro Sánchez y hasta la alemana Angela Merkel demostraron su voluntad para darle todo el apoyo posible al país en sus negociaciones.

Todos estos avales mixtos y, obviamente, importantes, hicieron crecer en el gobierno argentino la esperanza que sería posible que el mundo, en serio, adoptara la visión criolla sobre cómo debería encarar el mundo esas negociaciones con los dos organismos acreedores del país. Salvo el siempre realista Martín Guzmán y alguna otra funcionaria del gabinete económico, en la coalición gobernante hubo momentos en que se pensó que los estados que ponen el dinero para que funcione (y como tal manejan) el Fondo Monetario y el Club de Paris, aceptarían que el acuerdo sea a más de 10 años, que se reduzcan los intereses de la deuda a la mitad y que no se le exija al país ningún tipo de sacrificio fiscal ni monetario; sino que simplemente se confíe en que todo mejorará sin mayores compromisos desde Buenos Aires. Y además, en lo posible, una feroz autocondena del FMI por haberle prestado dinero a Mauricio Macri y el reconocimiento que ese dinero fue enviado a la Argentina de manera espuria e ilegal.

Sólo faltaba un último trámite. Que toda esta posición sin antecedentes de ningún deudor, sea aceptada por los Estados Unidos; el principal aportante de dinero al FMI, y el que, como tal, detenta el 17% de los votos en el board del organismo. Como todo lo que pide el país para que se apruebe en el Fondo debe contar con una mayoría de al menos el 85% de los votos, la mano levantada de la administración de Joe Biden resulta indispensable.

No pudo ser. El martes pasado Martín Guzmán recibió la aceptación de una llamada que venía esperando desde hace semanas. Desde Washington lo escuchaba el subsecretario del Tesoro, Wally Adeyemo, joven economista número dos de Yellen, quién fue designado por la ex titular de la FED para hablar seriamente con el gobierno argentino sobre las verdaderas posibilidades de un apoyo de los Estados Unidos a la Argentina. Un día después el organismo norteamericano emitió un comunicado donde aclaraba que “El subsecretario Adeyemo revisó las consultas de Argentina con el Club de París de acreedores bilaterales, y la negociación pendiente de Argentina de un nuevo programa con el Fondo Monetario Internacional”. El funcionario de la administración Biden le indicó al ministro que “un marco de política económica sólido para Argentina que ofrezca una visión de crecimiento del empleo en el sector privado contaría con el apoyo de Estados Unidos y de la comunidad internacional”, según informó el organismo norteamericano.

En otras palabras, Estados Unidos fue simple, claro y directo, y le pidió al país un plan económico que garantice  que se aceptaran las promesas sin solidez sobre la eventualidad de una reducción del déficit fiscal hasta llegar a un milagroso equilibrio para el 2025, el mantenimiento de un superávit comercial no menor a los 15.000 millones de dólares, el control de la emisión monetaria y la reducción drástica de la inflación. Nada que Martín Guzmán no haya escuchado (y avalado) antes, como mínimo desde noviembre del año pasado, cuando el ministro de Economía había acelerado las negociaciones con el FMI; lo que luego derivó en un acercamiento extremo para firmar un acuerdo de Facilidades Extendidas hacia febrero de este año, alternativa que después fue bombardeada por el kirchnerismo. Lo que ahora le sucede al país, es que terminó la época en la que N´jalá aceptaba vueltas antes que Beaumont hablara. En definitiva, llegó el tiempo de definiciones. ¿Cuáles deberían ser?.

Fácil. Y ya hablado bastante entre Guzmán y el FMI. Un Facilidades Extendidas a 10 años, con un plazo para comenzar a pagar los u$s44.700 millones que se deben al organismo en 4,5 años después de haber firmado el acuerdo, con un plan de metas fiscales y monetarias que lleven a un equilibrio sustentable en un mediano plazo (no menos de tres años) y la aceptación de misiones del FMI anualizadas. El ministro negociará la cláusula por la cual si se modificara el estatuto del Fondo sobre los límites temporales de los acuerdos de Facilidades Extendidas a más de 10 años; automáticamente Argentina debería ser incluida en la mejora. Guzmán además quiere garantizar que el FMI aplicará una reducción en las tasas de interés y que es cierta la posibilidad de reducir los sobrecargos. También se tendrá que incluir en el acuerdo la alternativa de aplicar una refinanciación de los pagos anuales, en el caso que Argentina cumpla en los ejercicios previos las metas económicas y financieras pactadas con el Fondo. 

De firmarse este tipo de acuerdo antes de fin de año; Argentina debería comenzar a liquidar sus compromisos en el primer semestre de 2026; y capital, en el segundo. Esto implicaría que el primer desembolso serio tendría que concretarse entre septiembre y diciembre de ese año. Teniendo en cuenta que la actual gestión de Alberto Fernández culmina en diciembre de 2023, será el próximo Gobierno quién deba tener en cuenta estos pagos. Pero tres años después de haber asumido, y en un tiempo político diferente al que hoy transcurre en la gestión Alberto Fernández. Esto es, sin las expectativas de una elección legislativa de medio término y a un año de terminar la próxima presidencia. Según la visión de Guzmán, con tiempo suficiente para demostrarle al FMI que el plan que presentó en Washington da resultado y que con una visión heterodoxa de la economía es posible ordenar las cuentas primero y hacer crecer sólidamente la macro después. Las paulatinas misiones del FMI lo irían comprobando en las fiscalizaciones periódicas; las que se prometen más que discretas y sólo de observación. Lo más importante llegaría para comienzos de 2026. Llegado el momento de comenzar a pagar.

¿Cómo se harán las liquidaciones? El equipo de Martín Guzmán confía que para 2025 Argentina ya haya salido de su crónica crisis fiscal y comercial, y generara la suficiente confianza ante el organismo para que el FMI refinancie el Facilidades Extendidas en plazos similares a los eventualmente firmados este año. Aquí se incluiría una novedad. Argentina podría liquidar cada año desde 2026 unos u$s2.000/u$s3.000 millones de capital para ir reduciendo el monto adeudado, y coincidiendo con lo propuesto por el Instituto Patria. El capital terminaría de liquidarse en plazos de entre 15 y 20 años, el tiempo que tiene Máximo Kirchner en la cabeza. Bien comunicado, sería una manera de cumplir tanto con lo que busca Guzmán como con lo que reclama el Instituto Patria. Para este centro, la condición de aceptación es que dentro del acuerdo se indique que de cumplirse lo firmado, habrá una renegociación de los vencimientos de 2026. Se incluiría también un artículo que indique que si el FMI modifica su estatuto en cuanto a los tiempos y condiciones de los Facilidades Extendidas, en esa renegociación del 2025/2026 se incluyan también para el país.

El ministro se comprometerá ante el FMI a que en un plazo de tres ejercicios fiscales (contando a partir de 2022), el país llegará a un equilibrio fiscal. Esta meta, sabe Guzmán, es inevitable para llegar a un Facilidades Extendidas. Lo novedoso de lo negociado por el ministro en Washington ante Kristalina Georgieva en persona es que esa meta se logrará en los términos macro que indique el país y no a las reglas clásicas del organismo.

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?