El dato alarmante que anticipa un 2022 con autos todavía más caros

El dato alarmante que anticipa un 2022 con autos todavía más caros

Comprar un auto nuevo es hoy inaccesible para la mayoría de los argentinos. En los últimos dos años, los 0km han tendido a aumentar muy por arriba de la inflación. Esto se debe a que las trabas para importar generan desabastecimiento en el mercado. La tendencia se profundizó en los últimos meses.

Horacio Alonso

Horacio Alonso

El mercado automotor está partido. Una realidad es lo que sucede con la producción y otra distinta es lo que se percibe en el mercado interno.

Los datos difundidos por la asociación que agrupa a las fábricas locales así lo reflejan. Las estadísticas de ADEFA muestran que la fabricación de 0km consolida su crecimiento respecto al 2020. La actividad sube un 74%. Esto se genera, principalmente, por la fuerte incidencia de las exportaciones que, en el acumulado hasta noviembre, están duplicando el volumen de operaciones del año pasado.

En cuanto a las ventas mayoristas – las que hacen las fábricas a las concesionarias y anticipan las previsiones de operaciones futuras – la suba anual es de sólo 10%, lo que muestra que el mercado interno no está pasando por un buen momento.

El dato más preocupante es que esta leve suba a lo largo del 2021 se alcanza gracias a la diferencia conseguida en el primer semestre, cuando cada mes mostraba un nivel de actividad por arriba de su similar del 2020. Esa “bonanza” se mantuvo hasta julio.

A partir de agosto, y hasta noviembre incluido, se acumularon cuatro meses consecutivos en el que las ventas mayoristas están por debajo del año pasado, un registro de por sí bajo por las consecuencias de la cuarentena.

El motivo es un endurecimiento de las trabas para importar. Esta es una tendencia que, estiman en el sector, se mantendrá en 2022.

Lo más curioso es que esta situación no se puede atribuir, exclusivamente, a un problema de demanda sino a una debilidad de la oferta.

La decisión del Gobierno Nacional de restringir las importaciones ante la falta de dólares está condicionando el crecimiento del mercado. Es ya sabido que existe un fuerte desabastecimiento de unidades, en especial de las que llegan del exterior.

Eso se refleja en el cambio en la composición de las ventas. De una participación del 30% de los vehículos de fabricación local en 2018 y 2019, hoy representan 55% de los patentamientos.

Este puede ser un dato analizado como positivo, bajo la visión oficial de fomentar la fabricación nacional, aunque también admite una interpretación diferente, vista a través de los ojos de los consumidores. Es un reflejo de una menor competencia y un aumento de los precios.

Porque el “cepo” importador está provocando ese fenómeno. La oferta de modelos importados es muy restringida, comparada con años atrás. Las aprobaciones de los permisos de importación son discrecionales y limitadas. Así, los interesados en adquirir un vehículo tienen que ser conscientes de que deberán esperar meses para recibir su unidad. El plazo varía, pero en muchos casos supera los seis.

Tampoco la oferta de modelos nacionales es fluida. La falta de insumos, por problemas internacionales, y la escasez de divisas hacen que el abastecimiento no sea normal. También se explica porque las fábricas privilegian el mercado externo que genera divisas propias y les aumenta el cupo para importar. Este año se patentaron poco más de 380.000 vehículos, lo que significa, por ejemplo, cerrar vender menos 0km que Chile, con menos de la mitad de la población.

Desde la lógica del Gobierno esto no sería un inconveniente, aunque para el consumidor implique que haya menos productos para elegir.

Esto puede ser un tema menor si se analiza desde la superficialidad de que el consumidor no podrá comprar el auto que desea sino el que hay. Lo que sí es importante es que la menor competencia hace que los precios suban. Más si se tiene en cuenta que la demanda está estimulada por la brecha cambiaria.

Las trabas a las importaciones hicieron que los valores de los autos se dispararon. Desde que asumió la actual gestión y se dispusieron restricciones al comercio exterior, algunos 0km tuvieron un incremento 200% o más, muy por encima de la inflación acumulada en esos dos años.

En parte se debió a que desaparecieron las bonificaciones que marcaron los años previos, pero las automotrices están en un proceso sostenido de recuperación de rentabilidad. Un modelo económico que, a fines del 2019, se conseguía en $700.000 cuesta hoy más de $2.000.000.

A esto hay que sumarle los grandes sobreprecios que afectan, en especial, al segmento mediano y de alta gama.

Aunque la importación de 0km se rige por el dólar oficial, en la práctica, los autos se venden casi al valor “blue” o, en muchos casos, con dólares billetes. Esto hace inaccesible la compra de un auto para muchos sectores de la población que no tuvieron una recomposición salarial que acompañará esta “inflación automotriz”.

La consecuencia de la política de restricción de importaciones provoca que el acceso a un 0km esté limitado a consumidores con poder adquisitivo alto.

Un dato que confirma esto es la composición de los vehículos más vendidos. De los seis primeros del ranking de noviembre, tres fueron pickups cuyos valores superan los $6.000.000.

Por este motivo, las perspectivas para el 2022 es que los precios de los autos sigan en aumentando a este ritmo y sólo unos pocos puedan acceder.

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