El caso del control de precios que funcionó pero que Alberto Fernández no puede aplicar

El caso del control de precios que funcionó pero que Alberto Fernández no puede aplicar

Mientras se discute sobre la efectividad de los controles de precios, hay ejemplos de países en los que fueron efectivos. La diferencia con la Argentina es que implementaron en el marco de reformas estructurales pro mercado. Israel es un ejemplo. Logró pasar de hiperinflación a la estabilidad

Horacio Alonso

Horacio Alonso

Argentina aplica desde hoy un nuevo control de precios, una medida que se repite cíclicamente y que no logró resultados satisfactorios, a lo largo de la historia, en la batalla contra la inflación en el país. Hay fuertes discusiones entre especialistas a favor o en contra de esta herramienta. Para algunos es la salvación mientras que para otros carece de efectividad.

Sin embargo, hay ejemplos de países que la utilizaron y pudieron vencer el flagelo de los aumentos de precios. La diferencia fundamental que se percibe en la comparación es que el Gobierno nacional la impulsa de forma aislada y en un contexto de debilidad política.

En los casos en los que se utilizó y sirvió para reducir el costo de vida se aplicó en el marco de un plan global. Un ejemplo que siempre se cita es el de Israel. Ese país mostraba una situación parecida a la de Argentina, a mediados de los 80, cuando la hiperinflación sacudía su economía.

Un duro programa de estabilización económica con profundas reformas hizo que se pasara de 500% de inflación a sólo 20% en un año para llegar a nivel de 1% o 2%, en la actualidad.

Las diferencias con la estrategia adoptada por el presidente Alberto Fernández respecto a la de Israel son notorias. Tal vez, por eso, los resultados serán diferentes.

En 1985, ante la gravedad de la situación económica, los dos partidos mayoritarios llegaron a un gran acuerdo nacional para llevar adelante la reforma. Con esa fortaleza política, se dispuso un férreo control de precios de una gran cantidad de productos. Se cerraban comercios que no los cumplían y hasta se puso en prisión a algunos empresarios que no cumplieron con lo establecido.

El contraste con lo que se piensa hacer en la Argentina es que, a su vez, se dispuso también se dispuso el congelamiento de salarios, con acuerdo de la central de trabajadores.

El plan consistía en la prohibición de la compra de divisas extranjeras. Se devaluó la moneda local en un 20% y se dispuso la independencia total del Banco Central que aplicó una política de compra de dólares para mantener un esquema de devaluación que asegurara competitividad para las exportaciones.

Para llevar adelante esos cambios, se nombró al reconocido economista liberal, Issac Modaí, a cargo del Ministerio de Economía que lanzó una profunda reforma del Estado para reducir el déficit fiscal que era la causa de la debacle económica. Se privatizaron unas 90 empresas públicas, se redujo la plantilla de empleados estatales a casi la mitad y se eliminó el 50% de las prestaciones sociales de la población.

Otro punto importante fue la implementación de una reforma laboral. La medida fue resistida, al comienzo, pero con el correr de los años logró reducir el desempleo. El Ministerio de Economía centralizó los gastos de todas las dependencias públicas y cualquier erogación debía ser aprobada por esa cartera. Se tercerizaron numerosas actividades que realizaban los municipios, como la recolección de basura.

A lo largo de los años, Israel mantuvo la base de estas políticas, con una combinación entre medidas liberales y controles. El resultado es que la inflación dejo ser un problema desde hace tiempo y la economía transita una etapa de crecimiento.

La medida del Gobierno nacional de controlar los precios se aplica de forma aislada. Mientras se quiere disponer este congelamiento, se están abriendo las paritarias para reajustar los salarios, se aumenta el gasto público de forma desmedida, se mantiene rigidez laboral, entre otros factores que van en camino contrario. Todo impulsado por un frente, comandado por Cristina Fernández de Kirchner, que hacen imposible reformas como las implementadas por Israel.

A esto se suma la pérdida de capital político que quedó reflejado en los resultados de las PASO que hace impensado un real acuerdo con la oposición. Las chances de que el control de precio funcione, en estas condiciones, son mínimas. La posibilidad de que sea efectivo requiere del un plan integral que Alberto Fernández no parece estar en condiciones de aplicar.

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