Fertilidad

Historia de esperanza: fue mamá después de diez años de tratamiento

Ella casi no menstruaba y a su pareja le descubrieron un problema genético. Las vueltas que dio esta pareja de pocos recursos para conseguir tener un hijo, dentro del sistema público de salud, en Mendoza.

Anabel González Ocáterli
Anabel González Ocáterli domingo, 2 de julio de 2023 · 09:00 hs
Historia de esperanza: fue mamá después de diez años de tratamiento
La lucha de dos mendocinos por ser padres. Foto: Gentileza

Hace unos días nació Álvaro Isaiah Cantos Fernández. Debe ser uno de los bebés más esperados del país. Su mamá, Sthefanía Fernández enfrentó durante diez años todo tipo de tratamientos de fertilidad. Ella casi no menstruaba (su diagnóstico fue síndrome de ovario poliquístico) y a su pareja, Mauricio Cantos, le descubrieron un problema genético. Con muy pocos recursos, se esforzaron al máximo para concebir a una criatura dentro del sistema público de salud en Mendoza.

A los 20 años, Sthefanía recibió el diagnóstico y se dio cuenta de que quedar embarazada sería un desafío. Junto con el doctor Gassibe, en el Hopital Central, comenzaron una odisea de nueve años, que incluyó estudios dolorosos, cirugías, un aborto espontáneo y numerosos intentos fallidos.

En pocas semanas será mamá.

Ley de reproducción asistida

Mauricio se dedica al mantenimiento domiciliario por cuenta propia. Sthefanía cuida a personas mayores en el barrio La Favorita, donde ambos viven. De modo que al iniciar este camino ninguno de los dos tenía obra social, solo les quedaba la buena voluntad del Hospital Central. Pero allí todavía no existía la sección de Fertilidad. Todo se conseguía con favores y donaciones. 

Así, en el primer tratamiento de estímulo con relaciones programadas, debía realizarse ecografías día por medio, pero en el Central había que sacar turno un mes antes. Así que Sthefi debía esperar horas hasta que el ecógrafo se desocupara. También se generaban vínculos con pacientes que tenían los fármacos necesarios porque contaban con obra social. Hasta que por el tratamiento sufrió una hiperestimulación ovárica. Como ese día no atendía su doctor y en la guardia no había ginecólogo, la mandaron al hospital Lagomaggiore, que tiene la maternidad más grande de Mendoza.

Un aborto y más intentos 

En Sthefi 2017 quedó embarazada por primera vez, a través de una inseminación que le practicaron con espermas de su marido, en el mismo hospital. Pero tuvo un aborto espontáneo. En esa instancia la joven había subido mucho de peso. Tenía resistencia a la insulina e hipotiroidismo, que es propio del sindrome de ovario poliquístico. De modo que también fue una de las primeras en ser operada del estómago, con la manga gástrica, en el Central. Pero la operación se complicó. Tuvo una fístula (una conexión anormal entre dos partes del cuerpo), perdió líquido del estómago y por eso sufrió un paro respiratorio. Después de eso perdió 46 kilos y fue sometida a dos inseminaciones más, que tampoco resultaron exitosas.

El día de la punción. Cuando le extrajeron los óvulos para la inseminación in vitro.

Cuando las otras formas no funcionan, la última opción es un tratamiento que llaman "de alta complejidad": inseminación in vitro, con transferencia de embriones. La pareja del barrio La Favorita comenzó con los trámites para acceder al serivio que el Hospital Central terceriza. Pero pasó un año sin avances y llegó el 2020, cuando el sistema sanitario saturado por pandemia. 

En ese tiempo Mauricio y Sthefanía decidieron tomar el camino de la adopción, pero no resultó.  Entonces su médico de cabecera les sugirió que vieran la posibilidad de contratar una medicina prepaga. Previo un recurso ante la Superintendencia de servicios de Salud, ingresó a OSDE. Allí tuvo que realizarse otra vez todos los estudios (algunos muy dolorosos, como la histerosalpingografía) que confirmaron su infertilidad, además de un problema genético en el cromosoma X de Mauricio. La hipótesis que manejaban los médicos era que Sthefi había perdido fetos masculinos (cromosomas XY) y que sería posible que un embarazo avanzara con un feto femenino (cromosomas XX).

Después de dos años, fertilizaron tres óvulos invitro y le transfirieron uno. Pero, “cuando el resultado dio negativo, se me vino una mochila encima. El gasto era enorme, empezamos pagando $5.000 por mes y ya estábamos pagando $35.000 de cuota. Mauricio quería seguir, pero yo no daba más”. Además, la empresa de salud tampoco cubría todos los medicamentos al 100%, ni los estudios. Por mes, llegaron a desembolsar $60 mil pesos, con un enorme sacrificio y sin resultados. 

“Yo ya estaba colapsada. 'No tengo más plata', le dije al doctor”, cuenta Stefi. Se había dado por vencida. Después de nueve años, decidió colgar la toalla: "Un tratamiento de fertilidad es como poner en pausa tu vida”.  Pero a las pocas semanas, en noviembre del año pasado se enfermó de coronavirus. Le dio muy fuerte. Había pasado un mes y seguía teniendo mocos, mareos y el estómago resentido por vómitos. Al final sacó turno con un médico clínico. Un día antes de ir le pidió a Mauricio que le comprara un test de embarazo, solo para evitar la ilusión y el bajón que siempre venía después. “No quiero que me vuelvan a decir que puedo estar embarazada y no quiero que me vuelvan a pinchar más, estoy podrida de las agujas”, le dijo al marido.  

La primera ecografía, mostró el feto implantado.

Ese día, muy temprano, se hizo el test y dio positivo. Empezó a gritar y Mauricio saltó de la cama. Seguía pensando que podía ser una ilusión. “Tengo tanta mala suerte , que por el COVID me dio cáncer”, dijo Sthefi, porque entre tanto que había estudiado sobre infertilidad, una vez leyó que un tipo de cáncer puede dar resultado positivo en el test. En la sección de Fertilidad le hicieron una ecografía. Allí confirmaron: embrión de 7 semanas y media bien implantado. 

Al día de hoy no se sabe cómo fue que se dio este embarazo natural. "Algo de todo lo que tocamos funcionó", dijo el médico. Sthefi transitó el embarazo, con los mismos miedos que suele tener cualquier madre primeriza. También con la esperanza de que esta gestación llegara a término.

Sthefi y Mauri, el día del baby shower.

El 21 de junio nació al fin Álvaro Isaiah Cantos Fernández, en el hospital Paroissien, de Maipú. Se adelantó unos días a la cesárea programada. Ya está en casa con sus padres y en muy buen estado de salud.

La mano de Álvaro y la de su mamá.
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