Canciones de amor que superan cualquier grieta, 30 años después

Canciones de amor que superan cualquier grieta, 30 años después

Fito Páez canta "El amor después del amor", tres décadas después del estreno. Nostalgia y vivencias de una época. Con más dolores de espalda, panza pero con la misma esencia.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

picardi@mdzol.com

Entrar a un recital ya no es lo mismo. No porque haya cambiado la música, los expertos se encargarán de analizarlo, pero 30 años después algunas cosas cambiaron en los cuerpos. En aquel otoño de 1992, con menos de 1,60 de altura todo parecía gigante. Cuerpos apretados, calor, excitación y aturdimiento. Hoy, en 2022, con algunos centímetros más, dolores de espalda y la atención más diversificada que en aquella adolescencia de pocas responsabilidades, el foco y las energías son distintas; en apariencia.

La escena se parece más a la de El Mundo según Wayne. Pases preferenciales, butacas acolchadas y hasta comida; sí es un recital de rock, pero hay comida, tragos y comodidad. Fito Páez sale a escena como aquella vez. Suena El amor después del amor, la frase que ilustra el disco que marcó a una generación y que de manera inquisitiva aún interpela a las parejas. Piel de gallina, como aquella vez.

No está Claudia Puyó para endulzar todo. En su lugar canta EME, Mariela Vitale, una chica que hace 30 años era apenas una niña. Pero tranquilos, en un par de temas subirá al escenario Fabiana Cantilo, quien hará que la nostalgia sea completa. Ella es la mujer homenajeada durante toda la noche. Ella en nombre de todas las mujeres.

Menos de un minuto después ya no importa el catering, las butacas y el dolor de espalda (al menos por un rato).  Por suerte tampoco importa la estupidez de pensar si el artista que está sobre el escenario piensa de tal o cual forma porque el arte está por encima. Fito habla de amor esta noche, solo de amor. “Había dejado de escucharlo”, dice una mujer sub ’50 con algún arrepentimiento por el tiempo perdido.

Todo es emoción; más allá de la belleza que tienen las canciones de Fito. Quizá dentro de 30 años los adolescentes que escuchan a Wos, a Paulo Londra y la larga lista de cantantes populares que hoy no tienen dolor de espalda vivirán lo mismo. Tiene que ver con esa propiedad que tiene la música de marcar a las personas; de penetrar en la piel y en el alma. La música, además de un arte, genera vivencias, emociones y recuerdos que van más allá de los gustos. El Amor después del Amor, de Fito Páez, tiene eso para quienes crecieron en los ’90. Por eso el recuerdo de las tres décadas es mucho más que el pasaje por un disco (uno de los más vendidos y pirateados de la historia), sino también de una época en la que el rock ilustraba con sus letras que en el amor, por ejemplo, algunas veces es mejor tomar el camino largo, de ida y vuelta.  

El recital tiene algunos viajes al futuro desde 1992 hasta entrados los 2000 con canciones menos arraigadas a nuestras lágrimas. Pero funciona. El recuerdo al flaco Spinetta y una frase que saca un suspiro doloroso, como el grito de un gol errado en la cancha: “Hoy casi viene Charly”, dice Fito.

El hombre de rulos se cambia la ropa; se sorprende por hacer su cuarto concierto con 59 años. A su lado no está Gabriel Carámbula y en su lugar hay un virtuoso centennial (Juani Agüero) que tiene toda la energía que a los nacidos antes de los '80 nos falta. El repertorio avanza a dúo; Fito y el público. Pero las canciones suenan como un secreto dicho al oído; tienen ese efecto cercano, cálido y tierno. Fito recuerda que nada es mejor que escribirle a un amor y no tener vergüenza de ofrecer el corazón.

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